lunes, 21 de marzo de 2011

Cómics que me gustan: El almanaque de mi padre

Título: El almanaque de mi padre
Autor: Jiro Taniguchi.
Editorial: Planeta de Agostini, 2008
Encuadernación: 1 vol, en cartoné, 272 pag.

"Cuando pienso en mi pueblo...siempre me viene a la mente la misma escena. Era a primeras horas de una tarde de principios de primavera. Yo todavía era pequeño y jugaba sentado en el suelo de la barbería de mi padre. El suelo inundado de sol era cálido y acogedor. Yo recuerdo aquel momento como el más feliz de mi infancia".

Con este texto de entrada, acompañado de unas imágenes evocadoras, comienza uno de los cómics más intensos y emotivos que he leído nunca. El mundo del cómic, en la eterna búsqueda de obras maestras que reivindiquen su posición en el mundo del arte, siempre pone este título en la cesta de "obras imprescindibles del cómic que demuestran que es un medio digno de contar cualquier tipo de historia". Y en cierto modo es verdad, pero a fuerza de aplicarlo de forma genérica es un argumento que poco a poco va perdiendo intensidad. El cómic tiene que ser un medio lo suficientemente maduro como para aportar continuamente obras de calado sin necesidad de estar reclamando un poco más de atención por parte de los demás, y ésta es una las patas cojas y rotas de este mundillo.

El caso es que en su día, este cómic mostró en España la otra cara del cómic japonés, el manga, ya que hasta ese momento la práctica totalidad del cómic proveniente de aquel país se basaba en la violencia y en uso de viñetas con contenido explícito en sexo cuyo principal destinatario eran los lectores adolescentes. En realidad, Japón es un mundo donde el cómic ha tenido, y sigue teniendo, un gran calado popular, y el manga que llegó a nosotros a mediados de los noventa no fue sino una simple avanzadilla de la enorme variedad temática y de estilos que allí se publica. Con el paso del tiempo el propio mercado del manga fue madurando y se han creado diversas "líneas" o tendencias (clonando el enorme mercado japonés, pero a escala nacional), cada una con su público, y fue dejando atrás su etiqueta de cómic ultraviolento con alto contenido sexual para adolescentes que tanto le gustaba a los medios de comunicación vocear a los cuatrovientos cuando el manga llegó a España (y hay que decir que lo hicieron muy bien, pues después de tantos años es una coletilla que aún perdura). Además, este cómic nos presentó al que es un autor hoy día totalmente consagrado y admitido sin ningún género de dudas como uno de los grandes.

En el año 2006, yo era el que coordinaba una pequeña sección de cómics en un portal especializado en bibliotecas, y le pedí a un experto en el tema que me escribiera unas líneas sobre el fenómeno manga, y que lo hiciera teniendo presente el tipo de usuario de ese portal: biblitotecarios que, seguramente, no tenían ni idea de lo que era el manga, y si acaso tenían algun conocimiento previo, seguramente serían prejuicios en relación a las leyendas que rodean el cómic de origen nipón. El resultado fue un pequeño texto introductorio donde se explicaban esas tendencias y que te recomiendo que le eches un vistazo si quieres saber algo más sobre el mundo que rodea a la publicación de mangas.

En realidad, la obra que me toca comentar hoy no tiene nada que ver con la violencia ni el sexo, y sí con el mundo de los sentimientos y las emociones, y es en este campo donde un autor como Jiro Taniguchi gana por goleada. Sus obras tienen una sensibilidad especial a la hora de tratar ciertos temas y prácticamente cada nuevo título es sinónimo de altísima calidad. Yo comparo a Taniguchi con Scorsese en el cine: es capaz de contarte muchas veces la misma historia y con el mismo protagonista y, aún a pesar de eso, te sigue enganchando y sorprendiendo cada vez más. Bueno, yo a eso lo llamo talento en estado puro. Hay gente que tiene ese don especial, y es una de las cosas que yo más envidio, el talento para contar historias o hacer algo que provoque emociones a la gente: puede ser un cómic, una película, un dibujo, una foto, una canción... lo que sea.

En este caso, se nos cuenta una historia que tiene tintes autobiográficos pero imagino que dramatizada en el sentido de meter más elementos de ficción que dieran consistencia a la obra. "El almanaque de mi padre" narra la historia de Youichi, que lleva varios años fuera de su pueblo, al que vuelve porque le comunican la muerte de su padre, con el que no se hablaba desde hacía mucho tiempo y con el que no llevaba una buena relación desde el divorcio de sus padres. Youichi, sin ninguna ganas de volver a los lugares donde se desarrolló su infancia, al final decide ir al velatorio de su padre movido más por la insistencia de su mujer que por sus propios deseos. Allí se reencontrará con sus familiares que lo reciben con los brazos abiertos a pesar de todo, los cuales le irán descubriendo poco a poco nuevas facetas de su padre, una cara que él desconocía y que le abren los ojos a una realidad y a un hombre al que Youichi realmente desconocía pues siempre le dio la espalda.

Por qué me gusta
La verdad es que son muchos los puntos con los que este cómic me enganchó y, en cierta medida, me ví (o me he visto) reflejado.

En primer lugar, yo creo que todo aquel que se ha ido de casa en un momento dado para iniciar sus estudios universitarios se verá un poco representado en este cómic. No me refiero a irte de tu casa para irse a un piso de estudiantes en otro barrio de tu ciudad, y que vuelves a casa siempre que necesitas que tu madre te prepare comida para la semana, no. No me refiero a ese tipo de pijadas. Hablo de esa sensación de desarraigo y cierto abandono que se produce cuando te vas del nido porque te toca vivir tu vida, con lo que todo ello representa, y con esa especie de ruptura que se produce con los que se quedan en el pueblo, y el peligro de que esa brecha que se abre, sea cada vez más grande. También muchas veces ocurre que queremos dejar atrás esa vida anterior para iniciar otra realmente nueva y, quizá, esa sensación de volver al pueblo represente en ocasiones un reencuentro con un pasado al que no se quiere regresar.

En el caso de "El almanaque de mi padre" (que por cierto yo creo que hubiera sido más correcta una traducción del tipo "El diario de mi padre" -es la impresión que tengo-), el protagonista se va de casa con la idea de no volver más, o por lo menos de dejar atrás su vida anterior. En realidad, Youichi lo que quiere es escapar de su propia familia, y más concretamente de su padre. Y aquí, yo creo, está uno de los puntos fuertes de esta historia, y que realmente uno comprende cuando se va haciendo mayor, forma una familia y tiene hijos: que el padre y la madre, además de ejercer como tales, son también una pareja que entre ellos mantiene una relación sentimental, con las dificultades que esto conlleva por sí mismo para mantener un equilibrio precario. Y este plano de la historia es el que los hijos no suelen (solemos) tener en cuenta y que Taniguchi retrata con tanto estilo como delicadeza.

Así pues, Youichi irá descubriendo esa faceta de sus padres, junto con otras, contada por boca de sus propios parientes, haciéndole ver detalles que pasaron desapercibidos a su mirada de niño pero que ahora, con el transcurso del tiempo y la llegada de su madurez, comprenderá sin problemas. Además, esa comprensión le dejará, irremediablemente un poso muy amargo de arrepentimiento. Porque ésa es otra de las lecturas que deja este "Almanaque de mi padre": el hecho de si en nuestro trato con nuestros progenitores hemos sido lo justos que deberíamos haber sido, y la necesidad de reconocer los esfuerzos y sacrificios que nuestros padres y madres han tenido que hacer para sacarnos adelante. Porque otra cosa no, pero hay que ser conscientes de que durante la infancia podemos llegar a ser bastante egoístas (y qué decir de la adolescencia...).

Y hay un diálogo que refleja perfectamente este sentimiento. Cuando Youichi se va del pueblo a estudiar a la gran ciudad, deja su querido perro Koro al cuidado de su padre, perro al cual ya no le hizo ni caso a pesar del gran cariño que le tenía. Durante el velatorio, su tio le dice unas palabras que resumen perfectamente el espíritu de este gran cómic:

"¿Quien piensas que se encargó de Koro cuando tú te fuiste? Tu padre. ¿Y sabes por qué? Cuidó de Koro con cariño para que, en cualquier momento que volvieras, te llevaras una alegría. Cuidó del perro que tú abandonaste"


Y la verdad es que no sólo a Youchi se le hace un nudo en la garganta al llegar a esta página.