domingo, 18 de diciembre de 2011

El desastre de Annual (I). Prólogo: Bajada escalonada a las cloacas de la historia española.

Hay veces en los que un acontecimiento, una historia, un detalle, llega a mí de la forma más imprevista y de repente me encuentro totalmente absorvido por ella; llega un momento en el que parece que nada hay más allá de eso para mí. Ocurre entonces que me obsesiono y no consigo apartarla de mi cabeza, y mi mente ya no puede pensar y centrarse en otra cosa. Me he dado cuenta de que suele ocurrirme con historias que contienen potentes elementos nostálgicos y dramáticos; con historias antiguas que en su día tuvieron mucha fuerza o que marcaron un período histórico pero que que han terminado cayendo en el olvido; y he llegado a la conclusión de que hay un componente en todas ellas que esta presente y que actúa como un potente imán para mi atención: esas historias suelen estar protagonizadas por gente y personajes que, en definitiva, salieron como perdedores. Cuando encuentro un tema de esta naturaleza, no es que lo busque a propósito, sino que llega a mí de cualquier forma y de la manera más fortuita, entonces mi mente se nubla y entra a funcionar el mecanismo que mi formación como documentalista ha hecho crecer internamente, pero que se encuentra siempre en un permanente estado de hibernación, listo para entrar en acción a la menor oportunidad: es hora de buscar toda la información posible sobre el tema para conocerlo mejor.

Y ahora, gracias a un post de un blog que me gusta mucho visitar de forma periódica, me he encontrado de repente con una historia potentísima que contiene todos los elementos anteriormente mencionados. Además, hay que tener en cuenta que la historia que contaré en las próximas entregas está relacionada con un sitio para mi muy próximo y querido: la ciudad de Melilla, lo cual hace que aún me sea más cercana. Pero no sólo eso, por lo que he ido descubriendo poco a poco conforme avanzo más y me sumerjo en los tristres y terribles hechos que la componen, me voy dando cuenta de que muchas de las percepciones que yo he tenido en mis continuas visitas a esta ciudad española van tomando cuerpo y se van organizando poco a poco en mi mente, dando sentido a muchas de las impresiones que, con el tiempo, he ido acumulando.

Soldados españoles durante la guerra de 1909. Fuente
Desde la primera vez que visité Melilla siempre he insistido en esa especie de halo misterioso que he sido capaz de percibir de la cual nunca he sabido su origen ni su naturaleza. Melilla siempre me ha parecido un sitio especial que me produce cierto desasosiego. Nunca he sabido decir exactamente el por qué, pues era una sensacion íntima y personal, y yo, que no conozco apenas nada de su historia, y con mis limitaciones a la hora de expresarme, unido a mi reducido control en el vocabulario, me resultaba complicado de explicar. De cualquier forma no considero esta capacidad como algo especial digno de ser reconocido. Cualquiera que ha visitado esta ciudad seguramente es capaz de sentir esa misma sensación, porque es algo que flota en el ambiente y casi te envuelve a poco que seas un poco sensible a ciertas señales, o simplemente tengas un mínimo de interés en observar el mundo que te rodea y el preguntarte según qué cosas.

Hablando con amigos, medio en serio, medio en broma (e incluso lo dejé comentado en su día, aquí en el blog), siempre he comparado Melilla con la ciudad ficticia de Minas Tirith de El Señor de los Anillos: una ciudad fronteriza entre dos mundos, dos religiones enfrentadas desde siempre, y probablemente para siempre. Con todo lo que ello conlleva: las épocas de duras batallas y tiempos de paz frágil se suceden en el tiempo y dejan su huella en la gente, marcan su modo de vida, su contexto social del día a día, y no sólo en la historia que leemos en los libros y que nos enseñan en las escuelas, (paradójicamente lo que contaré hoy no nos lo han enseñado en las escuelas nunca, aunque seguramente todos hemos oido hablar de ello), pero no conocemos los detalles precisos que dan su verdadera dimensión. Por eso, por esta razón, por esa huella que dejan los acontecimientos complejos y terribles en esa especie de sentimiento colectivo, abstracto, que no se ve pero que se siente; por eso, insisto, nunca entenderé el actual estado de dejadez y de dejarse llevar que hoy día tiene el melillense. Siempre diré que, actualmente, la ciudad de Melilla que yo conozco es una ciudad anestesiada y aletargada. Ha pasado de ser una ciudad donde se ha escrito Historia (con mayúsculas) a ser un sitio que ve pasar la historia. Probablemente el origen de esta decadencia haya que venir a buscarla en los hechos que pasaron en el lejano año de 1921, y que serán el centro de esta serie posts, cuando Melilla, conscientemente o no, jugaba a buscar su lugar de importancia en la historia y terminó perdiendo la partida de la forma más desastrosa posible.

Porque hay que decir que la actual prosperidad económica de Melilla no es sino una mera ilusión, un espejismo provocado y subvencionado por el Estado español y la Unión Europea. Detrás de esa prosperidad económica no hay nada: no hay explotación de recursos naturales (de hecho no tienen recursos naturales, obviamente), por lo tanto no hay industria; apenas hay comercio, no hay ninguna actividad que merezca especial atención, la productividad de la ciudad es básicamente inexistente y ni siquiera es capaz de autoabastecerse, depende 100% de su entorno exterior. El sector primario y secundario de su economía simplemente no existe; en cuanto al comercio, está en manos marroquíes en casi su totalidad. En Melilla la única actividad económica próspera es presentarse a una oposición.

Esa naturaleza especial de la ciudad de la que hablaba, se nota nada mas llegar, tanto si usas el barco como el avión, aunque yo lo siento sobre todo en barco, donde la parsimonia de la operación de aproximación y atraque te hace vivir con más calma el momento de la llegada. Siempre he dicho que si vienes a Melilla una vez en la vida, lo hagas en barco, no en avión pues las sensaciones son diferentes, muy diferentes. Uno sale de la península y varias horas después llegas al Cabo de Tres Forcas, ya en el continente africano, un territorio que se ve poco acogedor y amenzante: kilómetros y kilómetros de territorio montañoso con grandes desniveles y acantilados que cortan casi a pico el territorio al llegar al mar: es la parte oriental de lo que se conoce como "El Rif". Conforme avanza el viaje, se divisa la primera zona de explanada donde se ubica Melilla. Un pequeño valle, a los pies del imponente monte Gurugú que domina claramente el terreno donde se ubica la ciudad: una pequeña extensión de tierra menos abrupta, formada probablemente por las avenidas fluviales que durante siglos y siglos fue generándose en la desembocadura del llamado Rio del Oro; un pequeño trozo de tierra sobre el que se ha asentado la ciudad desde hace miles de años, bajo otros nombres y otras culturas, evidentemente. Y predominante, sobre una pequeña península rocosa, la ciudadela que dió origen a la actual ciudad cristiana de Melilla. A sus pies, lo que en su día debía de ser un lugar inhóspito y amenazador, es ahora la ciudad moderna que necesitó salir de extramuros a comienzos del siglo XX para desarrollarse y que está llegando, casi, a sus limites posibles de expansión territorial. Mas allá ya se encuentra la frontera y territorio marroquí.
El monte Gurugú, dominando el paisaje desde cualquier punto de Melilla. En primer término, el actual puerto deportivo
La misma panorámica casi desde la misma posición. Fuente
Todo esto es perfectamente visible cuando te vas aproximando poco a poco con el barco. La duración del viaje, que ahora se reduce a (sólo) 8 horas desde la península, te ayuda a situar un poco en contexto la llegada de los primeros expedicionarios castellanos allá por el siglo XV poco después de terminada la mal llamada Reconquista. Está claro que no puede compararse con otros grandes acontecimientos como el descubrimiento de América, pero el establecimiento de esos lejanos antepasados nuestros en tierras desconocidas, no deja de tener un resplandor exclusivo. Hay que tener en cuenta el origen fenicio de la ciudad, como centro económico y comercial de la zona, o sus épocas de abandono y ruina hasta que, en 1497, Pedro de Estopiñán la toma en nombre del Ducado de Medina Sidonia y, poco después, pasa a pertenecer a la Corona de Castilla. Cuando uno llega a Melilla es capaz de visualizar todo esto simplemente levantando la vista y mirando al frente. Luego, cuando pisas tierra firme, muchas de esas sensaciones se afianzan y acrecientan. Cuando paseas por la ciudad te das cuenta de que no estás en cualquier sitio.

A mí me pasa y es espectacular sentirlo.

El caso es que estas sensaciones que he ido acumulando con el tiempo y con mis continuas visitas a la ciudad y que yo no podía explicar, como decía al principio, poco a poco van encontrando su origen y conclusiones: unas veces derivadas de la propia observación; otras porque son cosas que vas conociendo gracias a muchas interesantes historias que me cuenta mi suegro de vez en cuando. Yo no conozco apenas nada de la historia de Melilla, me parece un lugar tan rico en historia que nunca he sabido por donde empezar y creo que el acontecimiento que voy a contar aquí va a ser un inmejorable punto de partida. Aunque sea uno de los episodios más tristes y terribles que ha pasado en la historia contemporánea de este país. Pero lo más triste no es eso, lo peor es que, casi 100 años despues de que estos trágicos acontecimientos sucedieran, la situación del país no difiere mucho, en líneas generales, de lo que pasó en aquellos primeros años del siglo XX y que trajeron la desaparición y exterminio de todo un ejercito compuesto de más de 10.000 soldados que fueron llevados a Marruecos a morir en las más penosas y terribles circunstancias en apenas dos semanas.

Siempre me ha llamado la atención el poco interés que de forna habitual se le ha prestado en las diferentes etapas de la educación escolar a la historia contemporánea de este país, más concretamente a ese período de tiempo que trascurre desde la finalización de la Guerra de Independencia hasta mitad de la dictadura de Franco, aproximadamente. Yo siempre achaque esta falta a que, debido a la premura de tiempo en los años académicos, cuando tocaba estudiar este parte de la historia, ya apenas quedaba tiempo para profundizar en los temas y, como consecuencia, en el mejor de los casos, se hacía una visión muy general de esos años. Mi impresión ahora es que quizá algo tenga que ver que fueron precisamente durante esos años cuando se derrumbó definitivamente todo el sistema en el que se basaba el gobierno de España y se vinieron abajo las colonias que teníamos repartidas por todo el mundo.

Y resulta todavía mas complicado de entender este olvido generalizado porque precisamente muchos hechos ocurridos durante este período histórico son el origen de muchas de las situaciones que hoy vivimos y y son en estos acontecimientos donde hay que ir a buscar las respuestas de lo que pasa hoy día. De hecho, pienso que la situación de España hoy día es muy similar, sino idéntica, de la que se vivía a principios del siglo XX. Lo veremos durante las próximas entregas.

España en el norte de Marruecos

Fuente
Pero si hay una parte prácticamente olvidada de la historia de España, y entramos ya en materia, es toda aquella relacionada con la presencia española en el norte del continente africano. No nos referimos a las ciudades de Ceuta y Melilla, que son españolas desde el siglo XV, como pueda serlo, por ejemplo, Granada, sino a las aventuras que empezó España a tener con una parte del territorio marroquí sobre todo desde finales del XIX a mediados del XX, lo que se conoce como "El protectarado español en Marruecos". Y es aquí, en este contexto histórico donde hay que ubicar los hechos que han pasado a la posteridad como el desastre de Annual y el derrumbamiento de toda la zona de la Comandancia General de Melilla, gracias a la incompetencia manifiesta de la cúpula militar que en aquellos años dirigía las acciones militares al otro lado del Mediterráneo. Y volviendo al tema del olvido, es llamativo que incluso la Sra. Calamarda, que es de Melilla, no conozca detalle alguno de esta terrible historia que podría haber traído consecuencias aún más fatales que las que trajo de por sí para su ciudad. De hecho, como veremos, el llamado desastre de Annual hizo que se cayera casi por completo el sistema sobre el que se sustentaba el gobierno en aquellos momentos en España y que, en definitiva, vino a desembocar en una guerra fraticida y una larga y complicada dictadura.

Yo ni soy historiador ni pretendo hacer un análisis profundo de nada, y mucho menos de este tema sobre el que estoy empezando a conocer detalles (cuanto mas arañas en la superficie, peor pinta tiene lo que va apareciendo), pero tampoco hay que ser muy listo para darse cuenta de que algunas razones que pueden haber provocado el olvido vienen derivadas de los siguientes puntos:

1. La razón más importante, sin duda, es que estamos hablando no de una derrota cualquiera, sino que, según los expertos, es la peor derrota del ejército español en toda su historia. Y las derrotas es mejor no recordarlas, parece ser.

a. La mayor no sólo en el número de muertes que provocó, sino también por la forma en la que se produjo. Estamos hablando de la muerte, en circunstancias especialmente penosas y terribles de un número de entre 10.000 y 12.000 soldados durante dos semanas trágicas que demostraron la total incompetencia del sistema militar español y su completa inoperancia. Para ubicar las cifras, hay que recordad que durante la Guerra Civil Española, desde 1936 a 1939, murieron alrededor de 30.000 soldados. Si nos ponemos a comparar, la cifra asusta.
b. Está claro que otros ejércitos han tenido un número de bajas extremadamente mayor en otras contiendas (sobre todo si vemos el número de bajas en la Primera y Segunda Guerra Mundial, donde estamos hablando de millones de muertos), y/o que han tenido su propia derrota ante tropas indígenas (Francia, Reino Unido o EE.UU han tenido sus propios ejemplos), eso es algo evidente. Pero en estos casos estamos hablando de unas guerras multitudinarias con máquinas de enorme poder destructor (PGM y SGM) o ejemplos de ejercitos colonialistas donde sus derrotas se produjeron ante un enemigo que les superaba en número y que lograron la victoria a pesar de no seguir los criterios de lo que podríamos llamar como un ejército más o menos organizado. La diferencia de Annual es que el ejercito español fue masacrado por un ejército muy inferior en número y preparación, de alrededor de 3.000 rifeños gracias a la incompentencia de unos personajes que conoceremos más adelante que únicamente buscaban su propia gloria personal, que no fueron capaces de reparar en los actos imprudentes en los que estaban incurriendo y que a la postre conllevaron una auténtica matanza indiscriminada y casi el colapso de todo un país. Porque hay que tener en cuenta que esos soldados fueron mandados a morir a una tierra que no valía absolutamente nada, ante los caprichos del poder que buscaba reverdecer viejos laureles colonialistas y volver a tener sus parcelitas coloniales en el mundo despues de la debacle reciente de la guerra de 1898 donde se perdieron los últimos territorios de ultramar.

2. En España es frecuente que se sienta vergüenza por la propia historia del país; y ya sabemos lo que pasa con los pueblos que olvidan su propia historia. No aprendemos, no aprendemos.... Y de un tiempo a esta parte todo lo que recuerda al ejército y a la bandera (si no hay un Mundial o una Eurocopa de fútbol de por medio, claro) huele a "facha" y desfasado. No lo queremos. Menudo error, ¿no? Así nos va. Pero ¿por qué ocurre esto? pues está claro, en mi opinión: después de la dictadura donde se hacía especial énfasis en el ardor guerrero de hazañas históricas pasadas y se veneraba a la bandera hasta la extenuación, ya estábamos hartos de todo eso. Pero tampoco es cuestión de meterlo todo en un baúl de los recuerdos, cerrarlo con llave y tirarla al mar. Porque yo creo que el olvido, más o menos teledirigido que se ha producido alrededor de todo lo que suena al Protectorado Español de Marruecos viene dado también porque en las campañas realizadas para "pacificar" la zona participaron, después de los hechos de Annual, un grupo de oficiales que lograron la gloria y el éxito personal y que tuvieron un papel más que relevante en los años inmediatamente posteriores. Por decir sólo un par de nombres: Francisco Franco y parte de la familia Primo de Rivera hicieron sus pinitos por allí (y no olvidemos que la Guerra Civil Española empezó, precisamente, en Melilla). Es decir, que todo lo que huele a "España en Marruecos" por añadidura, huele a facha. Como he dicho antes, ya sabemos lo que pasa a los pueblos que olvidan su historia. Eso sí, gracias al cine nos sabemos la de EEUU mejor que ellos.

3. Como he dicho antes, la situación que vivía España a principios del siglo XX no difiere mucho de lo que pasa a comienzos del XXI. Salvando las distancias, claro, las similitudes son muchas:

- España jugando a ser potencia mundial y a participar de la primera línea de la política internacional, cuando no deja de ser un juguete en las manos de las grandes naciones (y reales potencias) que la manejan a su antojo. Es un papel ficticio, imposible de mantener, que tiene sus consecuencias. Esto no me lo puede negar nadie.

- España es un país casi en ruina, que paga las consecuencias de su pobre e incompetente casta gobernante (me da igual si son de un lado o de otro, que quede claro).

- España está a merced de las "actuaciones" de las potencias de su entorno como una barquita en medio de una tormenta. Vale, esas "actuaciones" antes eran guerras y ahora son operaciones financieras. Pero quien termina pagando son siempre los mismos, los de abajo: antes, dejándose la vida en un campo de batalla lejano; hoy condenados de por vida durante más de una generación, pagando los excesos de unos pocos y encima nos hacen responsables a todos de lo que pasa, ante el advenimiento irreversible del IV Reich, esta vez de carácter económico. Quién le iba a decir a los alemanes que al final conseguirían con ordenadores y un poco de matemáticas lo que no pudieron hacer con tanques y aviones. La repera. Es la misma mierda de siempre. Esto no me lo puede negar nadie tampoco.

Lo que voy a contar durante unos cuantos post he de decir que no me lo he inventado pero tampoco he hecho una investigación histórica profunda; las cosas como son. El caso es que desde que esta historia llegó a mí ya no ha habido hueco para más en mi cabeza y he estado buscando información por internet y leyendo algunos libros. ¿Cuantos post escribiré sobre esto? pues la verdad es que aún no lo sé, yo espero llegar al final, pero como en definitiva se trataba de buscar toda la información posible sobre el tema, y poner un poco en orden las anotaciones que iba tomando conforme iba escarbando más y más en las distintas capas que la componen, una vez que haya saciado mi curiosidad lo mismo me canso a mitad y lo dejo estar hasta donde esté en su momento escrito. No sé. Desde luego aún es un tema que me apasiona y del que voy descubriendo poco a poco más y más cosas, así que es probable que llegue hasta el final. Lo que sí es cierto es que pido perdón (si acaso alguien se lee todo esto) por si cometo algún error (seguro que sí) en algún dato o fecha o lo que sea. Como digo, esto lo estoy haciendo sólo por organizar toda la información que he ido recopilando y si hay alguien, aunque sea una persona, a quien le he conseguido inyectar el interés por esta historia, me sentiré más que agradecido.

Por último, para cerrar este enorme prólogo, decir que la mayor parte de la información, sobre todo aquella que me ha permitido a poner cada cosa en su momento y lugar concreto, la he sacado de esta página, que juega a ser "aséptica", pero que no deja de tener un cierto tufillo sospechoso, sospechas que a uno se le confirman cuando ve la zona geográfica a la que pertenece el centro que la apadrina. Y aquí he de ser honesto: no sabía de ese apadrinamiento hasta que, una vez me empecé a dar cuenta de qué pie parfecía cojear, me puse a ver los "títulos de crédito" de la web y pensé "ok, esto explica algunas opiniones que van más allá de la mera exposición de hechos históricos". Da igual; lo que pasó en su día es lo que pasó, pero hay un pasaje (al que haré mención en su momento) donde este sesgo informativo es bastante evidente.

Acompáñame si te apetece en esta bajada hasta las cloacas de la historia española. Cada escalón que bajemos nos mostrará un matiz cada vez más penoso de un acontecimiento que ha pasado al olvido, menos para los que sobrevivieron a él, o para los familiares de los cerca de 12.000 soldados que dejaron su vida en las condiciones más terribles imaginables por culpa de la codicia y de la incompetencia de unos políticos corruptos en aquellos lejanos años de principios del siglo XX.

Soldados españoles en la guerra de 1921, seguramente aún no saben que van a morir en los próximos días. Fuente

viernes, 16 de diciembre de 2011

Gracias


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