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lunes, 21 de marzo de 2011

Cómics que me gustan: El almanaque de mi padre

Título: El almanaque de mi padre
Autor: Jiro Taniguchi.
Editorial: Planeta de Agostini, 2008
Encuadernación: 1 vol, en cartoné, 272 pag.

"Cuando pienso en mi pueblo...siempre me viene a la mente la misma escena. Era a primeras horas de una tarde de principios de primavera. Yo todavía era pequeño y jugaba sentado en el suelo de la barbería de mi padre. El suelo inundado de sol era cálido y acogedor. Yo recuerdo aquel momento como el más feliz de mi infancia".

Con este texto de entrada, acompañado de unas imágenes evocadoras, comienza uno de los cómics más intensos y emotivos que he leído nunca. El mundo del cómic, en la eterna búsqueda de obras maestras que reivindiquen su posición en el mundo del arte, siempre pone este título en la cesta de "obras imprescindibles del cómic que demuestran que es un medio digno de contar cualquier tipo de historia". Y en cierto modo es verdad, pero a fuerza de aplicarlo de forma genérica es un argumento que poco a poco va perdiendo intensidad. El cómic tiene que ser un medio lo suficientemente maduro como para aportar continuamente obras de calado sin necesidad de estar reclamando un poco más de atención por parte de los demás, y ésta es una las patas cojas y rotas de este mundillo.

El caso es que en su día, este cómic mostró en España la otra cara del cómic japonés, el manga, ya que hasta ese momento la práctica totalidad del cómic proveniente de aquel país se basaba en la violencia y en uso de viñetas con contenido explícito en sexo cuyo principal destinatario eran los lectores adolescentes. En realidad, Japón es un mundo donde el cómic ha tenido, y sigue teniendo, un gran calado popular, y el manga que llegó a nosotros a mediados de los noventa no fue sino una simple avanzadilla de la enorme variedad temática y de estilos que allí se publica. Con el paso del tiempo el propio mercado del manga fue madurando y se han creado diversas "líneas" o tendencias (clonando el enorme mercado japonés, pero a escala nacional), cada una con su público, y fue dejando atrás su etiqueta de cómic ultraviolento con alto contenido sexual para adolescentes que tanto le gustaba a los medios de comunicación vocear a los cuatrovientos cuando el manga llegó a España (y hay que decir que lo hicieron muy bien, pues después de tantos años es una coletilla que aún perdura). Además, este cómic nos presentó al que es un autor hoy día totalmente consagrado y admitido sin ningún género de dudas como uno de los grandes.

En el año 2006, yo era el que coordinaba una pequeña sección de cómics en un portal especializado en bibliotecas, y le pedí a un experto en el tema que me escribiera unas líneas sobre el fenómeno manga, y que lo hiciera teniendo presente el tipo de usuario de ese portal: biblitotecarios que, seguramente, no tenían ni idea de lo que era el manga, y si acaso tenían algun conocimiento previo, seguramente serían prejuicios en relación a las leyendas que rodean el cómic de origen nipón. El resultado fue un pequeño texto introductorio donde se explicaban esas tendencias y que te recomiendo que le eches un vistazo si quieres saber algo más sobre el mundo que rodea a la publicación de mangas.

En realidad, la obra que me toca comentar hoy no tiene nada que ver con la violencia ni el sexo, y sí con el mundo de los sentimientos y las emociones, y es en este campo donde un autor como Jiro Taniguchi gana por goleada. Sus obras tienen una sensibilidad especial a la hora de tratar ciertos temas y prácticamente cada nuevo título es sinónimo de altísima calidad. Yo comparo a Taniguchi con Scorsese en el cine: es capaz de contarte muchas veces la misma historia y con el mismo protagonista y, aún a pesar de eso, te sigue enganchando y sorprendiendo cada vez más. Bueno, yo a eso lo llamo talento en estado puro. Hay gente que tiene ese don especial, y es una de las cosas que yo más envidio, el talento para contar historias o hacer algo que provoque emociones a la gente: puede ser un cómic, una película, un dibujo, una foto, una canción... lo que sea.

En este caso, se nos cuenta una historia que tiene tintes autobiográficos pero imagino que dramatizada en el sentido de meter más elementos de ficción que dieran consistencia a la obra. "El almanaque de mi padre" narra la historia de Youichi, que lleva varios años fuera de su pueblo, al que vuelve porque le comunican la muerte de su padre, con el que no se hablaba desde hacía mucho tiempo y con el que no llevaba una buena relación desde el divorcio de sus padres. Youichi, sin ninguna ganas de volver a los lugares donde se desarrolló su infancia, al final decide ir al velatorio de su padre movido más por la insistencia de su mujer que por sus propios deseos. Allí se reencontrará con sus familiares que lo reciben con los brazos abiertos a pesar de todo, los cuales le irán descubriendo poco a poco nuevas facetas de su padre, una cara que él desconocía y que le abren los ojos a una realidad y a un hombre al que Youichi realmente desconocía pues siempre le dio la espalda.

Por qué me gusta
La verdad es que son muchos los puntos con los que este cómic me enganchó y, en cierta medida, me ví (o me he visto) reflejado.

En primer lugar, yo creo que todo aquel que se ha ido de casa en un momento dado para iniciar sus estudios universitarios se verá un poco representado en este cómic. No me refiero a irte de tu casa para irse a un piso de estudiantes en otro barrio de tu ciudad, y que vuelves a casa siempre que necesitas que tu madre te prepare comida para la semana, no. No me refiero a ese tipo de pijadas. Hablo de esa sensación de desarraigo y cierto abandono que se produce cuando te vas del nido porque te toca vivir tu vida, con lo que todo ello representa, y con esa especie de ruptura que se produce con los que se quedan en el pueblo, y el peligro de que esa brecha que se abre, sea cada vez más grande. También muchas veces ocurre que queremos dejar atrás esa vida anterior para iniciar otra realmente nueva y, quizá, esa sensación de volver al pueblo represente en ocasiones un reencuentro con un pasado al que no se quiere regresar.

En el caso de "El almanaque de mi padre" (que por cierto yo creo que hubiera sido más correcta una traducción del tipo "El diario de mi padre" -es la impresión que tengo-), el protagonista se va de casa con la idea de no volver más, o por lo menos de dejar atrás su vida anterior. En realidad, Youichi lo que quiere es escapar de su propia familia, y más concretamente de su padre. Y aquí, yo creo, está uno de los puntos fuertes de esta historia, y que realmente uno comprende cuando se va haciendo mayor, forma una familia y tiene hijos: que el padre y la madre, además de ejercer como tales, son también una pareja que entre ellos mantiene una relación sentimental, con las dificultades que esto conlleva por sí mismo para mantener un equilibrio precario. Y este plano de la historia es el que los hijos no suelen (solemos) tener en cuenta y que Taniguchi retrata con tanto estilo como delicadeza.

Así pues, Youichi irá descubriendo esa faceta de sus padres, junto con otras, contada por boca de sus propios parientes, haciéndole ver detalles que pasaron desapercibidos a su mirada de niño pero que ahora, con el transcurso del tiempo y la llegada de su madurez, comprenderá sin problemas. Además, esa comprensión le dejará, irremediablemente un poso muy amargo de arrepentimiento. Porque ésa es otra de las lecturas que deja este "Almanaque de mi padre": el hecho de si en nuestro trato con nuestros progenitores hemos sido lo justos que deberíamos haber sido, y la necesidad de reconocer los esfuerzos y sacrificios que nuestros padres y madres han tenido que hacer para sacarnos adelante. Porque otra cosa no, pero hay que ser conscientes de que durante la infancia podemos llegar a ser bastante egoístas (y qué decir de la adolescencia...).

Y hay un diálogo que refleja perfectamente este sentimiento. Cuando Youichi se va del pueblo a estudiar a la gran ciudad, deja su querido perro Koro al cuidado de su padre, perro al cual ya no le hizo ni caso a pesar del gran cariño que le tenía. Durante el velatorio, su tio le dice unas palabras que resumen perfectamente el espíritu de este gran cómic:

"¿Quien piensas que se encargó de Koro cuando tú te fuiste? Tu padre. ¿Y sabes por qué? Cuidó de Koro con cariño para que, en cualquier momento que volvieras, te llevaras una alegría. Cuidó del perro que tú abandonaste"


Y la verdad es que no sólo a Youchi se le hace un nudo en la garganta al llegar a esta página.



lunes, 18 de octubre de 2010

Cómics que me gustan: Museum

Título: Museum
Autor: Fernando de Felipe
Editorial: Glénat, 1994
Encuadernación: 1 vol. en cartoné, 48 p.

Coleccionismo: obsesiones enfermizas y manías
Es una realidad el hecho de que ser coleccionista, de lo que sea, conlleva, sin ningún género de dudas, la asunción de una serie de manías. Da igual si coleccionas abanicos, dedales o, como es mi caso, cómics. Como ya he comentado en entradas anteriores (I, II), fue en 1993 cuando inicié la que se podría considerar como mi colección oficial de cómics actual, mas allá de los clásicos tebeos de Mortadelo y Filemón que, más o menos, siempre tuve. El que me toca comentar hoy fue comprado en el lejano año de 1994, es decir, en la temprana época en la que mi colección cabía perfectamente en una o dos baldas de cualquier estantería de tamaño normal. La adquisición se produjo en Granada, e imagino que fue en cualquier día del último cuatrimestre de ese año. A pesar de haber pasado ya 16 años aún recuerdo perfectamente el momento de su compra.

Hay una razón por la cual digo que lo compré en esa fecha, y aquí es donde entra en juego una de mis manías con respecto a mi colección de tebeos. En un momento dado de la historia, cuando mi colección de Mortadelos empezó a crecer, decidí que de alguna forma había que personalizar cada uno de los ejemplares indicando a quién pertenecía. Por aquella época yo dejaba los cómics a mis amigos y de vez en cuando tocaba sufrir para que te los devolvieran, por lo que durante muchísimos años cumplí la máxima: "cómic que entra en casa después de comprado, cómic que ya no sale". Y esa regla ha estado vigente hasta hace bien poco, cuatro o cinco años, cuando en un acto de valentía extrema, volví a dejar un cómic a un amigo del curro que ya no está con nosotros. Bueno, dicho así parece otra cosa, simplemente es que se cambió de trabajo y de ciudad (y estoy seguro, completamente seguro, de que ha pasado a mejor vida, en el mejor sentido de la expresión, porque cuando uno vuelve a su tierra... debe ser la repanocha).

A ver, a lo que voy, que me ando demasiado por las ramas. El caso es que esa marca de propiedad que iba dejando en cada cómic tiene su nombre "científico", llamado Ex-Libris. Normalmente la gente lo que hace es hacerse uno mediante sellos de caucho o similar, más o menos personalizado, y sobre todo con dibujos de corte clásico, escudos y esas cosas. Yo lo que hago es simplemente una pequeña anotación manuscrita realizada en la primera hoja en blanco, abajo a la derecha, que tenga el cómic, o bien en alguna esquina inferior derecha si no existe dicha página. El objetivo es que en ningún caso afecte al área que contiene los dibujos. Dicha anotación se compone de mi primer apellido escrito de forma más o menos estilizada (y que no ha cambiado de forma con el paso de los años) a la cual se le han ido añadiendo más elementos informativos relativos al momento de la compra del ejemplar en cuestión.

Al principio, pues, el Ex-Libris sólo consistía en mi firma. De esta época son casi todos mis Mortadelos y son de la fecha "pre-data", que no es otra cosa que aquéllos cómics en los que firmaba sólo con mi apellido. Con el tiempo, a mi firma se le fue añadiendo, con dos dígitos, el año en curso de la compra. Calculo que esto sucedió allá por el año 1992 o 1993, aproximadamente. De esta forma, quedaba reflejado además el año en que fue adquirido, y así fue durante varios años, más concretamente en 1997 cuando decidí que era hora de añadir otros dos datos más: la ciudad en la que realicé la compra y la fecha exacta (dia, mes, año). La cosa vino así porque de repente mi vida empezó a complicarse de mala manera y fui viajando por varios lugares intentando buscar el sitio que a uno le correspondía en la vida: Granada, Fuengirola, Málaga, Almería, Melilla, Madrid... me dí cuenta de que de las localidades que visitaba siempre me traía como recuerdo un cómic (o los que podía), con lo que con el Ex-Libris quedaba conveniente marcado para el recuerdo. Ahora me hace gracia pensar en aquél Calvin y Hobbes que compré en un viaje a Madrid y yo pensando: "¡guau! ya tengo un cómic comprado en Madrid, a saber si algún día tengo algún otro más de aquí".

Yo calculo que ahora tendré aproximadamente otros 1.200 más comprados en la capital de España, aparte de ése.

Siguiendo con mis manías en relación al Ex-Libris, ahora mismo no sólo indico mi firma estilizada, la fecha con dos digitos justo después, la ciudad y la fecha exacta de compra, sino que, además, en ocasiones, añado otros datos que con el tiempo, pasarán a la posteridad (maniático que es uno):

- Si es un regalo (de Reyes, cumpleaños, aniversario.... lo que sea), se pone una nota indicándolo.

- Si es el primero que compro en ese año en curso, se deja convenientemente anotado. Si es el último no, nunca se sabe.

Además he tenido la gran suerte de que algunos amigos míos, conocedores de mi pasión por los tebeos, me han traído alguno cuando han realizado algún viaje al extranjero. Así, tengo cómics de varias ciudades de Estados Unidos (uno de ellos, de Batman, es de San Diego, comprado apenas uno o dos días después del atentado a las Torres Gemelas), Chile, Marruecos, Irlanda, creo que no me dejo alguno, además de uno que compré yo mismo en Lisboa. Todos ellos los guardo con cariño pues son recuerdos que me trajeron cuando estaban de viaje, lo cual quiere decir que se acordaron de mí. ¡Muchas gracias a todos!. Además, como por motivos de trabajo me tocó viajar por España durante un buen período de tiempo, también tengo cómics de Vitoria, Oviedo, Segovia, Valencia, Alicante, Barcelona, Zaragoza, Pamplona, Salamanca, Santiago de Compostela, Girona, Lleida, Garrucha, Fondo de Bikini ... ¡yo que sé qué mas sitios!, porque además, si hago algún viaje de carácter personal, también mantengo la costumbre (ya convertida en regla) de comprar un cómic para el recuerdo si se da el caso, claro.

Así que el Ex-Libris se fue convirtiendo en algo más que una marca y en realidad es ahora una fuente de información que además, conlleva una oleada de recuerdos y de tiempos pasados (¿mejores? no creo, simplemente diferentes). Porque he de decir que, a pesar de que mi colección total estará en torno a los 4.000 ejemplares, creo recordar el momento de compra de casi cualquiera de ellos, que se dice pronto. Como mi colección actual se encuentra separada entre la de Fondo de Bikini y la situada en Madrid, cuando vuelvo a casa de la Sra. Tentáculos y abro un cómic, al ver mi firma con la fecha y el lugar de la compra, un monton de sensaciones e imágenes vuelven en una especie de flash mental que le ponen a uno tontorrón. Y eso es lo que ha pasado con este cómic y con alguno más que he tenido la oportunidad de releer durante mis vacaciones y que, imagino, comentaré en otra entrada.

Así pues, el cómic que toca comentar hoy, como dije al principio, lo compré en algún momento del último cuatrimestre de 1994, no puedo saber con más exactitud la fecha pues el dato del dia, mes y año lo incorporé a mi Ex-Libris en 1997, como he comentado. Pero para eso hay otros datos en el propio cómic (y aquí es donde entra en juego una pequeña investigación para recordar exactamente el momento de su compra, y que es lo que me gusta de toda esta historia). En realidad hay sitios (bueno, cada vez hay menos) donde aún indican a lápiz, en la primera hoja arriba, a la derecha, la fecha en la que el cómic (libro, revista, o similar) entra en el establecimiento. En este caso la información indica 6-9-94. Así que probablemente lo compré en un viaje previo a los inicios del año académico en curso, que aún tenía algo de pasta en el bolsillo ya que acaba de terminar mi período de trabajo estival en el distribuidor de Coca-Cola, y otras bebidas alcohólicas, de Fondo de Bikini. Algún día contaré mis anécdotas de la Coca-Cola, suelen tener mucho éxito (y hace mucho tiempo que no las cuento, y al final se me van a olvidar).

Lo que no recuerdo es que hacía yo por esa época en Granada... imagino que iría a formalizar algún papeleo o historia similar de la universidad. No creo que fuera a hacer un examen porque he de decir que no tuve problemas a la hora de aprobar las asignaturas de cada curso, porque otra cosa no, pero en este caso me saqué mi carrerita sin problemas (aunque tampoco era nada del otro mundo, todo sea dicho). Es decir, que si juntamos algunos datos dispersos obtenemos un montón de información sobre cómo era la vida de uno en un momento determinado, en este caso del lejano mes de septiembre de 1994, en el que yo hice un viaje a Granada (seguramente con algún pretexto para ver a la churri, que sería lo más normal) ¿a que es genial? Por esta razón, y alguna que otra más, siempre digo que nunca venderé mi colección (espero no verme nunca en una situación que me obligue a ello), porque cada ejemplar que la compone me dice algo de mi propia vida. Tela...

Tengo otras manías relacionadas con mi colección y que sigo de forma absoluta y que en un momento dado también me cuentan algo. Por ejemplo una de ellas es dejar dentro del propio ejemplar lo que en ese momento he usado como marcapáginas (¡si! ¡voy a seguir haciéndolo así aunque no te guste! :-) ) y como el marcapáginas que uso ahora son unas tarjetas de visita de hace unos años que ya no uso, la pequeña Calamarda cuando sea mayor, cuando crezca y sepa leer, sabrá que su papi fue redactor jefe de una revista relacionada con su profesión y que más o menos le conocían por algo en algún sitio, aparte de ser el señor que se queda con ella por las tardes, mientras dice que trabaja con el ordenador. También tengo la costumbre de dejar las etiquetas con el precio, sean del tamaño que sean (mis preferidas son las de la FNAC, porque son las que más información llevan), para que dentro de unos años, cuando ya no esté yo aquí en el mundo y la pequeña Calamarda, y si viene alguno más pues lo que sea, decide que mis cómics lo único que hacen es ocupar sitio y quiere desprenderse de mi colección, sepa cuánto me costó el cómic que tendrá en la mano, y decida, si así lo desea, venderlo. ¿Cuanto valdrán los cómics dentro de, yo que sé, 30 o 40 años? ¿se seguirá pagando en euros? de hecho ya tengo etiquetas en euros y en pesetas.¿Se seguirán publicando cómics dentro de tanto tiempo?... estoy seguro que no, o por lo menos, no en la forma en la que los conocemos hoy día.

¿Por qué me gusta?
Pues la verdad es que de todas estas manías, obsesiones y costumbres relacionadas con el coleccionismo llevado hasta su máximo exponente y que termina en lo enfermizo habla el cómic Museum. De hecho, yo creo que incluso se podría considerar como un muestrario de las propias inquietudes del autor, ya que De Felipe siempre tuvo un gusto especial por meter el dedo humedecido en alcohol en la herida y hurgar para ver qué podía encontrar. De hecho yo casi entendería Museum como una hipotética segunda parte de otro álbum anterior titulado Marketing y utopía, al cual supera ampliamente en el planteamiento y desarrollo de los conceptos que expone, también relacionados con los sótanos del alma humana y la sociedad que se ha construido a su alrededor.

El álbum fue publicado por la Editorial Glénat justo en la época posterior al derrumbre definitivo del imperio romano de Toutain, donde el cómic era realmente algo minoritario (mucho más de lo que es ahora) y donde aún quedaban vivos los restos de dicho imperio. De hecho, su autor, Fernando de Felipe, fue un producto genuino de Toutain. Además, la obra tiena una estructura típica de aquélla época pues se desarrolla en 6 pequeñas historias de 8 páginas cada una, autonconclusivas aunque con un pequeño hilo conductor que desemboca en la última de las historias. Como ya he comentado en alguna otra ocasión esta forma de publicar era la clásica del boom del cómic en España ya que antes de su recopilación en álbum se publicaba de forma seriada en alguna revista especializada de las que existían antes. De hecho, ésta fue la forma en la que se publicó inicialmente Museum. Aún recuerdo perfectamente cuando, varios años después de adquirir el álbum, en un kiosco de Granada cerca de la estación de tren, encontré, de saldo y retapadas, los 6 números de la revista llamada Comix internacional (editada por Zinco durante 1992 y que recogió los restos aún humeantes de Toutain), que fue donde inicialmente apareció seriada en forma de entregas. Evidentemente me las compré ipso facto y aún las tengo, claro, aunque permanecen en Fondo de Bikini.

Museum, para mí es la obra donde De Felipe expone en todo su esplendor su negrísimo sentido del humor, con un punto de vista de situaciones normales que superan lo patológico. Lleva al límite las obsesiones personales de sus personajes logrando sus más altas cotas de surrealismo macabro. Se podría decir que cada viñeta es una auténtica muestra de su valía como dibujante, escenográfo, director de fotografía y colorista y cada página es un máster que deberían de seguir muchos de los que actualmente se autodefinen como dibujantes de cómics para ver si así aprenden algo de composición de página y narración, entre otras cosas. ¿Y qué decir de la aplicación del color que hace? impresionante. Usando una gama de colores de tonos pasteles con un alto contraste, logra crear ambientes opresivos, cerrados y siniestros que tan bien había desarrollado y experimentado en otras obras anteriores suyas. A mí este cómic me recuerda mucho, en algunos aspectos, a esa obra maestra del cine que es Delicatessen, de Jeunet y Caro, autores con quien yo creo que De Felipe comparte ese mismo universo oscuro y lúgubre, con atmósferas enrarecidas en un ambiente de cierta cotidianeidad (de hecho yo creo que el protagonista del cómic vive en el mismo edificio de la peli...) que lo que provoca es que el contraste con las situaciones límite donde sitúa a sus personajes, se acreciente aún más .

En realidad De Felipe es un autor que tiene un estilo propio diferenciado, original y exquisito (de lo que queda poco hoy en día vaya) y con mucho, mucho, talento y una imaginación totalmente desbordante. Desgraciadamente es un genio del cómic perdido para la causa. ¿Sólo yo lo echo de menos dentro del triste panorama del cómic patrio? ... La verdad es que este tipo de cómic compuesto de varias historias autoconclusivas de pocas páginas se ajustaba como un guante al estilo directo y fuerte de De Felipe. Suelen ser historias duras basadas en alguna pequeña anécdota o idea oscura relacionada con el coleccionismo contada de forma precisa, sin alargarla artificialmente y que en realidad suelen ser como un golpe en toda la cara, ya que siempre el climax máximo suele encontrarse al final de la historia, despues de haber desarrollado dicha idea de forma creciente durante el relato. Es una pena que el autor abandonara el mundo del cómic y dejara inconclusa la que debía ser su obra principal: Black Dekker, pero qué le vamos a hacer, espero que algún día Fernando de Felipe vuelva a hacer cómics.

Por último comentar que el álbum es hoy día inencontrable en tiendas, hace años que está totalmente agotado, y sólo es posible localizarlo en el mercado de segunda mano. Yo desde luego, jamás me desharé de él.

Y ahora, os dejo, que he de ir a quitarle el polvo y limpar uno por uno cada ejemplar de mi colección, como hago cadia día. La pequeña Calamarda parece que tiene hambre, pero seguro que puede esperar unas cuantas horas a que termine mis obligaciones con mis cómics, además, aún no se ha comido las acelgas, que le puse antes de ayer y que no tienen tan mal aspecto como ella me quiere dar a entender. Cosas de niños...

jueves, 2 de septiembre de 2010

Cómics que me gustan: En busca del unicornio

Título: En busca del unicornio
Guión: Emilio Ruiz, sobre una novela de Juan Eslava Galán del mismo título.
Dibujos: Ana Miralles.
Editorial: Glénat, 1997-1999.
Encuadernación: 3 vols, en rústica, de 48 pag. cada uno.

Los paraísos perdidos
Esta serie vino a mis manos en  una época que podríamos llamar de transición en mi vida: llegaba a su fin mi período de formación académica que inicié a los 5 años en "Parvulitos" (que luego seguí con las desparecidas EGB, BUP y COU, a lo que se uniría mi etapa universitaria de primer y segundo ciclo, unas fases formativas que ya sólo existen en la historia hoy día y en mi curriculum vitae), y daba mis primeros pasos en un mundo laboral, que ahora mismo, parece tambalearse bajo mis pies (¿en qué acabará esto?...). Imagino que me interesé por este cómic porque hubo una época en la que decir "Publicado por Glénat" era sinónimo de calidad. Este punto, al igual que los anteriores, también ha pasado, desgraciadamente, a la historia.

Recuerdo que el último de los tres volúmenes lo compré en un caluroso mes de julio de 2000 apenas dos días antes de abandonar una beca en Granada para incorporarme al trabajo que hoy día disfruto, fue el último cómic que compré en mi anterior vida pre-laboral (sé el dato del día de la compra por la información que pongo en el Ex-Libris y del que hablaré en otra ocasión). Además, lo compré en una tienda que ya no existe, la librería "Flash" especializada en cómics, que se situaba en la Plaza de la Trinidad, en pleno centro histórico de la capital granadina, en un entorno de gran belleza cerca de la catedral. Para mí, decir "Librería Flash" es hablar del "Sancta Santorum" aplicado al mundo comiquero. El lugar más sagrado y que guarda el gran misterio. Allí nació mi pasión, o más bien, resucitó (por seguir con los símiles religiosos). "Flash" tenía dos locales en Granada, de los cuales sólo queda, hoy día, uno. Uno de ellos es el que he comentado al lado de la Catedral. El otro, estaba situado tambien en el centro (yo creo que casi toda Granada es centro) al final de la estrecha calle San Antón, en unas tiendas ubicadas en unos soportales, que como tales, eran oscuros; como oscura era la tienda, claro. Porque los lugares sagrados siempre son oscuros y llenos de recovecos para hacerlo todo más misterioso; y de no fácil localización, que tampoco se van a poner las cosas fáciles. Esta tienda de la calle San Antón fue la primera noticia que tuve yo en la vida de que existían cosas parecidas a librerías especializadas donde se vendían única y exclusivamente cómics. Verla fue para mí algo parecido a la Anunciación a María: "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo". Y de repente supe que tenía una misión que cumplir en vida.


"No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin". El texto es de la Biblia, Lucas, 30-33 y la foto del Google Street View. Me encanta mezclar tradición y modernidad, leche.


Si la tienda de la Plaza de la Trinidad es el Sancta Santorum, la situada en los soportales de la calle San Antón es como el portal de Belén donde nació Jesus: el origen de toda una leyenda que vino despúes. No recuerdo exactamente cuando la ví por primera vez. Creo que fue una tarde cuando, acompañado de otros dos compañeros de piso, fuimos a la casa del familiar de uno de ellos (casa que estaba al lado del local de la tienda, el portal que está más a la izquierda de la foto) a buscar un sofá viejo, sofá al que faltaba el asiento, pero eso nos daba igual; ya que en la vida de cualquier estudiante sin posibles, siempre ha habido una época en la que el estado de un mueble no es obstáculo para recogerlo y llevarlo a casa. Total, si con un cacho de gomaespuma cualquiera ya se solucionaba el asunto del asiento, ¿no? Lo que si recuerdo es entrar a la tienda a ver lo que había y preguntar por cómics de Moebius, que molaba mucho el nombre y estaba de moda. Cada vez que entraba allí seguía el mismo ritual: como no tenía ni puta idea de por donde empezar, siempre preguntaba lo mismo "¿Tenéis cómics de Moebius?". El dependiente, que luego abrió otra tienda especializada en cómics para hacerle la competencia a su jefe, me indicaba una balda. Yo me iba directo a ella, cogia el primer cómic que tenía más a mano, lo ojeaba como si pareciera que supiera lo que hacía y al ver el precio me asustaba y lo volvía a dejar en el mismo sitio. Porque ojo, los cómics nunca han sido baratos, y mucho menos para un estudiante fuera de su casa. Un día me animé a comprar dos cómics que me trasportaban a mi etapa de lectura comiquera de la infancia en el colegio: "El caballo de hierro" y "El hombre del puño de acero", de la colección de "El teniente Blueberry" y resulta que ninguno de los dos estaban dibujados por Moebius (o eso creía yo) sino por un tio que se llamaba "Giraud" y que, mira tú por donde, un poco después descubrí que era el Alter Ego de Moebius (o viceversa). Después vinieron los dos primeros cómics de Tintín que compraba ("El secreto del Unicornio" y "El tesoro de Rackham el Rojo") y poco a poco, mi colección iba tomando forma.

En cuanto a la librería de la Plaza de la Trinidad, también tiene su historia. Imagino que la conocí tiempo después, pero no recuerdo cuándo. El caso es que durante mi última étapa de formación universitaria inútil en la capital Granadina, sustituyó casi por completo a la otra tienda en cuanto al suministro comiqueril. Me pillaba cerca de la casa de mi churri (que con el tiempo se convertiría en mi Señora) y entre que voy y vengo, que entro y que salgo, pasaba por su puerta, o más bien por su escaparate, y me informaba de cuáles eran las últimas novedades editoriales. Luego, metía la mano en el bosillo, veía el dinero que me quedaba, y según miraba lo que había expuesto me iba por donde había venido porque no tenía un duro para comprar lo que quería. En aquella época donde no había internet (o por lo menos no era fácil encontrar sitios donde conectarse) y yo no compraba ningún tipo de publicación periódica sobre cómics (en un tiempo donde aún existían revistas de cómic) era mi único medio de información sobre el mundo de los tebeos. Siempre que pasaba por delante de aquella tienda, y fueron cientos de veces, me paraba a mirar en su expositor, fuera la hora que fuera, de día o de noche, hiciera sol o lloviera. Acto seguido me comía con patatas el deseo de comprar cualquier cosa.


Ninguno de esos soy yo, pero básicamente son las mismas sensaciones

La tienda hacía esquina, y el expositor de los cómics se encontraba por la parte menos noble de la plaza: un pequeño callejón, terminado en escalera, que iba a desembocar en otra pequeña plaza aledaña a la catedral, donde en aquellos tiempos míos universitarios había una tienda dedicada por completo a las especias, que perfumaba sus alrededores con aquella mezcla de olores tan característica, pues las mercancias se exponian al aire libre en pequeños sacos repletos de toda clase de hierbas y preparados, válidos tanto para la cocina como para sanar casi todo tipo de mal o dolencia. Y es que Granada es mucha Granada, ojo. Por otra parte, y si había habido suerte la noche anterior, a la mañana siguiente, camino de la Facultad para coger el abarrotadísimo "Numero 8" (joder, que en el transporte de ganado se viajaba mejor que en los autobuses que subían al Campus Universitario de Cartuja de la UGR) y aún muy temprano, muy temprano, mientras regaban las calles al salir el sol, también me paraba a mirar lo que había, como si por la noche un duende mágico hubiera puesto cómics nuevos después de que se cerrara la tienda y yo pasara por allí la noche anterior, apenas unas horas antes. Era casi un ritual.


El callejón. Al fondo la Plaza de la Trinidad. A la derecha, el escaparate, aunque no se distingue si en él hay libros o bolsos.

Como he dicho antes, la tienda de cómics de la Plaza de la Trinidad ya no existe.

En un viaje reciente, y paseando por las calles que en su día me eran muy familiares, y que ahora ya no conozco, y ni son las mismas, a pesar de que el entorno parece sí serlo, descubrí que lo que antes era un local para mí indispensable, se había convertido en una impersonal y rutinaria tienda de bolsos de una franquicia. ¡Qué tremenda desilusión sentí al ver aquéllo! ¿Pero cómo había permitido aquella salvajada el alcalde? Y es que en 14 años muchas cosas cambian, claro. Y no digamos nada una ciudad que está viva y se transforma. De repente una parte de mí ya sólo existía en mi memoria y eran sólo recuerdos; lo que en otros tiempos formó parte casi indisoluble de mi vida, ya no existía. Algo parecido le ocurrió al protagonista de este cómic, Juan de Olid cuando, despues de cumplir lealmente una misión (un capricho de un rey, en realidad) que duró veintitantos años, vuelve al mundo al que pertenecía, para descubrir que ya no es el mismo (ni él mismo, ni su mundo), que todo lo que conocía ha desaparecido y que ya nadie le espera.


La única foto que he logrado encontrar por ahí con una imagen de la Librería Flash de la Plaza de la Trinidad. A la izquierda puede verse, mínimamente, el cartel. También ha desaparecido la cafetería que había enfrente, por donde pasa el tipo ese con una mochila. Seguro que el camarero se hartó de verme parado delante del escaparate día tras día

¿Por qué me gusta?
"A finales del siglo XV, una expedición castellana parte hacia "el país de los negros" por orden del rey Enrique IV, conocido como "el impotente", con el secreto objetivo de encontrar un cuerno de unicornio que se suponía aumentaba la virilidad.
Comandada por Juan de Olid y formada por cuarenta ballesteros, un mayordomo, un fraile y su ayudante, un experto en lenguas, un físico "de las llagas" y una doncella virgen con sus criadas, la expedición parte de Sevilla en 1471 con un destino desconocido en el corazón de África.
La aventura se prolongará mucho más allá de lo previsto, y, lo que es peor, el unicornio no aparece por ninguna parte.
Horizonte tras horizonte buscan sin cesar un espejismo. Abriendo camino, a fuerza de brazos, descubren extrañas culturas.
El tiempo va diluyendo los rostros en la memoria. El amor abrasa en los pechos de los soldados, el deber enfría sus más turbios deseos..."

Uso el texto de promoción que lleva el tercer volumen en su contraportada para que os hagáis una idea de qué va. Ya que en su día  los de la editorial se molestaron en hacer un resumen de la historia, qué mejor que aprovecharse de la idea. En realidad este cómic (hablo de él de una forma unitaria, pero recuerdo que son 3 volúmenes), no destaca en nada en especial (excepto por la fuerza de la historia que cuenta), aunque he de reconocer que está hecho con buen oficio y mejor gusto y que, como cualquier adaptación inter-medio, siempre hay carencias y debilidades, quedándose detalles y sutilezas por el camino. Y es que en cualquier adaptación, se produce lo que algunos expertos llaman "transfert narrativo" pues siempre hay una "migración de motivos narrativos" que afecta de forma rotunda a la obra. Y éste no iba a ser una excepción, ya que el cómic está basado en el libro del mismo título escrito por Juan Eslava Galán y que ganó el famosísimo Premio Planeta en 1987. El título de cada uno de los 3 volúmenes del cómic, publicado entre 1997 y 1999 son:

- La herida y el bálsamo.
- Los herreros blancos.
- Finis Africae.

Son de la época en la que las transacciones comerciales se realizaban en pesetas y hoy día están completamente descatalogados y es imposible encontrarlos a no ser que se recurra al mercado de segunda mano. Algún día hablaré un poco de mi experiencia en estos casos, porque la compra de cómics tiene también sus pequeños secretos.

Bien, vamos por partes y vamos a hablar del cómic, que ya va tocando.

El dibujo está a cargo de una inspirada y casi primeriza Ana Miralles, que aún guarda ciertas influencias del dibujante italiano Milo Manara (sobre todo la portada del volumen 1). Es un dibujo de estilo realista aunque sin entrar en detalles, usando la linea clara y elegante para el contorno de las figuras y dándoles color (quizá la paleta de colores escogida no sea la más adecuada) mediante el uso del pincel con las acuarelas. Para mí resulta una combinación muy atractiva, aunque no sé hasta que punto es un tipo de dibujo apropiado para la historia, pero bueno, el caso es que más o menos cumple su función a la perfección. Y como suelo tener especial querencia por cómics de tipo histórico que representen de forma más o menos documentada la arquitectura, costumbres y en general el entorno en que se desarrolla la historia, pues creo que en eso la autora cumple con creces.

En cuanto al guión, pues lo ya comentado. Tiene ciertas carencias propias de adaptar una novela en toda su extensión a un cómic de únicamente 3 volúmenes de 48 páginas cada uno. Tengo la impresión de que la idea inicial de los autores era desarrollar la historia en 5 o más, pero que por motivos editoriales (imagino que las bajas ventas) les obligaron a recortar el espacio disponible. Y es que el mundo del cómic comparte una de sus miserias con la de las series de TV: si tiene exito, puede alargarse la historia lo que haga falta; pero si no se tiene, hay que acortarla para ir atando cabos lo mejor posible. Y a veces, ha de hacerse de forma tan apresurada, que el conjunto se resiente. Es en el tercer volumen donde se notan estas prisas por acabar: si en el primer y segundo tomo la historia se desarrolla pausadamente, poco a poco, en el tercero empiezan a aparecer los textos de apoyo para acelerar la narración y las diferentes etapas de la expedición de Juan de Olid van sucediéndose una tras otra sin apenas descanso. Y lo que es peor: a veces las prisas traen errores: si hasta este momento la historia fluía linealmente hacia adelante, en el sentido de que la expedición avanza a la par que nuestra lectura; por alguna razón los autores deciden introducir en la página 22 del tercer volúmen, cuando se llega al climax principal de la historia, un elemento nuevo, y lo hacen de forma tal, que producen confusión al lector, que no se da cuenta del nuevo entorno narrativo hasta varias páginas más tarde. Y es que de repente la historia pierde esa linealidad temporal para convertirse, sin razón aparente, en contada a la manera de flashbacks narrativos, para luego, unas páginas más adelante, volver a recuperar su linealidad original.

Uno se podría preguntar que cómo es que un cómic del cual apenas he dicho nada bueno, pueda referenciarlo aquí como "Cómics que me gustan", pero es que la historia tiene una fuerza tal que me atrajo desde un primer momento. De hecho, si el tercer volumen me lo compré justo antes de venir a Madrid, el libro en el cual está basado el cómic fue el primer y único préstamo que hasta ahora he hecho como lector usuario de las Bibliotecas Municipales de Madrid, apenas unos meses despues de dicha compra. No me acuerdo de la lectura del libro en detalles, pues de aquello han pasado ya 10 años, o de si el cómic le es fiel o no, pero lo que sí recuerdo es que en el cómic se perdían algunos matices que sí existían en el libro.

- La fuerza del amor dejado atrás y la esperanza de su recuperación como fuerza motora e impulsora vital. En un momento del viaje Juan de Olid ha de dejar a la persona que ama, con la promesa de volver a encontrarse. Esta promesa, y el recuerdo de su amor, le dan la fuerza que necesita para llevar a cabo la empresa que se le ha encomendado. Casi al final, cuando Juan realiza el camino de vuelta, descubre no sólo que ella le esperó durante un tiempo y que terminó casándose con otro iniciando una nueva vida, sino que poco tiempo despues de su marcha ella moría durante un parto. Juan se da cuenta de que en realidad, su amor fue un sueño con triste final: es un amor perdido no una vez, sino varias veces, lo que es aún más terrible. Como perdido fue tambien el tiempo que el pasó pensando en ella, y las cosas que dejo atrás con la esperanza de volver a tenerla.

- El discurrir del tiempo. La expedición se alarga demasiado en el tiempo y en el cómic no se es consciente de ello hasta bien entrado el tercer volumen, donde se nos habla, en un momento concreto, de que los expedicionarios han partido 17 años atrás. El lector es consciente de que el tiempo pasa, evidentemente, pero no hay elementos que ayuden a comprender la dimensión real de la aventura. Sobre todo porque a la vuelta, hay que comprender la verdadera y terrible realidad con la que se encuentra el protagonista: todo ha cambiado, nada es igual y a él, ya no le espera nada ni nadie. Y lo que es peor: a lo largo de los veintitantos años que dura su misión, ha dejado atrás infinitas posibilidades de ser feliz, innumerables paraísos perdidos que ya nunca recuperará; oportunidades que va perdiendo en pos de una misión que se le ha encomendado y que él llevará a su fin, hasta las últimas consecuencias.

- El deterioro físico y psicológico del protagonista. Aunque en el cómic vamos viendo este desgaste físico y cómo afectan el paso del tiempo y las terribles penalidades que sufre Juan de Olid, éste al final sigue teniendo un aspecto más o menos lozano. Sin embargo, en la novela se dan algunos párrafos que nos indican claramente esta transformación física de forma muy directa:

Y en estas ensoñaciones se me entraba la noche y arreciaba el frío y yo levantaba mis punidas carnes del suelo y quedaba sentado y miraba por mis manos llenas de pellejos y asperezas y cicatrices y mesaba mis barbas ásperas y ya grises y blancas y mi cabeza que se iba despoblando de cabellos y mi boca que se iba deshabitando de dientes. Y me palpaba los brazos y las piernas, menos fuertes que antes, y temía que el país de los negros fuera la tumba de mis sueños y el enterramiento de mi juventud, que ya lo estaba siendo. Y con esto, sin perder mis esperanzas, mas temeroso del incierto mañana, me ponía en pie y me iba volviendo despacio a donde las chozas estaban.


Y mascábamos malamente algunas yerbas y frutos y raíces que ya sabíamos distinguir. Y con las privaciones y quebrantos otra vez íbamos enflaqueciendo y perdiendo de nuestras carnes. Y en estos días anduve aquejado de un mal del que se me movieron los dientes que me quedaban, que eran pocos y podridos y enfermos, con lo que a los pocos días los acabé de perder.
Ese deterioro no sólo es aplicable a la persona del protagonista, sino al grupo en general, que compone la expedición: durante el viaje numerosas son las bajas producidas bien por las batallas en las que deben actúar como mercenarios para seguir con la misión inicial encomendada, bien por las penalidades del viaje en forma de hambre o enfermedades, e incluso también por la deserción de alguno de sus miembros. También habrá casos de miembros que dejan el grupo por voluntad propia y con la aceptación de su capitán al quedarse sin funciones dentro de la expedición. Tanto unos (desertores) como otros (bajas voluntarias), nos enteraremos después, han logrado la prosperidad que, tantas veces, Juan de Olid dejó pasar por delante de él, por culpa de su honor y de la palabra dada. De Castilla salió un gran grupo de hombres jóvenes, fuertes y valerosos, en olor de multitudes, rodeado de lujos y vítores, y vuelve, más de veinte años después, un hombre solo, mutilado y olvidado por todos.

La verdad es que la historia tiene una serie de elementos que provocan que cada vez que leo el cómic se me quede mal cuerpo: sobre todo porque el final es terrible y la soledad completa.

- Juan deja atrás su vida casi regalada siendo la persona de confianza y criado del Condestable de Castilla, para convertirse en un mutilado que se queda solo en un mundo que ya no es el suyo. Y todo por el capricho de un rey que le manda a buscar un cuerno de unicornio para curar su impotencia; rey que, además, muere poco tiempo después de la marcha de la expedición, lo que le otorga a toda la empresa un nuevo barniz de inutilidad y absurdez: la de batallas que libraron bajo el grito de "por Enrique, por Castilla". Esta forma que tiene el poderoso de jugar con la vida de sus vasallos es un tema que me pone especialmente de mala leche, y que es algo que también está presente en la película "Largo domingo de noviazgo" o en otros cómics como "Puta guerra" y "Guerra de trincheras", ambas obras de Tardi que tratan de la Primera Guerra Mundial (al igual que la peli de Jeunet). Imagino que los ejemplos son muchos, y aquí no es lugar de hacer un recorrido completo por ellos.

-  A uno le queda la idea de que siendo honrado y cumpliendo con lo prometido no se prospera en la vida. Y es que eso le pasa a Juan de Olid durante toda la historia. Muchos de los que se fueron quedando por el camino, fueron buscando y encontrando  la fortuna, desde grandes amigos suyos a sus mas temibles enemigos.

- La hazaña me recuerda a otras dos aventuras similares en donde se exploran territorios por descubrir, y de hecho tiene semejanzas con ambas. Una de ellas la conocen todos, el descubrimiento de América por Cristóbal Colón (de hecho en un momento dado Juan se cruza con el almirante). La otra historia con la que comparte elementos (Juan pasa por Tombuctú) es otra menos conocida y es la conquista en 1591 del gran imperio Songhay en Mali, cuya capital esta en Tombuctú precisamente, por parte de un ilustre paisano (de Fondo de Bikini) y antecesor mio, un morisco llamado Yuder Pachá, y cuya gran y espectacular gesta, desconocida por casi todos en España, debería pasar a la historia. Sobre este tema ya preparé algún post, porque la verdad es que es muy interesante: hay que tener en cuenta que fueron los primeros occidentales que cruzaron el Sahara con armas de fuego y, aún hoy, en aquellas lejanas tierras, hay descendientes nuestros que hablan una jerga parecida a la nuestra.

En fin, que fueron muchos los elementos de la historia que me resultaron muy interesantes y, años después de leer el libro y el cómic, en un viaje que realicé por motivos laborales a Barcelona, encontré en una librería de segunda mano el libro, que es la edición que siempre he visto de la novela, y me hice con ella. No es un libro relativamente difícil de encontrar, pero tengo la impresión de que cuando ganó el Premio Planeta, éste no tenía la repercusión que tiene hoy día, o por lo menos la novela pasó algo más desapercibida que otras que han recibido dicho galardón. Yo desde luego recomiendo su lectura.
El recorrido completo de la expedición que busca el unicornio según una ilustración del cómic