Hace meses vi este vídeo musical (de un grupo que no conocía llamado The avalanches) y cuando terminó sentí esa sensación que se tiene a veces cuando estás delante de una creación especial, en donde notas que la gente que estuvo en su día detrás de su realización estaban en estado de gracia y que recibieron la visita de Erato, Euterpe y Terpsícore, musas de la poesía lírica, de la música y de la danza, respectivamente (según la tradición griega). Musas a las que habría que añadir a Beta, que es la musa provisional (de ahí lo de Beta) que yo he puesto para las artes del vídeo (aquí lo de Beta también está bien traído, ¡toma!) y que en época de los sabios griegos no existía, obviamente.
Me gusta lo que cuenta y cómo lo cuenta e incluso ese ritmillo hipnótico de la canción (en realidad está todo el rato diciendo lo mismo, pero no eres consciente de ello realmente) que ayuda a que te quedes pegado a la pantalla, babeando sin pestañear. Por lo menos a mí me pasó cuando lo ví por primera vez, y me pasa siempre que lo veo: me quedo pillado. Es la unión perfecta de imagen y música, la circunferencia perfecta, el ying y el yang, como el pan con Nocilla, no hay nada mejor.
La explicación real de lo que cuenta el vídeo la tenemos al finalizar la canción, y son precisamente esos pocos segundos los que le dan la dimensión real a esta maravillosa historia sobrenatural que sus autores nos han contado en sólo cinco minutos. Además, gracias a esta explicación final te dan ganas de volver a verlo de nuevo.
Siempre que en la tele dan alguna noticia triste de mineros que se han quedado atrapados en la mina me acuerdo de "Since I left you". Ojalá que esos pobres de Nueva zelanda hayan encontrado también su lugar, como uno de los protagonistas de la historia de este videoclip, el cual recomiendo disfrutar con los auriculares puestos:
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jueves, 25 de noviembre de 2010
miércoles, 20 de octubre de 2010
Coge el dinero y corre
Esta mañana he estado en el Senado.
Por cuestiones de trabajo es habitual que me pase por alguno de los "centros de poder" del reino: Congreso de los diputados, Senado, Tribunal Constitucional..., así como otros órganos importantes de primer nivel y organismos oficiales autonómicos. En todos ellos las medidas de seguridad son, evidentemente, muy grandes y para evitarme problemas siempre suelo hacer lo mismo: antes de pasar por los inevitables controles, meto todas las cosas metálicas que lleve en los bolsillos como monedas sueltas, llaves o móvil en el bolso de mi portátil, que es el que pasa por el escáner. Como la cartera donde llevo el dinero tiene como unos botoncitos metálicos, también la meto dentro del maletín del portatil para evitarme engorros. De esta manera yo paso más o menos limpio por el arco de seguridad. Y eso es lo que he hecho, siguiendo mi costumbre, esta mañana para pasar al edificio del Senado.
Una vez que he dado mis datos en el control de policía y los he vuelto a dar, de nuevo, a los conserjes que son los que se encargan de avisar a la persona con la que he quedado (ya que ni siquiera puedo entrar solo) debo esperar en recepción a que salgan a por mí. Como yo iba al departamento de informática, hasta que no han venido a recogerme, no he podido pasar.
Como las cosas que tenía que hacer las he resuelto más o menos rápido, y otras no podía resolverlas yo, cuando hemos terminado me han dicho que les acompañara a tomar café, y dado que yo no tenía dinero encima (las monedas y la cartera con el dinero estaban en el maletín del portátil) le digo:
- Espera que tengo que coger mis cosas.
- No te preocupes, déjalas ahí y luego te pasas a por ellas - me dice el informático.
- Vale, pero es que tengo todo el dinero en el maletín.
- Da igual, hombre, que ya te invito yo.
- Ok, ¿pero este sitio es seguro? - le comento mientras nos echamos unas risas.
Así que subimos a la primera planta donde está el hemiciclo y la cafetería y, en un momento dado, se abren las puertas y empiezan a salir un montón de gente trajeada y encorbatada.
- Hoy hay pleno, - me susurra el informático - todos esos son los senadores.
Y entonces, he empezado a preocuparme de verdad por mi cartera y mi dinero.
Por cuestiones de trabajo es habitual que me pase por alguno de los "centros de poder" del reino: Congreso de los diputados, Senado, Tribunal Constitucional..., así como otros órganos importantes de primer nivel y organismos oficiales autonómicos. En todos ellos las medidas de seguridad son, evidentemente, muy grandes y para evitarme problemas siempre suelo hacer lo mismo: antes de pasar por los inevitables controles, meto todas las cosas metálicas que lleve en los bolsillos como monedas sueltas, llaves o móvil en el bolso de mi portátil, que es el que pasa por el escáner. Como la cartera donde llevo el dinero tiene como unos botoncitos metálicos, también la meto dentro del maletín del portatil para evitarme engorros. De esta manera yo paso más o menos limpio por el arco de seguridad. Y eso es lo que he hecho, siguiendo mi costumbre, esta mañana para pasar al edificio del Senado.
Una vez que he dado mis datos en el control de policía y los he vuelto a dar, de nuevo, a los conserjes que son los que se encargan de avisar a la persona con la que he quedado (ya que ni siquiera puedo entrar solo) debo esperar en recepción a que salgan a por mí. Como yo iba al departamento de informática, hasta que no han venido a recogerme, no he podido pasar.
Como las cosas que tenía que hacer las he resuelto más o menos rápido, y otras no podía resolverlas yo, cuando hemos terminado me han dicho que les acompañara a tomar café, y dado que yo no tenía dinero encima (las monedas y la cartera con el dinero estaban en el maletín del portátil) le digo:
- Espera que tengo que coger mis cosas.
- No te preocupes, déjalas ahí y luego te pasas a por ellas - me dice el informático.
- Vale, pero es que tengo todo el dinero en el maletín.
- Da igual, hombre, que ya te invito yo.
- Ok, ¿pero este sitio es seguro? - le comento mientras nos echamos unas risas.
Así que subimos a la primera planta donde está el hemiciclo y la cafetería y, en un momento dado, se abren las puertas y empiezan a salir un montón de gente trajeada y encorbatada.
- Hoy hay pleno, - me susurra el informático - todos esos son los senadores.
Y entonces, he empezado a preocuparme de verdad por mi cartera y mi dinero.
lunes, 18 de octubre de 2010
Cómics que me gustan: Museum
Título: Museum
Autor: Fernando de Felipe
Editorial: Glénat, 1994
Encuadernación: 1 vol. en cartoné, 48 p.
Coleccionismo: obsesiones enfermizas y manías
Es una realidad el hecho de que ser coleccionista, de lo que sea, conlleva, sin ningún género de dudas, la asunción de una serie de manías. Da igual si coleccionas abanicos, dedales o, como es mi caso, cómics. Como ya he comentado en entradas anteriores (I, II), fue en 1993 cuando inicié la que se podría considerar como mi colección oficial de cómics actual, mas allá de los clásicos tebeos de Mortadelo y Filemón que, más o menos, siempre tuve. El que me toca comentar hoy fue comprado en el lejano año de 1994, es decir, en la temprana época en la que mi colección cabía perfectamente en una o dos baldas de cualquier estantería de tamaño normal. La adquisición se produjo en Granada, e imagino que fue en cualquier día del último cuatrimestre de ese año. A pesar de haber pasado ya 16 años aún recuerdo perfectamente el momento de su compra.
Hay una razón por la cual digo que lo compré en esa fecha, y aquí es donde entra en juego una de mis manías con respecto a mi colección de tebeos. En un momento dado de la historia, cuando mi colección de Mortadelos empezó a crecer, decidí que de alguna forma había que personalizar cada uno de los ejemplares indicando a quién pertenecía. Por aquella época yo dejaba los cómics a mis amigos y de vez en cuando tocaba sufrir para que te los devolvieran, por lo que durante muchísimos años cumplí la máxima: "cómic que entra en casa después de comprado, cómic que ya no sale". Y esa regla ha estado vigente hasta hace bien poco, cuatro o cinco años, cuando en un acto de valentía extrema, volví a dejar un cómic a un amigo del curro que ya no está con nosotros. Bueno, dicho así parece otra cosa, simplemente es que se cambió de trabajo y de ciudad (y estoy seguro, completamente seguro, de que ha pasado a mejor vida, en el mejor sentido de la expresión, porque cuando uno vuelve a su tierra... debe ser la repanocha).
A ver, a lo que voy, que me ando demasiado por las ramas. El caso es que esa marca de propiedad que iba dejando en cada cómic tiene su nombre "científico", llamado Ex-Libris. Normalmente la gente lo que hace es hacerse uno mediante sellos de caucho o similar, más o menos personalizado, y sobre todo con dibujos de corte clásico, escudos y esas cosas. Yo lo que hago es simplemente una pequeña anotación manuscrita realizada en la primera hoja en blanco, abajo a la derecha, que tenga el cómic, o bien en alguna esquina inferior derecha si no existe dicha página. El objetivo es que en ningún caso afecte al área que contiene los dibujos. Dicha anotación se compone de mi primer apellido escrito de forma más o menos estilizada (y que no ha cambiado de forma con el paso de los años) a la cual se le han ido añadiendo más elementos informativos relativos al momento de la compra del ejemplar en cuestión.
Al principio, pues, el Ex-Libris sólo consistía en mi firma. De esta época son casi todos mis Mortadelos y son de la fecha "pre-data", que no es otra cosa que aquéllos cómics en los que firmaba sólo con mi apellido. Con el tiempo, a mi firma se le fue añadiendo, con dos dígitos, el año en curso de la compra. Calculo que esto sucedió allá por el año 1992 o 1993, aproximadamente. De esta forma, quedaba reflejado además el año en que fue adquirido, y así fue durante varios años, más concretamente en 1997 cuando decidí que era hora de añadir otros dos datos más: la ciudad en la que realicé la compra y la fecha exacta (dia, mes, año). La cosa vino así porque de repente mi vida empezó a complicarse de mala manera y fui viajando por varios lugares intentando buscar el sitio que a uno le correspondía en la vida: Granada, Fuengirola, Málaga, Almería, Melilla, Madrid... me dí cuenta de que de las localidades que visitaba siempre me traía como recuerdo un cómic (o los que podía), con lo que con el Ex-Libris quedaba conveniente marcado para el recuerdo. Ahora me hace gracia pensar en aquél Calvin y Hobbes que compré en un viaje a Madrid y yo pensando: "¡guau! ya tengo un cómic comprado en Madrid, a saber si algún día tengo algún otro más de aquí".
Yo calculo que ahora tendré aproximadamente otros 1.200 más comprados en la capital de España, aparte de ése.
Siguiendo con mis manías en relación al Ex-Libris, ahora mismo no sólo indico mi firma estilizada, la fecha con dos digitos justo después, la ciudad y la fecha exacta de compra, sino que, además, en ocasiones, añado otros datos que con el tiempo, pasarán a la posteridad (maniático que es uno):
- Si es un regalo (de Reyes, cumpleaños, aniversario.... lo que sea), se pone una nota indicándolo.
- Si es el primero que compro en ese año en curso, se deja convenientemente anotado. Si es el último no, nunca se sabe.
Además he tenido la gran suerte de que algunos amigos míos, conocedores de mi pasión por los tebeos, me han traído alguno cuando han realizado algún viaje al extranjero. Así, tengo cómics de varias ciudades de Estados Unidos (uno de ellos, de Batman, es de San Diego, comprado apenas uno o dos días después del atentado a las Torres Gemelas), Chile, Marruecos, Irlanda, creo que no me dejo alguno, además de uno que compré yo mismo en Lisboa. Todos ellos los guardo con cariño pues son recuerdos que me trajeron cuando estaban de viaje, lo cual quiere decir que se acordaron de mí. ¡Muchas gracias a todos!. Además, como por motivos de trabajo me tocó viajar por España durante un buen período de tiempo, también tengo cómics de Vitoria, Oviedo, Segovia, Valencia, Alicante, Barcelona, Zaragoza, Pamplona, Salamanca, Santiago de Compostela, Girona, Lleida, Garrucha, Fondo de Bikini ... ¡yo que sé qué mas sitios!, porque además, si hago algún viaje de carácter personal, también mantengo la costumbre (ya convertida en regla) de comprar un cómic para el recuerdo si se da el caso, claro.
Así que el Ex-Libris se fue convirtiendo en algo más que una marca y en realidad es ahora una fuente de información que además, conlleva una oleada de recuerdos y de tiempos pasados (¿mejores? no creo, simplemente diferentes). Porque he de decir que, a pesar de que mi colección total estará en torno a los 4.000 ejemplares, creo recordar el momento de compra de casi cualquiera de ellos, que se dice pronto. Como mi colección actual se encuentra separada entre la de Fondo de Bikini y la situada en Madrid, cuando vuelvo a casa de la Sra. Tentáculos y abro un cómic, al ver mi firma con la fecha y el lugar de la compra, un monton de sensaciones e imágenes vuelven en una especie de flash mental que le ponen a uno tontorrón. Y eso es lo que ha pasado con este cómic y con alguno más que he tenido la oportunidad de releer durante mis vacaciones y que, imagino, comentaré en otra entrada.
Así pues, el cómic que toca comentar hoy, como dije al principio, lo compré en algún momento del último cuatrimestre de 1994, no puedo saber con más exactitud la fecha pues el dato del dia, mes y año lo incorporé a mi Ex-Libris en 1997, como he comentado. Pero para eso hay otros datos en el propio cómic (y aquí es donde entra en juego una pequeña investigación para recordar exactamente el momento de su compra, y que es lo que me gusta de toda esta historia). En realidad hay sitios (bueno, cada vez hay menos) donde aún indican a lápiz, en la primera hoja arriba, a la derecha, la fecha en la que el cómic (libro, revista, o similar) entra en el establecimiento. En este caso la información indica 6-9-94. Así que probablemente lo compré en un viaje previo a los inicios del año académico en curso, que aún tenía algo de pasta en el bolsillo ya que acaba de terminar mi período de trabajo estival en el distribuidor de Coca-Cola, y otras bebidas alcohólicas, de Fondo de Bikini. Algún día contaré mis anécdotas de la Coca-Cola, suelen tener mucho éxito (y hace mucho tiempo que no las cuento, y al final se me van a olvidar).
Lo que no recuerdo es que hacía yo por esa época en Granada... imagino que iría a formalizar algún papeleo o historia similar de la universidad. No creo que fuera a hacer un examen porque he de decir que no tuve problemas a la hora de aprobar las asignaturas de cada curso, porque otra cosa no, pero en este caso me saqué mi carrerita sin problemas (aunque tampoco era nada del otro mundo, todo sea dicho). Es decir, que si juntamos algunos datos dispersos obtenemos un montón de información sobre cómo era la vida de uno en un momento determinado, en este caso del lejano mes de septiembre de 1994, en el que yo hice un viaje a Granada (seguramente con algún pretexto para ver a la churri, que sería lo más normal) ¿a que es genial? Por esta razón, y alguna que otra más, siempre digo que nunca venderé mi colección (espero no verme nunca en una situación que me obligue a ello), porque cada ejemplar que la compone me dice algo de mi propia vida. Tela...
Tengo otras manías relacionadas con mi colección y que sigo de forma absoluta y que en un momento dado también me cuentan algo. Por ejemplo una de ellas es dejar dentro del propio ejemplar lo que en ese momento he usado como marcapáginas (¡si! ¡voy a seguir haciéndolo así aunque no te guste! :-) ) y como el marcapáginas que uso ahora son unas tarjetas de visita de hace unos años que ya no uso, la pequeña Calamarda cuando sea mayor, cuando crezca y sepa leer, sabrá que su papi fue redactor jefe de una revista relacionada con su profesión y que más o menos le conocían por algo en algún sitio, aparte de ser el señor que se queda con ella por las tardes, mientras dice que trabaja con el ordenador. También tengo la costumbre de dejar las etiquetas con el precio, sean del tamaño que sean (mis preferidas son las de la FNAC, porque son las que más información llevan), para que dentro de unos años, cuando ya no esté yo aquí en el mundo y la pequeña Calamarda, y si viene alguno más pues lo que sea, decide que mis cómics lo único que hacen es ocupar sitio y quiere desprenderse de mi colección, sepa cuánto me costó el cómic que tendrá en la mano, y decida, si así lo desea, venderlo. ¿Cuanto valdrán los cómics dentro de, yo que sé, 30 o 40 años? ¿se seguirá pagando en euros? de hecho ya tengo etiquetas en euros y en pesetas.¿Se seguirán publicando cómics dentro de tanto tiempo?... estoy seguro que no, o por lo menos, no en la forma en la que los conocemos hoy día.
¿Por qué me gusta?
Pues la verdad es que de todas estas manías, obsesiones y costumbres relacionadas con el coleccionismo llevado hasta su máximo exponente y que termina en lo enfermizo habla el cómic Museum. De hecho, yo creo que incluso se podría considerar como un muestrario de las propias inquietudes del autor, ya que De Felipe siempre tuvo un gusto especial por meter el dedo humedecido en alcohol en la herida y hurgar para ver qué podía encontrar. De hecho yo casi entendería Museum como una hipotética segunda parte de otro álbum anterior titulado Marketing y utopía, al cual supera ampliamente en el planteamiento y desarrollo de los conceptos que expone, también relacionados con los sótanos del alma humana y la sociedad que se ha construido a su alrededor.
El álbum fue publicado por la Editorial Glénat justo en la época posterior al derrumbre definitivo del imperio romano de Toutain, donde el cómic era realmente algo minoritario (mucho más de lo que es ahora) y donde aún quedaban vivos los restos de dicho imperio. De hecho, su autor, Fernando de Felipe, fue un producto genuino de Toutain. Además, la obra tiena una estructura típica de aquélla época pues se desarrolla en 6 pequeñas historias de 8 páginas cada una, autonconclusivas aunque con un pequeño hilo conductor que desemboca en la última de las historias. Como ya he comentado en alguna otra ocasión esta forma de publicar era la clásica del boom del cómic en España ya que antes de su recopilación en álbum se publicaba de forma seriada en alguna revista especializada de las que existían antes. De hecho, ésta fue la forma en la que se publicó inicialmente Museum. Aún recuerdo perfectamente cuando, varios años después de adquirir el álbum, en un kiosco de Granada cerca de la estación de tren, encontré, de saldo y retapadas, los 6 números de la revista llamada Comix internacional (editada por Zinco durante 1992 y que recogió los restos aún humeantes de Toutain), que fue donde inicialmente apareció seriada en forma de entregas. Evidentemente me las compré ipso facto y aún las tengo, claro, aunque permanecen en Fondo de Bikini.
Museum, para mí es la obra donde De Felipe expone en todo su esplendor su negrísimo sentido del humor, con un punto de vista de situaciones normales que superan lo patológico. Lleva al límite las obsesiones personales de sus personajes logrando sus más altas cotas de surrealismo macabro. Se podría decir que cada viñeta es una auténtica muestra de su valía como dibujante, escenográfo, director de fotografía y colorista y cada página es un máster que deberían de seguir muchos de los que actualmente se autodefinen como dibujantes de cómics para ver si así aprenden algo de composición de página y narración, entre otras cosas. ¿Y qué decir de la aplicación del color que hace? impresionante. Usando una gama de colores de tonos pasteles con un alto contraste, logra crear ambientes opresivos, cerrados y siniestros que tan bien había desarrollado y experimentado en otras obras anteriores suyas. A mí este cómic me recuerda mucho, en algunos aspectos, a esa obra maestra del cine que es Delicatessen, de Jeunet y Caro, autores con quien yo creo que De Felipe comparte ese mismo universo oscuro y lúgubre, con atmósferas enrarecidas en un ambiente de cierta cotidianeidad (de hecho yo creo que el protagonista del cómic vive en el mismo edificio de la peli...) que lo que provoca es que el contraste con las situaciones límite donde sitúa a sus personajes, se acreciente aún más .
En realidad De Felipe es un autor que tiene un estilo propio diferenciado, original y exquisito (de lo que queda poco hoy en día vaya) y con mucho, mucho, talento y una imaginación totalmente desbordante. Desgraciadamente es un genio del cómic perdido para la causa. ¿Sólo yo lo echo de menos dentro del triste panorama del cómic patrio? ... La verdad es que este tipo de cómic compuesto de varias historias autoconclusivas de pocas páginas se ajustaba como un guante al estilo directo y fuerte de De Felipe. Suelen ser historias duras basadas en alguna pequeña anécdota o idea oscura relacionada con el coleccionismo contada de forma precisa, sin alargarla artificialmente y que en realidad suelen ser como un golpe en toda la cara, ya que siempre el climax máximo suele encontrarse al final de la historia, despues de haber desarrollado dicha idea de forma creciente durante el relato. Es una pena que el autor abandonara el mundo del cómic y dejara inconclusa la que debía ser su obra principal: Black Dekker, pero qué le vamos a hacer, espero que algún día Fernando de Felipe vuelva a hacer cómics.
Por último comentar que el álbum es hoy día inencontrable en tiendas, hace años que está totalmente agotado, y sólo es posible localizarlo en el mercado de segunda mano. Yo desde luego, jamás me desharé de él.
Y ahora, os dejo, que he de ir a quitarle el polvo y limpar uno por uno cada ejemplar de mi colección, como hago cadia día. La pequeña Calamarda parece que tiene hambre, pero seguro que puede esperar unas cuantas horas a que termine mis obligaciones con mis cómics, además, aún no se ha comido las acelgas, que le puse antes de ayer y que no tienen tan mal aspecto como ella me quiere dar a entender. Cosas de niños...
Autor: Fernando de Felipe
Editorial: Glénat, 1994
Encuadernación: 1 vol. en cartoné, 48 p.
Coleccionismo: obsesiones enfermizas y manías
Es una realidad el hecho de que ser coleccionista, de lo que sea, conlleva, sin ningún género de dudas, la asunción de una serie de manías. Da igual si coleccionas abanicos, dedales o, como es mi caso, cómics. Como ya he comentado en entradas anteriores (I, II), fue en 1993 cuando inicié la que se podría considerar como mi colección oficial de cómics actual, mas allá de los clásicos tebeos de Mortadelo y Filemón que, más o menos, siempre tuve. El que me toca comentar hoy fue comprado en el lejano año de 1994, es decir, en la temprana época en la que mi colección cabía perfectamente en una o dos baldas de cualquier estantería de tamaño normal. La adquisición se produjo en Granada, e imagino que fue en cualquier día del último cuatrimestre de ese año. A pesar de haber pasado ya 16 años aún recuerdo perfectamente el momento de su compra.
Hay una razón por la cual digo que lo compré en esa fecha, y aquí es donde entra en juego una de mis manías con respecto a mi colección de tebeos. En un momento dado de la historia, cuando mi colección de Mortadelos empezó a crecer, decidí que de alguna forma había que personalizar cada uno de los ejemplares indicando a quién pertenecía. Por aquella época yo dejaba los cómics a mis amigos y de vez en cuando tocaba sufrir para que te los devolvieran, por lo que durante muchísimos años cumplí la máxima: "cómic que entra en casa después de comprado, cómic que ya no sale". Y esa regla ha estado vigente hasta hace bien poco, cuatro o cinco años, cuando en un acto de valentía extrema, volví a dejar un cómic a un amigo del curro que ya no está con nosotros. Bueno, dicho así parece otra cosa, simplemente es que se cambió de trabajo y de ciudad (y estoy seguro, completamente seguro, de que ha pasado a mejor vida, en el mejor sentido de la expresión, porque cuando uno vuelve a su tierra... debe ser la repanocha).
A ver, a lo que voy, que me ando demasiado por las ramas. El caso es que esa marca de propiedad que iba dejando en cada cómic tiene su nombre "científico", llamado Ex-Libris. Normalmente la gente lo que hace es hacerse uno mediante sellos de caucho o similar, más o menos personalizado, y sobre todo con dibujos de corte clásico, escudos y esas cosas. Yo lo que hago es simplemente una pequeña anotación manuscrita realizada en la primera hoja en blanco, abajo a la derecha, que tenga el cómic, o bien en alguna esquina inferior derecha si no existe dicha página. El objetivo es que en ningún caso afecte al área que contiene los dibujos. Dicha anotación se compone de mi primer apellido escrito de forma más o menos estilizada (y que no ha cambiado de forma con el paso de los años) a la cual se le han ido añadiendo más elementos informativos relativos al momento de la compra del ejemplar en cuestión.
Al principio, pues, el Ex-Libris sólo consistía en mi firma. De esta época son casi todos mis Mortadelos y son de la fecha "pre-data", que no es otra cosa que aquéllos cómics en los que firmaba sólo con mi apellido. Con el tiempo, a mi firma se le fue añadiendo, con dos dígitos, el año en curso de la compra. Calculo que esto sucedió allá por el año 1992 o 1993, aproximadamente. De esta forma, quedaba reflejado además el año en que fue adquirido, y así fue durante varios años, más concretamente en 1997 cuando decidí que era hora de añadir otros dos datos más: la ciudad en la que realicé la compra y la fecha exacta (dia, mes, año). La cosa vino así porque de repente mi vida empezó a complicarse de mala manera y fui viajando por varios lugares intentando buscar el sitio que a uno le correspondía en la vida: Granada, Fuengirola, Málaga, Almería, Melilla, Madrid... me dí cuenta de que de las localidades que visitaba siempre me traía como recuerdo un cómic (o los que podía), con lo que con el Ex-Libris quedaba conveniente marcado para el recuerdo. Ahora me hace gracia pensar en aquél Calvin y Hobbes que compré en un viaje a Madrid y yo pensando: "¡guau! ya tengo un cómic comprado en Madrid, a saber si algún día tengo algún otro más de aquí".
Yo calculo que ahora tendré aproximadamente otros 1.200 más comprados en la capital de España, aparte de ése.
Siguiendo con mis manías en relación al Ex-Libris, ahora mismo no sólo indico mi firma estilizada, la fecha con dos digitos justo después, la ciudad y la fecha exacta de compra, sino que, además, en ocasiones, añado otros datos que con el tiempo, pasarán a la posteridad (maniático que es uno):
- Si es un regalo (de Reyes, cumpleaños, aniversario.... lo que sea), se pone una nota indicándolo.
- Si es el primero que compro en ese año en curso, se deja convenientemente anotado. Si es el último no, nunca se sabe.
Además he tenido la gran suerte de que algunos amigos míos, conocedores de mi pasión por los tebeos, me han traído alguno cuando han realizado algún viaje al extranjero. Así, tengo cómics de varias ciudades de Estados Unidos (uno de ellos, de Batman, es de San Diego, comprado apenas uno o dos días después del atentado a las Torres Gemelas), Chile, Marruecos, Irlanda, creo que no me dejo alguno, además de uno que compré yo mismo en Lisboa. Todos ellos los guardo con cariño pues son recuerdos que me trajeron cuando estaban de viaje, lo cual quiere decir que se acordaron de mí. ¡Muchas gracias a todos!. Además, como por motivos de trabajo me tocó viajar por España durante un buen período de tiempo, también tengo cómics de Vitoria, Oviedo, Segovia, Valencia, Alicante, Barcelona, Zaragoza, Pamplona, Salamanca, Santiago de Compostela, Girona, Lleida, Garrucha, Fondo de Bikini ... ¡yo que sé qué mas sitios!, porque además, si hago algún viaje de carácter personal, también mantengo la costumbre (ya convertida en regla) de comprar un cómic para el recuerdo si se da el caso, claro.
Así que el Ex-Libris se fue convirtiendo en algo más que una marca y en realidad es ahora una fuente de información que además, conlleva una oleada de recuerdos y de tiempos pasados (¿mejores? no creo, simplemente diferentes). Porque he de decir que, a pesar de que mi colección total estará en torno a los 4.000 ejemplares, creo recordar el momento de compra de casi cualquiera de ellos, que se dice pronto. Como mi colección actual se encuentra separada entre la de Fondo de Bikini y la situada en Madrid, cuando vuelvo a casa de la Sra. Tentáculos y abro un cómic, al ver mi firma con la fecha y el lugar de la compra, un monton de sensaciones e imágenes vuelven en una especie de flash mental que le ponen a uno tontorrón. Y eso es lo que ha pasado con este cómic y con alguno más que he tenido la oportunidad de releer durante mis vacaciones y que, imagino, comentaré en otra entrada.
Así pues, el cómic que toca comentar hoy, como dije al principio, lo compré en algún momento del último cuatrimestre de 1994, no puedo saber con más exactitud la fecha pues el dato del dia, mes y año lo incorporé a mi Ex-Libris en 1997, como he comentado. Pero para eso hay otros datos en el propio cómic (y aquí es donde entra en juego una pequeña investigación para recordar exactamente el momento de su compra, y que es lo que me gusta de toda esta historia). En realidad hay sitios (bueno, cada vez hay menos) donde aún indican a lápiz, en la primera hoja arriba, a la derecha, la fecha en la que el cómic (libro, revista, o similar) entra en el establecimiento. En este caso la información indica 6-9-94. Así que probablemente lo compré en un viaje previo a los inicios del año académico en curso, que aún tenía algo de pasta en el bolsillo ya que acaba de terminar mi período de trabajo estival en el distribuidor de Coca-Cola, y otras bebidas alcohólicas, de Fondo de Bikini. Algún día contaré mis anécdotas de la Coca-Cola, suelen tener mucho éxito (y hace mucho tiempo que no las cuento, y al final se me van a olvidar).
Lo que no recuerdo es que hacía yo por esa época en Granada... imagino que iría a formalizar algún papeleo o historia similar de la universidad. No creo que fuera a hacer un examen porque he de decir que no tuve problemas a la hora de aprobar las asignaturas de cada curso, porque otra cosa no, pero en este caso me saqué mi carrerita sin problemas (aunque tampoco era nada del otro mundo, todo sea dicho). Es decir, que si juntamos algunos datos dispersos obtenemos un montón de información sobre cómo era la vida de uno en un momento determinado, en este caso del lejano mes de septiembre de 1994, en el que yo hice un viaje a Granada (seguramente con algún pretexto para ver a la churri, que sería lo más normal) ¿a que es genial? Por esta razón, y alguna que otra más, siempre digo que nunca venderé mi colección (espero no verme nunca en una situación que me obligue a ello), porque cada ejemplar que la compone me dice algo de mi propia vida. Tela...
Tengo otras manías relacionadas con mi colección y que sigo de forma absoluta y que en un momento dado también me cuentan algo. Por ejemplo una de ellas es dejar dentro del propio ejemplar lo que en ese momento he usado como marcapáginas (¡si! ¡voy a seguir haciéndolo así aunque no te guste! :-) ) y como el marcapáginas que uso ahora son unas tarjetas de visita de hace unos años que ya no uso, la pequeña Calamarda cuando sea mayor, cuando crezca y sepa leer, sabrá que su papi fue redactor jefe de una revista relacionada con su profesión y que más o menos le conocían por algo en algún sitio, aparte de ser el señor que se queda con ella por las tardes, mientras dice que trabaja con el ordenador. También tengo la costumbre de dejar las etiquetas con el precio, sean del tamaño que sean (mis preferidas son las de la FNAC, porque son las que más información llevan), para que dentro de unos años, cuando ya no esté yo aquí en el mundo y la pequeña Calamarda, y si viene alguno más pues lo que sea, decide que mis cómics lo único que hacen es ocupar sitio y quiere desprenderse de mi colección, sepa cuánto me costó el cómic que tendrá en la mano, y decida, si así lo desea, venderlo. ¿Cuanto valdrán los cómics dentro de, yo que sé, 30 o 40 años? ¿se seguirá pagando en euros? de hecho ya tengo etiquetas en euros y en pesetas.¿Se seguirán publicando cómics dentro de tanto tiempo?... estoy seguro que no, o por lo menos, no en la forma en la que los conocemos hoy día.
¿Por qué me gusta?
Pues la verdad es que de todas estas manías, obsesiones y costumbres relacionadas con el coleccionismo llevado hasta su máximo exponente y que termina en lo enfermizo habla el cómic Museum. De hecho, yo creo que incluso se podría considerar como un muestrario de las propias inquietudes del autor, ya que De Felipe siempre tuvo un gusto especial por meter el dedo humedecido en alcohol en la herida y hurgar para ver qué podía encontrar. De hecho yo casi entendería Museum como una hipotética segunda parte de otro álbum anterior titulado Marketing y utopía, al cual supera ampliamente en el planteamiento y desarrollo de los conceptos que expone, también relacionados con los sótanos del alma humana y la sociedad que se ha construido a su alrededor.
El álbum fue publicado por la Editorial Glénat justo en la época posterior al derrumbre definitivo del imperio romano de Toutain, donde el cómic era realmente algo minoritario (mucho más de lo que es ahora) y donde aún quedaban vivos los restos de dicho imperio. De hecho, su autor, Fernando de Felipe, fue un producto genuino de Toutain. Además, la obra tiena una estructura típica de aquélla época pues se desarrolla en 6 pequeñas historias de 8 páginas cada una, autonconclusivas aunque con un pequeño hilo conductor que desemboca en la última de las historias. Como ya he comentado en alguna otra ocasión esta forma de publicar era la clásica del boom del cómic en España ya que antes de su recopilación en álbum se publicaba de forma seriada en alguna revista especializada de las que existían antes. De hecho, ésta fue la forma en la que se publicó inicialmente Museum. Aún recuerdo perfectamente cuando, varios años después de adquirir el álbum, en un kiosco de Granada cerca de la estación de tren, encontré, de saldo y retapadas, los 6 números de la revista llamada Comix internacional (editada por Zinco durante 1992 y que recogió los restos aún humeantes de Toutain), que fue donde inicialmente apareció seriada en forma de entregas. Evidentemente me las compré ipso facto y aún las tengo, claro, aunque permanecen en Fondo de Bikini.
Museum, para mí es la obra donde De Felipe expone en todo su esplendor su negrísimo sentido del humor, con un punto de vista de situaciones normales que superan lo patológico. Lleva al límite las obsesiones personales de sus personajes logrando sus más altas cotas de surrealismo macabro. Se podría decir que cada viñeta es una auténtica muestra de su valía como dibujante, escenográfo, director de fotografía y colorista y cada página es un máster que deberían de seguir muchos de los que actualmente se autodefinen como dibujantes de cómics para ver si así aprenden algo de composición de página y narración, entre otras cosas. ¿Y qué decir de la aplicación del color que hace? impresionante. Usando una gama de colores de tonos pasteles con un alto contraste, logra crear ambientes opresivos, cerrados y siniestros que tan bien había desarrollado y experimentado en otras obras anteriores suyas. A mí este cómic me recuerda mucho, en algunos aspectos, a esa obra maestra del cine que es Delicatessen, de Jeunet y Caro, autores con quien yo creo que De Felipe comparte ese mismo universo oscuro y lúgubre, con atmósferas enrarecidas en un ambiente de cierta cotidianeidad (de hecho yo creo que el protagonista del cómic vive en el mismo edificio de la peli...) que lo que provoca es que el contraste con las situaciones límite donde sitúa a sus personajes, se acreciente aún más .
En realidad De Felipe es un autor que tiene un estilo propio diferenciado, original y exquisito (de lo que queda poco hoy en día vaya) y con mucho, mucho, talento y una imaginación totalmente desbordante. Desgraciadamente es un genio del cómic perdido para la causa. ¿Sólo yo lo echo de menos dentro del triste panorama del cómic patrio? ... La verdad es que este tipo de cómic compuesto de varias historias autoconclusivas de pocas páginas se ajustaba como un guante al estilo directo y fuerte de De Felipe. Suelen ser historias duras basadas en alguna pequeña anécdota o idea oscura relacionada con el coleccionismo contada de forma precisa, sin alargarla artificialmente y que en realidad suelen ser como un golpe en toda la cara, ya que siempre el climax máximo suele encontrarse al final de la historia, despues de haber desarrollado dicha idea de forma creciente durante el relato. Es una pena que el autor abandonara el mundo del cómic y dejara inconclusa la que debía ser su obra principal: Black Dekker, pero qué le vamos a hacer, espero que algún día Fernando de Felipe vuelva a hacer cómics.
Por último comentar que el álbum es hoy día inencontrable en tiendas, hace años que está totalmente agotado, y sólo es posible localizarlo en el mercado de segunda mano. Yo desde luego, jamás me desharé de él.
Y ahora, os dejo, que he de ir a quitarle el polvo y limpar uno por uno cada ejemplar de mi colección, como hago cadia día. La pequeña Calamarda parece que tiene hambre, pero seguro que puede esperar unas cuantas horas a que termine mis obligaciones con mis cómics, además, aún no se ha comido las acelgas, que le puse antes de ayer y que no tienen tan mal aspecto como ella me quiere dar a entender. Cosas de niños...
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jueves, 7 de octubre de 2010
Estudios de postgrado para optometristas de culo inquieto (ACTUALIZACIÓN)
¡Muchas gracias a los que habéis votado ya! Sintiéndolo mucho, esto no me deja poner el nuevo título sugerido amablemente desde uno de los comentarios:
"Estudio retrospectivo del entrenamiento visual en las distintas especies animales. A propósito de algún caso."
SI AÚN NO HAS VOTADO ¿A QUÉ ESPERAS?
Por otra parte: ¿cuando os viene bien que os deje a la pequeña Calamarda por allí una tarde enterita?... es que la Sra. Calamarda me mira mal si lo propongo yo...
miércoles, 6 de octubre de 2010
Estudios de postgrado para optometristas de culo inquieto
A través de los análisis de datos que diariamente me manda Google Analytics, me he dado cuenta de que una parte de mis visitas del blog provienen del campo de la optometría. Imagino que algo tendrá que ver que la Sra. Calamarda es óptica optométrica, pero vete tú a saber.
Recuerdo que yo, documentalista de profesión, cuando les dije a mis amigos que me había echado una novia que era óptica me dijeron:
"Anda, para que veas"
Y se quedaron tan frescos.
El caso es que he conseguido averiguar que ese pequeño núcleo de ópticos que visitan el blog están pendientes de elaborar un trabajo de investigación que una áreas tan dispares, pero tan cercanas al mismo tiempo (sobre todo los sábados por la noche) como la optometría y la documentación... ¿Qué? ¿no te crees que hay conexiones entre ambas disciplinas?
Pues participa en la encuesta (que está más arriba) para votar el título de tu trabajo de investigación según las propuestas de Calamardo.
Recuerdo que yo, documentalista de profesión, cuando les dije a mis amigos que me había echado una novia que era óptica me dijeron:
"Anda, para que veas"
Y se quedaron tan frescos.
El caso es que he conseguido averiguar que ese pequeño núcleo de ópticos que visitan el blog están pendientes de elaborar un trabajo de investigación que una áreas tan dispares, pero tan cercanas al mismo tiempo (sobre todo los sábados por la noche) como la optometría y la documentación... ¿Qué? ¿no te crees que hay conexiones entre ambas disciplinas?
Pues participa en la encuesta (que está más arriba) para votar el título de tu trabajo de investigación según las propuestas de Calamardo.
lunes, 28 de junio de 2010
Mis autores favoritos (yII): Juan Giménez, Fernando de Felipe y el Imperio Romano de Toutain
Los cómics que yo descubrí aquella tarde en la mesa del salón de aquel piso, que alguien hoy llamaría "piso-patera", pero que para nosotros era una forma de subsistir como cualquier otra, crearon en mí el mismo efecto que debe sentir cualquier arqueólogo al descubrir, mientras escarba en el suelo, un mosaico romano, con todo lo que eso conlleva: si aquí, en mitad del campo hay un mosaico, significa que si sigo quitando tierra y buscando por los alrededores, encontraré más maravillas ya que aquello sólo podía ser la punta del iceberg.
Los cómics que encontré en realidad me estaban enseñando lo que yo me perdí desde que dejé de ir a la Biblioteca Municipal de Fondo de Bikini y pasé de EGB a BUP y que en definitiva, me mostraban el mismo proceso vital que yo había seguido desde entonces: al igual que yo, el cómic se había hecho un poco más mayor. Pero por diversos motivos yo me perdí aquella evolución y ahora se me estaba mostrando ante mí en una pequeña muestra. No es que los cómics de Blueberry, Iznogoud, etc. que yo leía hubieran quedado anticuados, ni nada de eso, no. Lo que ocurría es que había otra forma de hacer y de leer cómics, y yo lo acababa de descubrir. Así pues, al igual que el arqueólogo que se ha encontrado el mosaico romano decide que va a seguir buscando por la zona más restos importantes, que seguro que más pronto que tarde saldrán a flote, yo decidí seguir escarbando para ver qué me encontraba.
Y me encontré con un mundo que yo no conocía. Resulta que desde finales de la década de los 70 hasta principios de los 90, existió una editorial que participó activamente en el llamado "Boom" del cómic en España (como quedó demostrado, no fue sino una burbuja que explotó, y lo hizo a lo grande, a comienzos de la década de 1990). Fueron años de gran productividad y de relativo gran éxito que produjeron que el cómic fuera un producto habitual de los kioscos. Todo este proceso se basó en un modelo de edición clásico, que hoy día ya no existe ni tiene sentido: el elemento principal, y sobre el que gira todo, es una publicación periódica en forma de revista con producción propia y/o ajena, con periodicidad normalmente mensual, en donde se van publicando series por entregas y que luego son recopiladas en álbumes individuales las que han tenido más éxito y repercusión. En realidad esta forma de publicación no presentaba nada nuevo, de hecho las grandes colecciones clásicas del cómic europeo que yo ya conocía, desde Astérix a Blueberry, pasando por Tintín, seguían este mismo modelo, aunque yo no lo sabía, claro, ya que a mi me llegaron siempre en forma de álbum.
Pero ¿qué pasó con el Imperio Romano? Como cualquier otra gran civilización antigua, supuso un enorme salto cualitativo en lo relativo al arte, y fueron grandes precursores en cuanto a técnicas arquitectónicas se refiere. Una vez que el Imperio Romano cayó, también desapareció su forma de entender el arte y de hacerlo. Hubo entonces un gran vacio. Pasaron un buen montón de años, de siglos, hasta que se volvió a alcanzar de nuevo un nivel similar en cuanto a la calidad en la ejecución de las obras de arte. Pues bien, eso fue lo que pasó a comienzos de la década de los 90 cuando la burbuja del cómic explotó en España: sólo quedaron los recuerdos y las ruinas de algo que en su día gozó de gran esplendor. Una nueva civilización debia de volver a construirse desde cero, pero aún no se sabía cuánto tiempo debía de pasar para llegar de nuevo a aquellas cotas de perfección.
En el mundo del cómic pasó algo parecido: toda la creatividad y productividad desaparecieron casi por completo. Los grandes autores, los que consiguieron sobrevivir, siguieron trabajando para el mercado extranjero. Luego sus obras volvían a España a través de la compra de esos derechos por parte de las editoriales nacionales que quedaban, ya que salía más barato este sistema que hacer el encargo de un álbum a un autor en concreto. De hecho, este sistema sigue vigente todavía: los autores nacionales trabajan casi al 100% para el mercado franco-belga e italiano, principalmente.
El bajón productivo, y creativo, de comienzos de la década de los 90 fue impresionante. De hecho, no fue hasta hace bien poco que podría decirse que ha habido cierta recuperación (en mi opinión, claro), pero que habría que buscarla más en los esfuerzos personales e individuales de ciertos autores, mas que como síntoma de recuperación del medio (y que creo sinceramente que ese nivel de los 80 no se recuperará jamás).
Así pues, las ruinas que dejó el boom del cómic en España, no fueron en forma de viejos muros de piedra, claro, sino que los restos de aquélla época son los álbumes que, aún hoy día, es posible encontrar en tiendas de saldo y de segunda mano; auténticas joyas que nos hablan de que hubo un tiempo donde la creatividad campaba a sus anchas. Son los álbumes de la Editorial Toutain.
Parte de los cómics que descubrí en la mesa de aquél piso eran de esta editorial y uno de ellos era de un dibujante llamado Fernando de Felipe, con un tal Oscar Aibar en los guiones, de los cuales evidentemente no sabía nada, excepto aquel álbum que tenían en mis manos titulado ADN y que estaba lleno de viñetas y de imágenes incómodas e inquietantes, que a pocos dejan indiferente. De Felipe, con un estilo gráfico directo e impactante, era capaz de crear un mundo de naturaleza onírica, propio de la peor pesadilla. El álbum estaba constituido por varias historias cortas, autoconclusivas, siguiendo el formato de la época, de 8 páginas, donde se trataban temas relacionados con la manipulación genética, los experimentos descontrolados y las repercusiones que puede tener dejar en manos de descerebrados este tipo de actividades. Especialmente sobrecogedora es la historia número 9, donde la última viñeta es un auténtico resumen, creo yo, de las obsesiones y los temas recurrentes de De Felipe en toda su obra.
El álbum contenía tanto historias en color como en blanco y negro, y aunque en blanco y negro el dibujo de De Felipe no perdía fuerza, es con la aplicación del color, tan particular y propia del autor, cuando su grafismo alcanza unos niveles y una fuerza díficiles de superar. Después de este primer puñetazo, que fue lo que supuso realmente para mi "ADN", fui en busca del resto de la obra de este autor, y poco a poco conseguí hacerme con todos sus títulos, cada cual más increible. Yo sigo pensando que su mejor álbum es "Museum", donde hace un repaso de las obsesiones y depravaciones que puede acarrear el coleccionismo compulsivo llevado hasta al límite. La verdad es que toda la obra de De Felipe tiene un nivel altísimo de calidad y poco a poco fui consiguiendo el resto de sus cómics publicados:
- Nacido Salvaje: donde ofrece su particular visión de la guerra de Vietnam.
- S.O.U.L.: para mi el más flojo de sus títulos.
- Marketing & Utopía. Made in Usa: que refleja las miserias de la sociedad norteamericana más oculta.
- El hombre que ríe: la adaptación libre de la obra de Victor Hugo.
- Museum.
- Black & Decker. Es una serie, que se ha quedado inconclusa, y de la cual se publicaron dos títulos: "Rio de fuego" y "Yellow Moon".
- También en su haber se encuentra una pequeña historia en el álbum Pop español y varias ilustraciones como portadas para libros y ese tipo de cosas.
poco que lo conoces, te das cuenta de la miseria (no sólo económica) que le rodea. Es una pena, pero es así. Creo que ahora se dedica a impartir clases de cine o algo así en la Universidad de Bellaterra, en Barcelona, y a escribir ocasionalmente algún guión para cine y escribir tambien libros sobre esta materia. Durante mucho tiempo tuve la esperanza de que volviera a hacer cómics, donde sin duda se le recibiría con los brazos abiertos, pero dudo mucho, por lo que he leído por ahí, que él tenga muchas ganas de hacerlo.
Realmente, una gran parte de culpa de mi afición actual por los cómics se la debo a De Felipe, y con su marcha del medio, tambien se fue, en cierta medida, una parte de mi afición. En los años de creación de mi colección actual, la investiga´ción y localización de alguna de sus obras era como el proceso que sigue un arqueólogo que descubría el mosaico del que hablabamos al principio; y recuerdo perfectamente un día de 1997 cuando me enteré de que había publicado un nuevo álbum (que luego se convertiría, con el tiempo, en el último) y me lo compré inmediatamente, porque cada nuevo álbum encontrado suyo despertaba en mí el mismo interés y emoción que en su día me hacía sentir una nueva película de Steven Spielberg. Cuando Spielberg, era Spielberg, quiero decir, y cuando uno se dedica a descubrir cosas nuevas que le tocan ciertas fibras que le despiertan el alma y que le marcan para siempre; cuando miras al mundo con los ojos bien abiertos, sorprendiéndote con cada cosa e intentando no perderte nada, en definitiva.
Poco a poco me hice con toda la obra de De Felipe y especialmente traumático fue el caso de uno de sus títulos cuya adquisición para mí se convirtió en algo casi obsesivo: El hombre que ríe. Durante varios años estuve buscándolo por librerías de segunda mano y de ofertas, y hubo una epoca donde, si lo hubiera encontrado o alguien me lo hubiera vendido, habría pagado... yo que sé, lo que me pidieran. Este título se había convertido en mi particular Santo Grial. El caso es que en 1999, la editorial Glénat publicaba una nueva edición de este álbum, y aquello fue la noticia del año. Sin embargo, aunque esta nueva edición era más que digna, la de Toutain seguía teniendo para mí ciertos matices míticos: se hablaba de una paginación diseñada por el propio autor que en la edición de Glénat desaparecía, o de un libro de bocetos con las pruebas del autor para hacer el álbum. Era una edición de lujo para la época, publicado incluso en rústica, algo poco habitual para los cómics editados por Toutain. Yo quería aquello también para mi colección.
Y llegamos así al año 2006, donde me invitan a asistir a una reunión de bibliotecarios aficionados al cómic que se iba a celebrar en el marco del Salón del cómic de Barcelona. Y mientras espero a que sea la hora, me doy una vuelta por los stands y descubro, en uno de ellos, una pila de álbumes, unos puestos encima de otros, sin orden ni concierto: "El hombre que ríe" edición de Toutain, con su plástico protector inicial con el que fue vendido diez años atrás, y con el pequeño libro de bocetos dentro. Había por lo menos 20 volúmenes, 30, 40... yo que sé los que había, casi todos ellos en perfecto estado, aunque había algunos que la humedad les había atacado sin posibilidad de arreglo. Simplemente me puse nervioso de ver aquello y pensé "¿dónde habíais estado hasta ahora?".... El caso es que lo segundo que pensé fue "¿hasta cuánto estoy dispuesto a pagar para llevarme uno en buen estado?"... no hizo falta esperar mucho para encontrar una respueta: entre aquellos volúmenes encontre un pequeño papel, con un color chillón, que ponia el precio de cada uno de aquellos santos griales amontonados en el suelo: unos miserables 4 euros.
No se si fue que la búsqueda duró más años de los que eran necesarios; o si simplemente fue por dar por terminada esta persecución que duró 14 años; o porque la edición de Glénat que compré unos años atrás le quitó cierta magia al asunto; o si fue por ver todos aquellos volúmenes amontonados sin orden ni concierto en el suelo, con un precio tan rebajado, que incluso le hacía rebajarse como objeto de culto... El caso es que una vez que pagué por el ejemplar que yo mismo elegí, el placer por su adquisición no fue el esperado. Suele ocurrir cuando obtienes algo largamente buscado, imagino. Supongo que también tiene algo que ver que lo que tú has adorado como un auténtico tesoro durante años, te lo encuentres casi tirado en el suelo, amontonado y lleno de polvo. La verdad es que en definitiva, fue una visión un poco triste.
Ahora ese ejemplar ocupa un lugar cualquiera en mi colección, y he de decir que ahora mismo no sabría decir dónde se encuentra el libro de bocetos, aunque lo tengo en casa, seguro, pero no sé dónde. Yo sigo descubriendo pequeñas ruinas de aquella época pasada; siguen saliendo pequeñas muestras de un esplendor pasado de Toutain que ya no volverá. Sólo es cuestión de pasarse por tiendas de saldos para conseguir pequeños trozos del pasado que seguirán alimentando mi colección, ubicada ahora en las nuevas estanterias Ikea de color Wengue que, inexplicablemente, nunca cogen polvo ;-).
lunes, 7 de junio de 2010
Mis autores favoritos (I): Juan Giménez, Fernando de Felipe y el Imperio Romano de Toutain
El descubrimiento de las primeras ruinas de una civilización perdida
En 1993 yo compartía piso con otros amigos estudiantes universitarios en un piso de Granada, después de dejar Fondo de Bikini y salir de debajo de las faldas de la Sra. Tentáculos. Por aquella época yo ya era aficionado a los cómics, aunque mi perspectiva de este mundo cambió cuando un día vine de la facultad, harto de escuchar majaderías sin sentido, y me encontré aquellos volúmenes encima de la mesa del salón.
Siempre he sido un gran lector de cómics, desde niño, cuando aprovechaba las tardes libres que me dejaban mis tareas del colegio para ir a una pequeña habitación que, en aquellos tiempos de principios de la década de los 80, alguien llamaba de forma generosa "Biblioteca Municipal de Fondo de Bikini". Mis lecturas se basaban en Tintín (en aquellas ediciones en las que el lomo venía cosido en tela y hoy cuestan un fortunón) y Astérix, ya que era lo que había disponible; y fue allí, en aquella habitación oscura que olía a cerrado donde nació mi afición por los cómics. No tengo recuerdos de cuándo fui por primera vez a esa biblioteca, ni tampoco me acuerdo de por qué yo empecé a leer cómics allí, ni tampoco consigo tener recuerdo alguno de quién me dijo que existía algo así como un sitio lleno de libros y cómics donde uno podía ir a leer gratis lo que quisiera. Simplemente me acuerdo de que por las tardes yo iba a leer cómics allí, sólo cómics.
Además, tuve la enorme fortuna de que el mejor MAESTRO que uno haya podido encontrarse en su vida se cruzara en mi camino: D. Manuel Motos. Mi profesor de Ciencias sociales e Historia durante 6º, 7º y 8º de la antigua EGB. Este profesor montó en su aula la mejor biblioteca de cómics que uno pudiera desear en aquel momento: había colecciones (incompletas todas ellas, eso sí) de Astérix, Tintín, Blueberry, Iznogoud, Lucky Lucke, Valerian, Mac Coy... lo mejor del cómic francobelga en las históricas colecciones de Grijalbo en cartoné. Con 11 o 12 años, ya pude leer obras de Carlos Giménez como "Paracuellos. Auxilio Social" y recuerdo perfectamente la sensación de intranquilidad que me provocaban aquellos niños de ojos grandes y apariencia tristísima... ¿Quién me iba a decir que muchos años después conocería y me tomaría un café en casa de la persona que los dibujó? Por otra parte, había la posibilidad de poder llevarse a casa estas obras mediante préstamo, por lo que todo eran facilidades para la lectura. Se puede decir que tanto la "Biblioteca Municipal de Fondo de Bikini" como la biblioteca escolar que montó D. Manuel Motos, me influenciaron 100% no sólo en mi formación como lector, especialmente como lector de cómics, sino también que marcaron, para bien o para mal, mi formación académica y profesional.
Además de estas lecturas, como buenamente podía la Sra. Tentáculos en casa, porque los cómics siempre han sido caros, por lo menos desde que yo los conozco; la Sra. Tentáculos, como digo, siempre que podía llevaba a casa de vez en cuando algún que otro Mortadelo en aquellos días de cama y manta por culpa de las enfermades que los niños suelen tener cuando son pequeños. Como cualquier hijo de vecino, ante cualquier enfermedad que requiriera los cuidados de una madre atenta, uno debía quedarse en casa reposando la fiebre de los resfriados y los dolores de barriga o de oído, y esos momentos eran más llevaderos con un Mortadelo en la mano, y con las atenciones de una madre preocupada y siempre al quite ante cualquier problema, con respuesta para todo.
En mi última época como estudiante de EGB, recuerdo que llegó a la biblioteca escolar una remesa de cómics que ya me pusieron sobrealerta de que había algo más que yo no conocía: de repente aparecieron en el aula un montón de cajas llenas de "Comix Internacional", "Zona 84", "1984"... y recuerdo que me quedé totalmente pasmado de lo que aquel tipo de cómic me estaba ofreciendo (además de porque salían mujeres en pelotas, ¡glups!), y me quedé especialmente fascinado por la forma de dibujar aviones de un autor que, por aquel entonces, para mí no tenía nombre; sólo un "Giménez" aparecía escrito en algunas viñetas. Y entonces hice algo que no debía: en una de esas revistas me encontré con una historia de 8 páginas, titulada "Entropía", con unos dibujos increibles. Trataba de aviones de la Segunda Guerra Mundial, que eran atacados por cazas alemanes y de repente aparecen naves espaciales, y donde antes había aviones, ahora hay naves, y donde antes aparecían naves, ahora había bombarderos. Yo no entendía nada (de hecho no entendía ni lo que significaba el título de esa historia), pero aquellos dibujos me estaban diciendo algo, aunque todavía no sabía qué. Así que tomé la decisión de que aquellas hojas debían ser mías; cogí unas tijeras, las recorté, las metí cuidadosamente en un cuaderno y me las llevé a casa. Durante años y años yo miraba y remiraba aquellas páginas robadas e intentaba averiguar a qué cómic pertenecían (ojo, que en milnovecientosochentaytantos no existía internet, ¿vale?). Casi 30 años después aún conservo aquellos recortes, guardados con cuidado entre las páginas del álbum al que pertenecen realmente, un álbum que compre, 20 años después, y firmado por el propio autor: "Cuestión de tiempo".
Una vez que terminé la EGB e inicié mis estudios de Bachillerato mi afición quedó en un estado de hibernación, un prolongado letargo que duró varios años en los que apenas leía algún que otro Mortadelo que seguía cayendo en mis manos ya que, por cuestiones de deberes de estudio, dejé de ir a la Biblioteca Municipal, y la biblioteca del centro donde estaba estudiando era prácticamente inexistente. Por otro lado, Fondo de Bikini no es que sea el lugar ideal donde comprar cómics. En la "Librería nueva", que es como conocíamos a la papelería-librería que había cerca de casa, de vez en cuando aparecía algo, imagino que como consecuencia de algún saldo o descatalogación de algún distribuidor, más que como signo claro de que se pudiera crear alguna que otra sinergia que permitiera la adquisición de cómics de forma más o menos normalizada. Con el paso del tiempo, y conforme mi colección iba creciendo, alguna que otra vez la Sra. Tentáculos me dice a grito pelado que a ver qué hace con tantos cómics, que en la casa de Fondo de Bikini no hay sitio y que tengo más que en todas las librerías del pueblo juntas, algo que nunca jamás he dudado que no fuera cierto, realmente.
Y así llegamos a aquella tarde en Granada en la que descubrí, encima de la mesa del salón, en aquel piso con piscina que sólo podíamos pagar porque éramos 7 estudiantes compartiendo piso, cada uno de su madre y de su padre, excepto yo y mi hermano, que dice la Sra. Tentáculos que compartimos padre y madre, y otros dos amigos hermanos que compartían madre y padre entre ellos (y que con el tiempo se convertirían en mi familia política -aunque yo aún no podía saberlo-); descubrí, insisto, varios ejemplares de un manga llamado "Akira", un cómic titulado "ADN", de un tal Fernando de Felipe y otro llamado "Basura" de un tío que firmaba como "Giménez" en algunas viñetas, y que respondía al nombre de Juan Giménez.
En 1993 yo compartía piso con otros amigos estudiantes universitarios en un piso de Granada, después de dejar Fondo de Bikini y salir de debajo de las faldas de la Sra. Tentáculos. Por aquella época yo ya era aficionado a los cómics, aunque mi perspectiva de este mundo cambió cuando un día vine de la facultad, harto de escuchar majaderías sin sentido, y me encontré aquellos volúmenes encima de la mesa del salón.
Siempre he sido un gran lector de cómics, desde niño, cuando aprovechaba las tardes libres que me dejaban mis tareas del colegio para ir a una pequeña habitación que, en aquellos tiempos de principios de la década de los 80, alguien llamaba de forma generosa "Biblioteca Municipal de Fondo de Bikini". Mis lecturas se basaban en Tintín (en aquellas ediciones en las que el lomo venía cosido en tela y hoy cuestan un fortunón) y Astérix, ya que era lo que había disponible; y fue allí, en aquella habitación oscura que olía a cerrado donde nació mi afición por los cómics. No tengo recuerdos de cuándo fui por primera vez a esa biblioteca, ni tampoco me acuerdo de por qué yo empecé a leer cómics allí, ni tampoco consigo tener recuerdo alguno de quién me dijo que existía algo así como un sitio lleno de libros y cómics donde uno podía ir a leer gratis lo que quisiera. Simplemente me acuerdo de que por las tardes yo iba a leer cómics allí, sólo cómics.
Además, tuve la enorme fortuna de que el mejor MAESTRO que uno haya podido encontrarse en su vida se cruzara en mi camino: D. Manuel Motos. Mi profesor de Ciencias sociales e Historia durante 6º, 7º y 8º de la antigua EGB. Este profesor montó en su aula la mejor biblioteca de cómics que uno pudiera desear en aquel momento: había colecciones (incompletas todas ellas, eso sí) de Astérix, Tintín, Blueberry, Iznogoud, Lucky Lucke, Valerian, Mac Coy... lo mejor del cómic francobelga en las históricas colecciones de Grijalbo en cartoné. Con 11 o 12 años, ya pude leer obras de Carlos Giménez como "Paracuellos. Auxilio Social" y recuerdo perfectamente la sensación de intranquilidad que me provocaban aquellos niños de ojos grandes y apariencia tristísima... ¿Quién me iba a decir que muchos años después conocería y me tomaría un café en casa de la persona que los dibujó? Por otra parte, había la posibilidad de poder llevarse a casa estas obras mediante préstamo, por lo que todo eran facilidades para la lectura. Se puede decir que tanto la "Biblioteca Municipal de Fondo de Bikini" como la biblioteca escolar que montó D. Manuel Motos, me influenciaron 100% no sólo en mi formación como lector, especialmente como lector de cómics, sino también que marcaron, para bien o para mal, mi formación académica y profesional.
Además de estas lecturas, como buenamente podía la Sra. Tentáculos en casa, porque los cómics siempre han sido caros, por lo menos desde que yo los conozco; la Sra. Tentáculos, como digo, siempre que podía llevaba a casa de vez en cuando algún que otro Mortadelo en aquellos días de cama y manta por culpa de las enfermades que los niños suelen tener cuando son pequeños. Como cualquier hijo de vecino, ante cualquier enfermedad que requiriera los cuidados de una madre atenta, uno debía quedarse en casa reposando la fiebre de los resfriados y los dolores de barriga o de oído, y esos momentos eran más llevaderos con un Mortadelo en la mano, y con las atenciones de una madre preocupada y siempre al quite ante cualquier problema, con respuesta para todo.
En mi última época como estudiante de EGB, recuerdo que llegó a la biblioteca escolar una remesa de cómics que ya me pusieron sobrealerta de que había algo más que yo no conocía: de repente aparecieron en el aula un montón de cajas llenas de "Comix Internacional", "Zona 84", "1984"... y recuerdo que me quedé totalmente pasmado de lo que aquel tipo de cómic me estaba ofreciendo (además de porque salían mujeres en pelotas, ¡glups!), y me quedé especialmente fascinado por la forma de dibujar aviones de un autor que, por aquel entonces, para mí no tenía nombre; sólo un "Giménez" aparecía escrito en algunas viñetas. Y entonces hice algo que no debía: en una de esas revistas me encontré con una historia de 8 páginas, titulada "Entropía", con unos dibujos increibles. Trataba de aviones de la Segunda Guerra Mundial, que eran atacados por cazas alemanes y de repente aparecen naves espaciales, y donde antes había aviones, ahora hay naves, y donde antes aparecían naves, ahora había bombarderos. Yo no entendía nada (de hecho no entendía ni lo que significaba el título de esa historia), pero aquellos dibujos me estaban diciendo algo, aunque todavía no sabía qué. Así que tomé la decisión de que aquellas hojas debían ser mías; cogí unas tijeras, las recorté, las metí cuidadosamente en un cuaderno y me las llevé a casa. Durante años y años yo miraba y remiraba aquellas páginas robadas e intentaba averiguar a qué cómic pertenecían (ojo, que en milnovecientosochentaytantos no existía internet, ¿vale?). Casi 30 años después aún conservo aquellos recortes, guardados con cuidado entre las páginas del álbum al que pertenecen realmente, un álbum que compre, 20 años después, y firmado por el propio autor: "Cuestión de tiempo".
Una vez que terminé la EGB e inicié mis estudios de Bachillerato mi afición quedó en un estado de hibernación, un prolongado letargo que duró varios años en los que apenas leía algún que otro Mortadelo que seguía cayendo en mis manos ya que, por cuestiones de deberes de estudio, dejé de ir a la Biblioteca Municipal, y la biblioteca del centro donde estaba estudiando era prácticamente inexistente. Por otro lado, Fondo de Bikini no es que sea el lugar ideal donde comprar cómics. En la "Librería nueva", que es como conocíamos a la papelería-librería que había cerca de casa, de vez en cuando aparecía algo, imagino que como consecuencia de algún saldo o descatalogación de algún distribuidor, más que como signo claro de que se pudiera crear alguna que otra sinergia que permitiera la adquisición de cómics de forma más o menos normalizada. Con el paso del tiempo, y conforme mi colección iba creciendo, alguna que otra vez la Sra. Tentáculos me dice a grito pelado que a ver qué hace con tantos cómics, que en la casa de Fondo de Bikini no hay sitio y que tengo más que en todas las librerías del pueblo juntas, algo que nunca jamás he dudado que no fuera cierto, realmente.
Y así llegamos a aquella tarde en Granada en la que descubrí, encima de la mesa del salón, en aquel piso con piscina que sólo podíamos pagar porque éramos 7 estudiantes compartiendo piso, cada uno de su madre y de su padre, excepto yo y mi hermano, que dice la Sra. Tentáculos que compartimos padre y madre, y otros dos amigos hermanos que compartían madre y padre entre ellos (y que con el tiempo se convertirían en mi familia política -aunque yo aún no podía saberlo-); descubrí, insisto, varios ejemplares de un manga llamado "Akira", un cómic titulado "ADN", de un tal Fernando de Felipe y otro llamado "Basura" de un tío que firmaba como "Giménez" en algunas viñetas, y que respondía al nombre de Juan Giménez.
jueves, 8 de abril de 2010
El misterio de la coronación del Everest por Mallory e Irvine
A raíz de la lectura del cómic "La cumbre de los dioses" que he comentado en un post anterior, me empecé a interesar por la historia de la conquista de la cumbre de la montaña más alta del Planeta: el Everest y del intento de ascensión de Mallory e Irvine que les costó la vida, manteniendo la duda de si lograron llegar a la cima o no, ya que con los indicios con los que se cuenta hasta ahora no es posible obtener una respuesta segura. Lo que sí se da por seguro es que el accidente tuvo lugar durante el proceso de descenso. La duda reside en si ese descenso se produjo después de llegar a la cima o si en un momento dado decidieron abortar el intento. Son varias las preguntas sin respuesta que rodean este acontecimiento que le otorgan un misterio especial: la desaparación de los montañeros; el testimonio de Odell, uno de los expedicionarios que se quedó en el campo 5 (el anterior al campo desde el que se atacaría la cima), ya que fue el último en verlos con vida a lo lejos mientras intentaban salvar el último gran obstáculo antes de hollar la cima, y el descubrimiento, durante los años posteriores de varios de los objetos que portaban los dos montañeros desaparecidos y por último, por ahora, el hallazgo del cuerpo de George Mallory en 1999.
Para comprender un poco mejor la dureza que supone la coronación de esta cima, hay que tener en cuenta que no fue hasta mayo de 1953, casi 30 años después de que se produjera el intento que acabó en tragedia, cuando se subió por primera vez. Quienes consiguieron tal gesta fueron el neozelandes Hillary y el sherpa Tenzig Norgay que llegaron usando oxígeno de forma artificial. Por cierto, la foto de la derecha la realizó Hillary a Tenzig, por si habeis pensado que fue al revés, como lo pensé yo al verla , lo que hace aumentar aún más si cabe, la épica y la magia de esta primera coronación: la relación entre Sherpa y escalador había dejado de ser la similar a la que se establece entre señor y criado que hace el trabajo sucio.Según he estado viendo por ahí en algunas páginas especializadas, se comenta que últimamente todo el circo mediático que se ha montado alrededor de la ascensión al Everest ha desprestigiado un poco el hecho de su coronación. Incluso parece ser que a una altura de 8600 metros, una expedicion dejó en 1975 una escalera de aluminio para salvar un potente desnivel, y que aún sigue ahí. Por lo que se dice, pocas veces se ha subido a la cumbre por esa ruta sin usar esa escalera y, en teoría, Mallory e Irvine salvaron ese punto en su dia mediante escalada libre ya que según el testimonio de Odell ya habrían superado ese desnivel cuando los vió en la distancia, algo que hoy día realmente presenta muchas dudas.
Cómo nacen las leyendas: la expedición de 1924
La de 1924 es la segunda expedición que tenía como objetivo prioritario hollar la cumbre, despues de la de 1922, también británica, ya que la conquista del Everest se convirtió casi en una cuestión de carácter nacional. Así pues, el 8 de junio de 1924, Mallory e Irvine inician, a una altitud de 8146 metros (el Everest tiene una altura de 8853), lo que sería el ataque definitivo a la cima desde el campo 6.
Odell, otro compañero de la misma expedición, comenzó a ascender, ese mismo día, desde el campo 5 al 6 para realizar algunos estudios geológicos y, alrededor del mediodia, gracias a un claro que se abre en las nubes durante un breve lapsus de tiempo cree distinguir en la lejanía dos puntos que ascienden hacia la cumbre, en un punto indeterminado que Odell no supo nunca indicar con claridad. Según su primera versión se encontraban sobrepasando el último escalón antes de llegar a la cumbre, que se encontraba a apenas unos 500 metros, con lo que la llegada a la cima sería más que segura dada la experiencia de Mallory, dando a entender que el accidente que les costaría la vida se produciría durante el descenso, despues de su coronación, sin duda alguna.
Odell, una vez que tuvo esta visión, siguió subiendo hasta llegar al campo 6, que fue de donde partieron sus dos compañeros unas horas antes y donde una tormenta le sorprende y obliga a resguardarse en la tienda, la cual debe abandonar poco despues ya que sólo tiene capacidad para dos personas y, evidentemente debe acoger a Mallory e Irvine a su regreso. Al día siguiente Odell vuelve a subir al campo 6 ante la ausencia de noticias y se lo encuentra exactamente en el mismo estado en el que se lo dejó el día anterior, sin señal alguna de que allí hubiera estado otra persona distinta a él, desde que lo dejara todo preparado para coger la vuelta de sus compañeros. Varios días después, y ante la ausencia de cualquier indicio que hiciera pensar que los dos alpinistas siguieran con vida, y ante la imposibilidad de sobrevivir en condiciones tan adversas a la interperie, la expedición deja el Everest el 11 de junio sabiendo que nunca más volverían a verlos.
Las grandes dudas
Por ahora no se sabe a ciencia cierta si ambos escaladores consiguieron llegar a la cima. Sin embargo, está más que aceptado que el trágico accidente se produjo durante el descenso, seguramente porque Irvine tuvo un problema y Mallory fue arrastrado por él hasta que la cuerda que los unía se rompió. Mallory, aún con vida pero con graves lesiones y huesos rotos, terminaría muriendo poco despues. Los hechos objetivos son los siguientes:
- En 1933 se encontró el piolet de Irvine abandonado. En teoría, un escalador no abandona jamás una herramienta tan valiosa como ésta y fue encontrado a 8400 metros, a una altura inferior a la que supuestamente los vio Odell escalando, por lo que el accidente en el que Irvine lo perdió, se produjo en el descenso.
- En 1991 se encontraron ocultas y abandonadas las botellas de oxígeno que utilizaron durante la escalada.
- En 1999, una expedición estadounidense hace un descubrimiento espectacular al encontrar el cadáver congelado y semienterrado de Mallory a una altura de entre 8000 y 8300 metros.
Recapitulando hasta ahora, lo mejor es ver esta foto que he encontrado por ahí (agrandar para poder apreciar mejor):
- La línea amarilla marcaría la ruta que escogieron ambos escaladores. Según los expertos, para los medios de la época es imposible coronar por ahí. Casí al inicio de ella, a la izquierda, marcado con un "C6", se indica desde donde comenzaron la escalada final.
- El punto marcado como "Second Step", indica el punto donde Odell divisó, en la distancia, a los dos puntos negros escalando que el identificó como Mallory e Irvine.
- Donde pone "Ice Ax" es el lugar en donde apareció, en 1933 el piolet de Irvine.
- La línea roja marcaría el posible punto donde se despeñaron y que termina en el lugar en el cual se encontró el cadaver de Mallory en 1999. El cuerpo de Irvine no ha sido encontrado jamás y sigue oculto en la montaña.
Es evidente que los hallazgos tanto del piolet como del cuerpo sugieren que el accidente, se produjo durante el descenso. El descubrimiento del cuerpo de Mallory, vino a poner sobre la mesa nuevas pruebas, que en todo caso, no solucionaban nada, pero que iban a aumentar aún más, si cabe, la lógica duda de su posible coronación y el misterio de esta expedición.
- Por una parte, las gafas de sol de Mallory se encontraron en sus bolsillos, lo que inequívocamente nos dice que cuando se produjo el accidente era de noche o bien existía una gran falta de luz. Dado que el testimonio de Odell se sitúa al mediodía, hay dudas sobre lo que ocurrió realmente durante ese período de tiempo y si les dió tiempo a alcanzar la cima antes de que se les echara la noche encima.
-Según testimonio de una de sus hijas, Mallory llevaba consigo una foto de su mujer, que había prometido dejar en la cima en el caso de haber conseguido alcanzarla. Sin embargo, esa foto no se encontró nunca en el cadáver ni en ninguna de sus pertenencias. ¿Acaso cumplió su promesa de dejarla en la cima en honor a su esposa?
Es probable que alguno de estos misterios pudiera resolverse si se encontrara algún día la cámara que ambos portaban y que les había entregado mientras descendía de su intento el expedicionario que, justo antes que Mallory e Irvine, intentó sin éxito alcanzar la cima. Según los expertos, si dicha cámara se encontrara es probable que contuviera dentro la película fotográfica y, dado las condiciones de congelación, y el tipo de material usado durante esa época, pudiera extraerse alguna que otra imagen que arrojara luz sobre todo esta historia tan cargada de matices románticos, otorgados por aquellos que van abriendo camino para que otros los sigan, de los pioneros que nos indican a los demás, en definitiva, por donde debemos ir.
Última imagen que se tiene de los escaladores, justo antes de iniciar el ascenso que les costó la vida
Odell, otro compañero de la misma expedición, comenzó a ascender, ese mismo día, desde el campo 5 al 6 para realizar algunos estudios geológicos y, alrededor del mediodia, gracias a un claro que se abre en las nubes durante un breve lapsus de tiempo cree distinguir en la lejanía dos puntos que ascienden hacia la cumbre, en un punto indeterminado que Odell no supo nunca indicar con claridad. Según su primera versión se encontraban sobrepasando el último escalón antes de llegar a la cumbre, que se encontraba a apenas unos 500 metros, con lo que la llegada a la cima sería más que segura dada la experiencia de Mallory, dando a entender que el accidente que les costaría la vida se produciría durante el descenso, despues de su coronación, sin duda alguna.
"Toda la arista somital y la cumbre del Everest se hallaban despejadas. Mis ojos quedaron fijos en el pequeño punto negro que se recortaba en una cresta de nieve situada debajo de un resalte rocoso de la arista; el punto negro se movió. Entonces apareció otro punto negro que se desplazó por la nieve hasta reunirse en la cresta con el primero. Este se aproximó entonces al gran escalón rocoso y al poco apareció en lo alto; el segundo le imitó. Entonces, toda aquella fascinante visión se desvaneció, una vez más envuelta en nubes". (Copiado de Nocheenlaciudad.lacoctelera.net)Sin embargo, con el paso del tiempo Odell reconoció que nunca supo con claridad en que posición exacta pudo verlos y según los expertos, ese último obstáculo, el lugar donde con posterioridad se puso la escalera de la foto, era demasiado difícil de escalar con los medios de la época y la aptitudes de Mallory y sobre todo de Irvine, un alpinista menos experimentado pero que Mallory escogió por tener más conocimientos en el uso del material que les permitiría poder utilizar oxígeno artificial. Además, según Odell lograron sortear ese obstáculo muy rápidamente y teniendo en cuenta la dificultad que presentaba, hoy día se cree con bastante probabilidad que Odell estaba confundido realmente con el lugar exacto en que los vio.
Odell, una vez que tuvo esta visión, siguió subiendo hasta llegar al campo 6, que fue de donde partieron sus dos compañeros unas horas antes y donde una tormenta le sorprende y obliga a resguardarse en la tienda, la cual debe abandonar poco despues ya que sólo tiene capacidad para dos personas y, evidentemente debe acoger a Mallory e Irvine a su regreso. Al día siguiente Odell vuelve a subir al campo 6 ante la ausencia de noticias y se lo encuentra exactamente en el mismo estado en el que se lo dejó el día anterior, sin señal alguna de que allí hubiera estado otra persona distinta a él, desde que lo dejara todo preparado para coger la vuelta de sus compañeros. Varios días después, y ante la ausencia de cualquier indicio que hiciera pensar que los dos alpinistas siguieran con vida, y ante la imposibilidad de sobrevivir en condiciones tan adversas a la interperie, la expedición deja el Everest el 11 de junio sabiendo que nunca más volverían a verlos.
Las grandes dudas
Por ahora no se sabe a ciencia cierta si ambos escaladores consiguieron llegar a la cima. Sin embargo, está más que aceptado que el trágico accidente se produjo durante el descenso, seguramente porque Irvine tuvo un problema y Mallory fue arrastrado por él hasta que la cuerda que los unía se rompió. Mallory, aún con vida pero con graves lesiones y huesos rotos, terminaría muriendo poco despues. Los hechos objetivos son los siguientes:
- En 1933 se encontró el piolet de Irvine abandonado. En teoría, un escalador no abandona jamás una herramienta tan valiosa como ésta y fue encontrado a 8400 metros, a una altura inferior a la que supuestamente los vio Odell escalando, por lo que el accidente en el que Irvine lo perdió, se produjo en el descenso.
- En 1991 se encontraron ocultas y abandonadas las botellas de oxígeno que utilizaron durante la escalada.
- En 1999, una expedición estadounidense hace un descubrimiento espectacular al encontrar el cadáver congelado y semienterrado de Mallory a una altura de entre 8000 y 8300 metros.
Recapitulando hasta ahora, lo mejor es ver esta foto que he encontrado por ahí (agrandar para poder apreciar mejor):
- La línea amarilla marcaría la ruta que escogieron ambos escaladores. Según los expertos, para los medios de la época es imposible coronar por ahí. Casí al inicio de ella, a la izquierda, marcado con un "C6", se indica desde donde comenzaron la escalada final.
- El punto marcado como "Second Step", indica el punto donde Odell divisó, en la distancia, a los dos puntos negros escalando que el identificó como Mallory e Irvine.
- Donde pone "Ice Ax" es el lugar en donde apareció, en 1933 el piolet de Irvine.
- La línea roja marcaría el posible punto donde se despeñaron y que termina en el lugar en el cual se encontró el cadaver de Mallory en 1999. El cuerpo de Irvine no ha sido encontrado jamás y sigue oculto en la montaña.
Es evidente que los hallazgos tanto del piolet como del cuerpo sugieren que el accidente, se produjo durante el descenso. El descubrimiento del cuerpo de Mallory, vino a poner sobre la mesa nuevas pruebas, que en todo caso, no solucionaban nada, pero que iban a aumentar aún más, si cabe, la lógica duda de su posible coronación y el misterio de esta expedición.
- Por una parte, las gafas de sol de Mallory se encontraron en sus bolsillos, lo que inequívocamente nos dice que cuando se produjo el accidente era de noche o bien existía una gran falta de luz. Dado que el testimonio de Odell se sitúa al mediodía, hay dudas sobre lo que ocurrió realmente durante ese período de tiempo y si les dió tiempo a alcanzar la cima antes de que se les echara la noche encima.
-Según testimonio de una de sus hijas, Mallory llevaba consigo una foto de su mujer, que había prometido dejar en la cima en el caso de haber conseguido alcanzarla. Sin embargo, esa foto no se encontró nunca en el cadáver ni en ninguna de sus pertenencias. ¿Acaso cumplió su promesa de dejarla en la cima en honor a su esposa?
Es probable que alguno de estos misterios pudiera resolverse si se encontrara algún día la cámara que ambos portaban y que les había entregado mientras descendía de su intento el expedicionario que, justo antes que Mallory e Irvine, intentó sin éxito alcanzar la cima. Según los expertos, si dicha cámara se encontrara es probable que contuviera dentro la película fotográfica y, dado las condiciones de congelación, y el tipo de material usado durante esa época, pudiera extraerse alguna que otra imagen que arrojara luz sobre todo esta historia tan cargada de matices románticos, otorgados por aquellos que van abriendo camino para que otros los sigan, de los pioneros que nos indican a los demás, en definitiva, por donde debemos ir.
Andrew "Sandy" Irvine (izquierda) y George Leigh Mallory
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