jueves, 2 de septiembre de 2010

Cómics que me gustan: En busca del unicornio

Título: En busca del unicornio
Guión: Emilio Ruiz, sobre una novela de Juan Eslava Galán del mismo título.
Dibujos: Ana Miralles.
Editorial: Glénat, 1997-1999.
Encuadernación: 3 vols, en rústica, de 48 pag. cada uno.

Los paraísos perdidos
Esta serie vino a mis manos en  una época que podríamos llamar de transición en mi vida: llegaba a su fin mi período de formación académica que inicié a los 5 años en "Parvulitos" (que luego seguí con las desparecidas EGB, BUP y COU, a lo que se uniría mi etapa universitaria de primer y segundo ciclo, unas fases formativas que ya sólo existen en la historia hoy día y en mi curriculum vitae), y daba mis primeros pasos en un mundo laboral, que ahora mismo, parece tambalearse bajo mis pies (¿en qué acabará esto?...). Imagino que me interesé por este cómic porque hubo una época en la que decir "Publicado por Glénat" era sinónimo de calidad. Este punto, al igual que los anteriores, también ha pasado, desgraciadamente, a la historia.

Recuerdo que el último de los tres volúmenes lo compré en un caluroso mes de julio de 2000 apenas dos días antes de abandonar una beca en Granada para incorporarme al trabajo que hoy día disfruto, fue el último cómic que compré en mi anterior vida pre-laboral (sé el dato del día de la compra por la información que pongo en el Ex-Libris y del que hablaré en otra ocasión). Además, lo compré en una tienda que ya no existe, la librería "Flash" especializada en cómics, que se situaba en la Plaza de la Trinidad, en pleno centro histórico de la capital granadina, en un entorno de gran belleza cerca de la catedral. Para mí, decir "Librería Flash" es hablar del "Sancta Santorum" aplicado al mundo comiquero. El lugar más sagrado y que guarda el gran misterio. Allí nació mi pasión, o más bien, resucitó (por seguir con los símiles religiosos). "Flash" tenía dos locales en Granada, de los cuales sólo queda, hoy día, uno. Uno de ellos es el que he comentado al lado de la Catedral. El otro, estaba situado tambien en el centro (yo creo que casi toda Granada es centro) al final de la estrecha calle San Antón, en unas tiendas ubicadas en unos soportales, que como tales, eran oscuros; como oscura era la tienda, claro. Porque los lugares sagrados siempre son oscuros y llenos de recovecos para hacerlo todo más misterioso; y de no fácil localización, que tampoco se van a poner las cosas fáciles. Esta tienda de la calle San Antón fue la primera noticia que tuve yo en la vida de que existían cosas parecidas a librerías especializadas donde se vendían única y exclusivamente cómics. Verla fue para mí algo parecido a la Anunciación a María: "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo". Y de repente supe que tenía una misión que cumplir en vida.


"No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin". El texto es de la Biblia, Lucas, 30-33 y la foto del Google Street View. Me encanta mezclar tradición y modernidad, leche.


Si la tienda de la Plaza de la Trinidad es el Sancta Santorum, la situada en los soportales de la calle San Antón es como el portal de Belén donde nació Jesus: el origen de toda una leyenda que vino despúes. No recuerdo exactamente cuando la ví por primera vez. Creo que fue una tarde cuando, acompañado de otros dos compañeros de piso, fuimos a la casa del familiar de uno de ellos (casa que estaba al lado del local de la tienda, el portal que está más a la izquierda de la foto) a buscar un sofá viejo, sofá al que faltaba el asiento, pero eso nos daba igual; ya que en la vida de cualquier estudiante sin posibles, siempre ha habido una época en la que el estado de un mueble no es obstáculo para recogerlo y llevarlo a casa. Total, si con un cacho de gomaespuma cualquiera ya se solucionaba el asunto del asiento, ¿no? Lo que si recuerdo es entrar a la tienda a ver lo que había y preguntar por cómics de Moebius, que molaba mucho el nombre y estaba de moda. Cada vez que entraba allí seguía el mismo ritual: como no tenía ni puta idea de por donde empezar, siempre preguntaba lo mismo "¿Tenéis cómics de Moebius?". El dependiente, que luego abrió otra tienda especializada en cómics para hacerle la competencia a su jefe, me indicaba una balda. Yo me iba directo a ella, cogia el primer cómic que tenía más a mano, lo ojeaba como si pareciera que supiera lo que hacía y al ver el precio me asustaba y lo volvía a dejar en el mismo sitio. Porque ojo, los cómics nunca han sido baratos, y mucho menos para un estudiante fuera de su casa. Un día me animé a comprar dos cómics que me trasportaban a mi etapa de lectura comiquera de la infancia en el colegio: "El caballo de hierro" y "El hombre del puño de acero", de la colección de "El teniente Blueberry" y resulta que ninguno de los dos estaban dibujados por Moebius (o eso creía yo) sino por un tio que se llamaba "Giraud" y que, mira tú por donde, un poco después descubrí que era el Alter Ego de Moebius (o viceversa). Después vinieron los dos primeros cómics de Tintín que compraba ("El secreto del Unicornio" y "El tesoro de Rackham el Rojo") y poco a poco, mi colección iba tomando forma.

En cuanto a la librería de la Plaza de la Trinidad, también tiene su historia. Imagino que la conocí tiempo después, pero no recuerdo cuándo. El caso es que durante mi última étapa de formación universitaria inútil en la capital Granadina, sustituyó casi por completo a la otra tienda en cuanto al suministro comiqueril. Me pillaba cerca de la casa de mi churri (que con el tiempo se convertiría en mi Señora) y entre que voy y vengo, que entro y que salgo, pasaba por su puerta, o más bien por su escaparate, y me informaba de cuáles eran las últimas novedades editoriales. Luego, metía la mano en el bosillo, veía el dinero que me quedaba, y según miraba lo que había expuesto me iba por donde había venido porque no tenía un duro para comprar lo que quería. En aquella época donde no había internet (o por lo menos no era fácil encontrar sitios donde conectarse) y yo no compraba ningún tipo de publicación periódica sobre cómics (en un tiempo donde aún existían revistas de cómic) era mi único medio de información sobre el mundo de los tebeos. Siempre que pasaba por delante de aquella tienda, y fueron cientos de veces, me paraba a mirar en su expositor, fuera la hora que fuera, de día o de noche, hiciera sol o lloviera. Acto seguido me comía con patatas el deseo de comprar cualquier cosa.


Ninguno de esos soy yo, pero básicamente son las mismas sensaciones

La tienda hacía esquina, y el expositor de los cómics se encontraba por la parte menos noble de la plaza: un pequeño callejón, terminado en escalera, que iba a desembocar en otra pequeña plaza aledaña a la catedral, donde en aquellos tiempos míos universitarios había una tienda dedicada por completo a las especias, que perfumaba sus alrededores con aquella mezcla de olores tan característica, pues las mercancias se exponian al aire libre en pequeños sacos repletos de toda clase de hierbas y preparados, válidos tanto para la cocina como para sanar casi todo tipo de mal o dolencia. Y es que Granada es mucha Granada, ojo. Por otra parte, y si había habido suerte la noche anterior, a la mañana siguiente, camino de la Facultad para coger el abarrotadísimo "Numero 8" (joder, que en el transporte de ganado se viajaba mejor que en los autobuses que subían al Campus Universitario de Cartuja de la UGR) y aún muy temprano, muy temprano, mientras regaban las calles al salir el sol, también me paraba a mirar lo que había, como si por la noche un duende mágico hubiera puesto cómics nuevos después de que se cerrara la tienda y yo pasara por allí la noche anterior, apenas unas horas antes. Era casi un ritual.


El callejón. Al fondo la Plaza de la Trinidad. A la derecha, el escaparate, aunque no se distingue si en él hay libros o bolsos.

Como he dicho antes, la tienda de cómics de la Plaza de la Trinidad ya no existe.

En un viaje reciente, y paseando por las calles que en su día me eran muy familiares, y que ahora ya no conozco, y ni son las mismas, a pesar de que el entorno parece sí serlo, descubrí que lo que antes era un local para mí indispensable, se había convertido en una impersonal y rutinaria tienda de bolsos de una franquicia. ¡Qué tremenda desilusión sentí al ver aquéllo! ¿Pero cómo había permitido aquella salvajada el alcalde? Y es que en 14 años muchas cosas cambian, claro. Y no digamos nada una ciudad que está viva y se transforma. De repente una parte de mí ya sólo existía en mi memoria y eran sólo recuerdos; lo que en otros tiempos formó parte casi indisoluble de mi vida, ya no existía. Algo parecido le ocurrió al protagonista de este cómic, Juan de Olid cuando, despues de cumplir lealmente una misión (un capricho de un rey, en realidad) que duró veintitantos años, vuelve al mundo al que pertenecía, para descubrir que ya no es el mismo (ni él mismo, ni su mundo), que todo lo que conocía ha desaparecido y que ya nadie le espera.


La única foto que he logrado encontrar por ahí con una imagen de la Librería Flash de la Plaza de la Trinidad. A la izquierda puede verse, mínimamente, el cartel. También ha desaparecido la cafetería que había enfrente, por donde pasa el tipo ese con una mochila. Seguro que el camarero se hartó de verme parado delante del escaparate día tras día

¿Por qué me gusta?
"A finales del siglo XV, una expedición castellana parte hacia "el país de los negros" por orden del rey Enrique IV, conocido como "el impotente", con el secreto objetivo de encontrar un cuerno de unicornio que se suponía aumentaba la virilidad.
Comandada por Juan de Olid y formada por cuarenta ballesteros, un mayordomo, un fraile y su ayudante, un experto en lenguas, un físico "de las llagas" y una doncella virgen con sus criadas, la expedición parte de Sevilla en 1471 con un destino desconocido en el corazón de África.
La aventura se prolongará mucho más allá de lo previsto, y, lo que es peor, el unicornio no aparece por ninguna parte.
Horizonte tras horizonte buscan sin cesar un espejismo. Abriendo camino, a fuerza de brazos, descubren extrañas culturas.
El tiempo va diluyendo los rostros en la memoria. El amor abrasa en los pechos de los soldados, el deber enfría sus más turbios deseos..."

Uso el texto de promoción que lleva el tercer volumen en su contraportada para que os hagáis una idea de qué va. Ya que en su día  los de la editorial se molestaron en hacer un resumen de la historia, qué mejor que aprovecharse de la idea. En realidad este cómic (hablo de él de una forma unitaria, pero recuerdo que son 3 volúmenes), no destaca en nada en especial (excepto por la fuerza de la historia que cuenta), aunque he de reconocer que está hecho con buen oficio y mejor gusto y que, como cualquier adaptación inter-medio, siempre hay carencias y debilidades, quedándose detalles y sutilezas por el camino. Y es que en cualquier adaptación, se produce lo que algunos expertos llaman "transfert narrativo" pues siempre hay una "migración de motivos narrativos" que afecta de forma rotunda a la obra. Y éste no iba a ser una excepción, ya que el cómic está basado en el libro del mismo título escrito por Juan Eslava Galán y que ganó el famosísimo Premio Planeta en 1987. El título de cada uno de los 3 volúmenes del cómic, publicado entre 1997 y 1999 son:

- La herida y el bálsamo.
- Los herreros blancos.
- Finis Africae.

Son de la época en la que las transacciones comerciales se realizaban en pesetas y hoy día están completamente descatalogados y es imposible encontrarlos a no ser que se recurra al mercado de segunda mano. Algún día hablaré un poco de mi experiencia en estos casos, porque la compra de cómics tiene también sus pequeños secretos.

Bien, vamos por partes y vamos a hablar del cómic, que ya va tocando.

El dibujo está a cargo de una inspirada y casi primeriza Ana Miralles, que aún guarda ciertas influencias del dibujante italiano Milo Manara (sobre todo la portada del volumen 1). Es un dibujo de estilo realista aunque sin entrar en detalles, usando la linea clara y elegante para el contorno de las figuras y dándoles color (quizá la paleta de colores escogida no sea la más adecuada) mediante el uso del pincel con las acuarelas. Para mí resulta una combinación muy atractiva, aunque no sé hasta que punto es un tipo de dibujo apropiado para la historia, pero bueno, el caso es que más o menos cumple su función a la perfección. Y como suelo tener especial querencia por cómics de tipo histórico que representen de forma más o menos documentada la arquitectura, costumbres y en general el entorno en que se desarrolla la historia, pues creo que en eso la autora cumple con creces.

En cuanto al guión, pues lo ya comentado. Tiene ciertas carencias propias de adaptar una novela en toda su extensión a un cómic de únicamente 3 volúmenes de 48 páginas cada uno. Tengo la impresión de que la idea inicial de los autores era desarrollar la historia en 5 o más, pero que por motivos editoriales (imagino que las bajas ventas) les obligaron a recortar el espacio disponible. Y es que el mundo del cómic comparte una de sus miserias con la de las series de TV: si tiene exito, puede alargarse la historia lo que haga falta; pero si no se tiene, hay que acortarla para ir atando cabos lo mejor posible. Y a veces, ha de hacerse de forma tan apresurada, que el conjunto se resiente. Es en el tercer volumen donde se notan estas prisas por acabar: si en el primer y segundo tomo la historia se desarrolla pausadamente, poco a poco, en el tercero empiezan a aparecer los textos de apoyo para acelerar la narración y las diferentes etapas de la expedición de Juan de Olid van sucediéndose una tras otra sin apenas descanso. Y lo que es peor: a veces las prisas traen errores: si hasta este momento la historia fluía linealmente hacia adelante, en el sentido de que la expedición avanza a la par que nuestra lectura; por alguna razón los autores deciden introducir en la página 22 del tercer volúmen, cuando se llega al climax principal de la historia, un elemento nuevo, y lo hacen de forma tal, que producen confusión al lector, que no se da cuenta del nuevo entorno narrativo hasta varias páginas más tarde. Y es que de repente la historia pierde esa linealidad temporal para convertirse, sin razón aparente, en contada a la manera de flashbacks narrativos, para luego, unas páginas más adelante, volver a recuperar su linealidad original.

Uno se podría preguntar que cómo es que un cómic del cual apenas he dicho nada bueno, pueda referenciarlo aquí como "Cómics que me gustan", pero es que la historia tiene una fuerza tal que me atrajo desde un primer momento. De hecho, si el tercer volumen me lo compré justo antes de venir a Madrid, el libro en el cual está basado el cómic fue el primer y único préstamo que hasta ahora he hecho como lector usuario de las Bibliotecas Municipales de Madrid, apenas unos meses despues de dicha compra. No me acuerdo de la lectura del libro en detalles, pues de aquello han pasado ya 10 años, o de si el cómic le es fiel o no, pero lo que sí recuerdo es que en el cómic se perdían algunos matices que sí existían en el libro.

- La fuerza del amor dejado atrás y la esperanza de su recuperación como fuerza motora e impulsora vital. En un momento del viaje Juan de Olid ha de dejar a la persona que ama, con la promesa de volver a encontrarse. Esta promesa, y el recuerdo de su amor, le dan la fuerza que necesita para llevar a cabo la empresa que se le ha encomendado. Casi al final, cuando Juan realiza el camino de vuelta, descubre no sólo que ella le esperó durante un tiempo y que terminó casándose con otro iniciando una nueva vida, sino que poco tiempo despues de su marcha ella moría durante un parto. Juan se da cuenta de que en realidad, su amor fue un sueño con triste final: es un amor perdido no una vez, sino varias veces, lo que es aún más terrible. Como perdido fue tambien el tiempo que el pasó pensando en ella, y las cosas que dejo atrás con la esperanza de volver a tenerla.

- El discurrir del tiempo. La expedición se alarga demasiado en el tiempo y en el cómic no se es consciente de ello hasta bien entrado el tercer volumen, donde se nos habla, en un momento concreto, de que los expedicionarios han partido 17 años atrás. El lector es consciente de que el tiempo pasa, evidentemente, pero no hay elementos que ayuden a comprender la dimensión real de la aventura. Sobre todo porque a la vuelta, hay que comprender la verdadera y terrible realidad con la que se encuentra el protagonista: todo ha cambiado, nada es igual y a él, ya no le espera nada ni nadie. Y lo que es peor: a lo largo de los veintitantos años que dura su misión, ha dejado atrás infinitas posibilidades de ser feliz, innumerables paraísos perdidos que ya nunca recuperará; oportunidades que va perdiendo en pos de una misión que se le ha encomendado y que él llevará a su fin, hasta las últimas consecuencias.

- El deterioro físico y psicológico del protagonista. Aunque en el cómic vamos viendo este desgaste físico y cómo afectan el paso del tiempo y las terribles penalidades que sufre Juan de Olid, éste al final sigue teniendo un aspecto más o menos lozano. Sin embargo, en la novela se dan algunos párrafos que nos indican claramente esta transformación física de forma muy directa:

Y en estas ensoñaciones se me entraba la noche y arreciaba el frío y yo levantaba mis punidas carnes del suelo y quedaba sentado y miraba por mis manos llenas de pellejos y asperezas y cicatrices y mesaba mis barbas ásperas y ya grises y blancas y mi cabeza que se iba despoblando de cabellos y mi boca que se iba deshabitando de dientes. Y me palpaba los brazos y las piernas, menos fuertes que antes, y temía que el país de los negros fuera la tumba de mis sueños y el enterramiento de mi juventud, que ya lo estaba siendo. Y con esto, sin perder mis esperanzas, mas temeroso del incierto mañana, me ponía en pie y me iba volviendo despacio a donde las chozas estaban.


Y mascábamos malamente algunas yerbas y frutos y raíces que ya sabíamos distinguir. Y con las privaciones y quebrantos otra vez íbamos enflaqueciendo y perdiendo de nuestras carnes. Y en estos días anduve aquejado de un mal del que se me movieron los dientes que me quedaban, que eran pocos y podridos y enfermos, con lo que a los pocos días los acabé de perder.
Ese deterioro no sólo es aplicable a la persona del protagonista, sino al grupo en general, que compone la expedición: durante el viaje numerosas son las bajas producidas bien por las batallas en las que deben actúar como mercenarios para seguir con la misión inicial encomendada, bien por las penalidades del viaje en forma de hambre o enfermedades, e incluso también por la deserción de alguno de sus miembros. También habrá casos de miembros que dejan el grupo por voluntad propia y con la aceptación de su capitán al quedarse sin funciones dentro de la expedición. Tanto unos (desertores) como otros (bajas voluntarias), nos enteraremos después, han logrado la prosperidad que, tantas veces, Juan de Olid dejó pasar por delante de él, por culpa de su honor y de la palabra dada. De Castilla salió un gran grupo de hombres jóvenes, fuertes y valerosos, en olor de multitudes, rodeado de lujos y vítores, y vuelve, más de veinte años después, un hombre solo, mutilado y olvidado por todos.

La verdad es que la historia tiene una serie de elementos que provocan que cada vez que leo el cómic se me quede mal cuerpo: sobre todo porque el final es terrible y la soledad completa.

- Juan deja atrás su vida casi regalada siendo la persona de confianza y criado del Condestable de Castilla, para convertirse en un mutilado que se queda solo en un mundo que ya no es el suyo. Y todo por el capricho de un rey que le manda a buscar un cuerno de unicornio para curar su impotencia; rey que, además, muere poco tiempo después de la marcha de la expedición, lo que le otorga a toda la empresa un nuevo barniz de inutilidad y absurdez: la de batallas que libraron bajo el grito de "por Enrique, por Castilla". Esta forma que tiene el poderoso de jugar con la vida de sus vasallos es un tema que me pone especialmente de mala leche, y que es algo que también está presente en la película "Largo domingo de noviazgo" o en otros cómics como "Puta guerra" y "Guerra de trincheras", ambas obras de Tardi que tratan de la Primera Guerra Mundial (al igual que la peli de Jeunet). Imagino que los ejemplos son muchos, y aquí no es lugar de hacer un recorrido completo por ellos.

-  A uno le queda la idea de que siendo honrado y cumpliendo con lo prometido no se prospera en la vida. Y es que eso le pasa a Juan de Olid durante toda la historia. Muchos de los que se fueron quedando por el camino, fueron buscando y encontrando  la fortuna, desde grandes amigos suyos a sus mas temibles enemigos.

- La hazaña me recuerda a otras dos aventuras similares en donde se exploran territorios por descubrir, y de hecho tiene semejanzas con ambas. Una de ellas la conocen todos, el descubrimiento de América por Cristóbal Colón (de hecho en un momento dado Juan se cruza con el almirante). La otra historia con la que comparte elementos (Juan pasa por Tombuctú) es otra menos conocida y es la conquista en 1591 del gran imperio Songhay en Mali, cuya capital esta en Tombuctú precisamente, por parte de un ilustre paisano (de Fondo de Bikini) y antecesor mio, un morisco llamado Yuder Pachá, y cuya gran y espectacular gesta, desconocida por casi todos en España, debería pasar a la historia. Sobre este tema ya preparé algún post, porque la verdad es que es muy interesante: hay que tener en cuenta que fueron los primeros occidentales que cruzaron el Sahara con armas de fuego y, aún hoy, en aquellas lejanas tierras, hay descendientes nuestros que hablan una jerga parecida a la nuestra.

En fin, que fueron muchos los elementos de la historia que me resultaron muy interesantes y, años después de leer el libro y el cómic, en un viaje que realicé por motivos laborales a Barcelona, encontré en una librería de segunda mano el libro, que es la edición que siempre he visto de la novela, y me hice con ella. No es un libro relativamente difícil de encontrar, pero tengo la impresión de que cuando ganó el Premio Planeta, éste no tenía la repercusión que tiene hoy día, o por lo menos la novela pasó algo más desapercibida que otras que han recibido dicho galardón. Yo desde luego recomiendo su lectura.
El recorrido completo de la expedición que busca el unicornio según una ilustración del cómic

5 comentarios:

Manji dijo...

Muy buen análisis, amigo! Me leí el libro hace tiempo y ayer me enteré de que había un cómic. Lástima que sea imposible de encontrar hoy en día.

Calamardo dijo...

Gracias Manji por pasarte por aqui y dejar un comentario. Gracias tambien por haber dedicado parte de tu tiempo en leer mi reseña.

El cómic es prácticamente imposible de encontrar, y no creo que se reedite. Es una pena, porque en definitiva esta bien hecho.

Un saludo

Anónimo dijo...

Hola.
Llegué aquí mediante google, buscando una reseña del cómic, y me encuentro un relato sobre las librería Flash. Una historia que podría ser la mía. Llegué a Granada a finales del los años noventa del siglo pasado, y la dejé (aunque ella no me dejó nunca) a principios del presente.

Mi descubrimiento de la librería de San Antón fue parecido, aunque tenía referencias gracias a la publicidad de algunas revistas. La primera vez que puse el pie en ella me gasté 5000 pesetas den comics. Un dineral en aquel entonces. Después conocí la de la Plaza de la Trinidad. Y un poco más adelante encontré la librería Dune, a la que haces referencia. Antes de que el dependiente de la Flash se hiciera cargo de ella.

En San Antón conseguí algunos volúmenes descatalogados que editó Toutain. Y por culpa de no tener más dienro no pude hacerme con todo lo que me interesaba. Allí conocí realmente a Moebius, a Richard Corben y a muchos más.

Por cierto: yo también sufrí las aglomeraciones del número 8 (y del C) que subía a Cartuja, ya que también daba clases allí.
La semana que viene viajo a Granada. Recorreré las calles y echaré en falta este o aquel comercio (cada vez que vuelvo pasa: alguno ha desaparecido). La ciudad cambia poco a poco y cada vez la conoces menos. Ya no hay cibers, que tan populares fueron hace unos 10 años, y que tanto frecuentamos. Pasaré por delante de los portales de los pisos donde vivían mis amigos. Ninguno sigue allí. Le echaré un ojo a mis recuerdos, a una vida pasada que añoro mucho y que se ha perdido.

¿Recuerdas cuando los paseíllos del campues de Fuentenueva estaba abiertos todo el día? Ahora los cierran a las 9 de la noche. Desde luego una era se terminó.

Calamardo dijo...

>>Pasaré por delante de los portales de los pisos donde vivían mis amigos. Ninguno sigue allí.

Muy bien explicado, es justo la sensacion que tengo cuando he vuelto a Granada. Desde luego tu y yo hemos tenido vivencias similares, y creo que las sensaciones que nos han quedado despues, y los recuerdos de Granada, son tambien identicos.

A los que añoramos aquella epoca, solo nos queda con consolarnos pensando que hemos tenido la gran suerte de vivirla. Pero desde luego, se ha perdido para siempre.

Un saludo y gracias por pasarte por aqui y comentar.

Anónimo dijo...

De vuelta de Granada.

http://www.youtube.com/watch?v=ySs6c07kfDs