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domingo, 18 de diciembre de 2011

El desastre de Annual (I). Prólogo: Bajada escalonada a las cloacas de la historia española.

Hay veces en los que un acontecimiento, una historia, un detalle, llega a mí de la forma más imprevista y de repente me encuentro totalmente absorvido por ella; llega un momento en el que parece que nada hay más allá de eso para mí. Ocurre entonces que me obsesiono y no consigo apartarla de mi cabeza, y mi mente ya no puede pensar y centrarse en otra cosa. Me he dado cuenta de que suele ocurrirme con historias que contienen potentes elementos nostálgicos y dramáticos; con historias antiguas que en su día tuvieron mucha fuerza o que marcaron un período histórico pero que que han terminado cayendo en el olvido; y he llegado a la conclusión de que hay un componente en todas ellas que esta presente y que actúa como un potente imán para mi atención: esas historias suelen estar protagonizadas por gente y personajes que, en definitiva, salieron como perdedores. Cuando encuentro un tema de esta naturaleza, no es que lo busque a propósito, sino que llega a mí de cualquier forma y de la manera más fortuita, entonces mi mente se nubla y entra a funcionar el mecanismo que mi formación como documentalista ha hecho crecer internamente, pero que se encuentra siempre en un permanente estado de hibernación, listo para entrar en acción a la menor oportunidad: es hora de buscar toda la información posible sobre el tema para conocerlo mejor.

Y ahora, gracias a un post de un blog que me gusta mucho visitar de forma periódica, me he encontrado de repente con una historia potentísima que contiene todos los elementos anteriormente mencionados. Además, hay que tener en cuenta que la historia que contaré en las próximas entregas está relacionada con un sitio para mi muy próximo y querido: la ciudad de Melilla, lo cual hace que aún me sea más cercana. Pero no sólo eso, por lo que he ido descubriendo poco a poco conforme avanzo más y me sumerjo en los tristres y terribles hechos que la componen, me voy dando cuenta de que muchas de las percepciones que yo he tenido en mis continuas visitas a esta ciudad española van tomando cuerpo y se van organizando poco a poco en mi mente, dando sentido a muchas de las impresiones que, con el tiempo, he ido acumulando.

Soldados españoles durante la guerra de 1909. Fuente
Desde la primera vez que visité Melilla siempre he insistido en esa especie de halo misterioso que he sido capaz de percibir de la cual nunca he sabido su origen ni su naturaleza. Melilla siempre me ha parecido un sitio especial que me produce cierto desasosiego. Nunca he sabido decir exactamente el por qué, pues era una sensacion íntima y personal, y yo, que no conozco apenas nada de su historia, y con mis limitaciones a la hora de expresarme, unido a mi reducido control en el vocabulario, me resultaba complicado de explicar. De cualquier forma no considero esta capacidad como algo especial digno de ser reconocido. Cualquiera que ha visitado esta ciudad seguramente es capaz de sentir esa misma sensación, porque es algo que flota en el ambiente y casi te envuelve a poco que seas un poco sensible a ciertas señales, o simplemente tengas un mínimo de interés en observar el mundo que te rodea y el preguntarte según qué cosas.

Hablando con amigos, medio en serio, medio en broma (e incluso lo dejé comentado en su día, aquí en el blog), siempre he comparado Melilla con la ciudad ficticia de Minas Tirith de El Señor de los Anillos: una ciudad fronteriza entre dos mundos, dos religiones enfrentadas desde siempre, y probablemente para siempre. Con todo lo que ello conlleva: las épocas de duras batallas y tiempos de paz frágil se suceden en el tiempo y dejan su huella en la gente, marcan su modo de vida, su contexto social del día a día, y no sólo en la historia que leemos en los libros y que nos enseñan en las escuelas, (paradójicamente lo que contaré hoy no nos lo han enseñado en las escuelas nunca, aunque seguramente todos hemos oido hablar de ello), pero no conocemos los detalles precisos que dan su verdadera dimensión. Por eso, por esta razón, por esa huella que dejan los acontecimientos complejos y terribles en esa especie de sentimiento colectivo, abstracto, que no se ve pero que se siente; por eso, insisto, nunca entenderé el actual estado de dejadez y de dejarse llevar que hoy día tiene el melillense. Siempre diré que, actualmente, la ciudad de Melilla que yo conozco es una ciudad anestesiada y aletargada. Ha pasado de ser una ciudad donde se ha escrito Historia (con mayúsculas) a ser un sitio que ve pasar la historia. Probablemente el origen de esta decadencia haya que venir a buscarla en los hechos que pasaron en el lejano año de 1921, y que serán el centro de esta serie posts, cuando Melilla, conscientemente o no, jugaba a buscar su lugar de importancia en la historia y terminó perdiendo la partida de la forma más desastrosa posible.

Porque hay que decir que la actual prosperidad económica de Melilla no es sino una mera ilusión, un espejismo provocado y subvencionado por el Estado español y la Unión Europea. Detrás de esa prosperidad económica no hay nada: no hay explotación de recursos naturales (de hecho no tienen recursos naturales, obviamente), por lo tanto no hay industria; apenas hay comercio, no hay ninguna actividad que merezca especial atención, la productividad de la ciudad es básicamente inexistente y ni siquiera es capaz de autoabastecerse, depende 100% de su entorno exterior. El sector primario y secundario de su economía simplemente no existe; en cuanto al comercio, está en manos marroquíes en casi su totalidad. En Melilla la única actividad económica próspera es presentarse a una oposición.

Esa naturaleza especial de la ciudad de la que hablaba, se nota nada mas llegar, tanto si usas el barco como el avión, aunque yo lo siento sobre todo en barco, donde la parsimonia de la operación de aproximación y atraque te hace vivir con más calma el momento de la llegada. Siempre he dicho que si vienes a Melilla una vez en la vida, lo hagas en barco, no en avión pues las sensaciones son diferentes, muy diferentes. Uno sale de la península y varias horas después llegas al Cabo de Tres Forcas, ya en el continente africano, un territorio que se ve poco acogedor y amenzante: kilómetros y kilómetros de territorio montañoso con grandes desniveles y acantilados que cortan casi a pico el territorio al llegar al mar: es la parte oriental de lo que se conoce como "El Rif". Conforme avanza el viaje, se divisa la primera zona de explanada donde se ubica Melilla. Un pequeño valle, a los pies del imponente monte Gurugú que domina claramente el terreno donde se ubica la ciudad: una pequeña extensión de tierra menos abrupta, formada probablemente por las avenidas fluviales que durante siglos y siglos fue generándose en la desembocadura del llamado Rio del Oro; un pequeño trozo de tierra sobre el que se ha asentado la ciudad desde hace miles de años, bajo otros nombres y otras culturas, evidentemente. Y predominante, sobre una pequeña península rocosa, la ciudadela que dió origen a la actual ciudad cristiana de Melilla. A sus pies, lo que en su día debía de ser un lugar inhóspito y amenazador, es ahora la ciudad moderna que necesitó salir de extramuros a comienzos del siglo XX para desarrollarse y que está llegando, casi, a sus limites posibles de expansión territorial. Mas allá ya se encuentra la frontera y territorio marroquí.
El monte Gurugú, dominando el paisaje desde cualquier punto de Melilla. En primer término, el actual puerto deportivo
La misma panorámica casi desde la misma posición. Fuente
Todo esto es perfectamente visible cuando te vas aproximando poco a poco con el barco. La duración del viaje, que ahora se reduce a (sólo) 8 horas desde la península, te ayuda a situar un poco en contexto la llegada de los primeros expedicionarios castellanos allá por el siglo XV poco después de terminada la mal llamada Reconquista. Está claro que no puede compararse con otros grandes acontecimientos como el descubrimiento de América, pero el establecimiento de esos lejanos antepasados nuestros en tierras desconocidas, no deja de tener un resplandor exclusivo. Hay que tener en cuenta el origen fenicio de la ciudad, como centro económico y comercial de la zona, o sus épocas de abandono y ruina hasta que, en 1497, Pedro de Estopiñán la toma en nombre del Ducado de Medina Sidonia y, poco después, pasa a pertenecer a la Corona de Castilla. Cuando uno llega a Melilla es capaz de visualizar todo esto simplemente levantando la vista y mirando al frente. Luego, cuando pisas tierra firme, muchas de esas sensaciones se afianzan y acrecientan. Cuando paseas por la ciudad te das cuenta de que no estás en cualquier sitio.

A mí me pasa y es espectacular sentirlo.

El caso es que estas sensaciones que he ido acumulando con el tiempo y con mis continuas visitas a la ciudad y que yo no podía explicar, como decía al principio, poco a poco van encontrando su origen y conclusiones: unas veces derivadas de la propia observación; otras porque son cosas que vas conociendo gracias a muchas interesantes historias que me cuenta mi suegro de vez en cuando. Yo no conozco apenas nada de la historia de Melilla, me parece un lugar tan rico en historia que nunca he sabido por donde empezar y creo que el acontecimiento que voy a contar aquí va a ser un inmejorable punto de partida. Aunque sea uno de los episodios más tristes y terribles que ha pasado en la historia contemporánea de este país. Pero lo más triste no es eso, lo peor es que, casi 100 años despues de que estos trágicos acontecimientos sucedieran, la situación del país no difiere mucho, en líneas generales, de lo que pasó en aquellos primeros años del siglo XX y que trajeron la desaparición y exterminio de todo un ejercito compuesto de más de 10.000 soldados que fueron llevados a Marruecos a morir en las más penosas y terribles circunstancias en apenas dos semanas.

Siempre me ha llamado la atención el poco interés que de forna habitual se le ha prestado en las diferentes etapas de la educación escolar a la historia contemporánea de este país, más concretamente a ese período de tiempo que trascurre desde la finalización de la Guerra de Independencia hasta mitad de la dictadura de Franco, aproximadamente. Yo siempre achaque esta falta a que, debido a la premura de tiempo en los años académicos, cuando tocaba estudiar este parte de la historia, ya apenas quedaba tiempo para profundizar en los temas y, como consecuencia, en el mejor de los casos, se hacía una visión muy general de esos años. Mi impresión ahora es que quizá algo tenga que ver que fueron precisamente durante esos años cuando se derrumbó definitivamente todo el sistema en el que se basaba el gobierno de España y se vinieron abajo las colonias que teníamos repartidas por todo el mundo.

Y resulta todavía mas complicado de entender este olvido generalizado porque precisamente muchos hechos ocurridos durante este período histórico son el origen de muchas de las situaciones que hoy vivimos y y son en estos acontecimientos donde hay que ir a buscar las respuestas de lo que pasa hoy día. De hecho, pienso que la situación de España hoy día es muy similar, sino idéntica, de la que se vivía a principios del siglo XX. Lo veremos durante las próximas entregas.

España en el norte de Marruecos

Fuente
Pero si hay una parte prácticamente olvidada de la historia de España, y entramos ya en materia, es toda aquella relacionada con la presencia española en el norte del continente africano. No nos referimos a las ciudades de Ceuta y Melilla, que son españolas desde el siglo XV, como pueda serlo, por ejemplo, Granada, sino a las aventuras que empezó España a tener con una parte del territorio marroquí sobre todo desde finales del XIX a mediados del XX, lo que se conoce como "El protectarado español en Marruecos". Y es aquí, en este contexto histórico donde hay que ubicar los hechos que han pasado a la posteridad como el desastre de Annual y el derrumbamiento de toda la zona de la Comandancia General de Melilla, gracias a la incompetencia manifiesta de la cúpula militar que en aquellos años dirigía las acciones militares al otro lado del Mediterráneo. Y volviendo al tema del olvido, es llamativo que incluso la Sra. Calamarda, que es de Melilla, no conozca detalle alguno de esta terrible historia que podría haber traído consecuencias aún más fatales que las que trajo de por sí para su ciudad. De hecho, como veremos, el llamado desastre de Annual hizo que se cayera casi por completo el sistema sobre el que se sustentaba el gobierno en aquellos momentos en España y que, en definitiva, vino a desembocar en una guerra fraticida y una larga y complicada dictadura.

Yo ni soy historiador ni pretendo hacer un análisis profundo de nada, y mucho menos de este tema sobre el que estoy empezando a conocer detalles (cuanto mas arañas en la superficie, peor pinta tiene lo que va apareciendo), pero tampoco hay que ser muy listo para darse cuenta de que algunas razones que pueden haber provocado el olvido vienen derivadas de los siguientes puntos:

1. La razón más importante, sin duda, es que estamos hablando no de una derrota cualquiera, sino que, según los expertos, es la peor derrota del ejército español en toda su historia. Y las derrotas es mejor no recordarlas, parece ser.

a. La mayor no sólo en el número de muertes que provocó, sino también por la forma en la que se produjo. Estamos hablando de la muerte, en circunstancias especialmente penosas y terribles de un número de entre 10.000 y 12.000 soldados durante dos semanas trágicas que demostraron la total incompetencia del sistema militar español y su completa inoperancia. Para ubicar las cifras, hay que recordad que durante la Guerra Civil Española, desde 1936 a 1939, murieron alrededor de 30.000 soldados. Si nos ponemos a comparar, la cifra asusta.
b. Está claro que otros ejércitos han tenido un número de bajas extremadamente mayor en otras contiendas (sobre todo si vemos el número de bajas en la Primera y Segunda Guerra Mundial, donde estamos hablando de millones de muertos), y/o que han tenido su propia derrota ante tropas indígenas (Francia, Reino Unido o EE.UU han tenido sus propios ejemplos), eso es algo evidente. Pero en estos casos estamos hablando de unas guerras multitudinarias con máquinas de enorme poder destructor (PGM y SGM) o ejemplos de ejercitos colonialistas donde sus derrotas se produjeron ante un enemigo que les superaba en número y que lograron la victoria a pesar de no seguir los criterios de lo que podríamos llamar como un ejército más o menos organizado. La diferencia de Annual es que el ejercito español fue masacrado por un ejército muy inferior en número y preparación, de alrededor de 3.000 rifeños gracias a la incompentencia de unos personajes que conoceremos más adelante que únicamente buscaban su propia gloria personal, que no fueron capaces de reparar en los actos imprudentes en los que estaban incurriendo y que a la postre conllevaron una auténtica matanza indiscriminada y casi el colapso de todo un país. Porque hay que tener en cuenta que esos soldados fueron mandados a morir a una tierra que no valía absolutamente nada, ante los caprichos del poder que buscaba reverdecer viejos laureles colonialistas y volver a tener sus parcelitas coloniales en el mundo despues de la debacle reciente de la guerra de 1898 donde se perdieron los últimos territorios de ultramar.

2. En España es frecuente que se sienta vergüenza por la propia historia del país; y ya sabemos lo que pasa con los pueblos que olvidan su propia historia. No aprendemos, no aprendemos.... Y de un tiempo a esta parte todo lo que recuerda al ejército y a la bandera (si no hay un Mundial o una Eurocopa de fútbol de por medio, claro) huele a "facha" y desfasado. No lo queremos. Menudo error, ¿no? Así nos va. Pero ¿por qué ocurre esto? pues está claro, en mi opinión: después de la dictadura donde se hacía especial énfasis en el ardor guerrero de hazañas históricas pasadas y se veneraba a la bandera hasta la extenuación, ya estábamos hartos de todo eso. Pero tampoco es cuestión de meterlo todo en un baúl de los recuerdos, cerrarlo con llave y tirarla al mar. Porque yo creo que el olvido, más o menos teledirigido que se ha producido alrededor de todo lo que suena al Protectorado Español de Marruecos viene dado también porque en las campañas realizadas para "pacificar" la zona participaron, después de los hechos de Annual, un grupo de oficiales que lograron la gloria y el éxito personal y que tuvieron un papel más que relevante en los años inmediatamente posteriores. Por decir sólo un par de nombres: Francisco Franco y parte de la familia Primo de Rivera hicieron sus pinitos por allí (y no olvidemos que la Guerra Civil Española empezó, precisamente, en Melilla). Es decir, que todo lo que huele a "España en Marruecos" por añadidura, huele a facha. Como he dicho antes, ya sabemos lo que pasa a los pueblos que olvidan su historia. Eso sí, gracias al cine nos sabemos la de EEUU mejor que ellos.

3. Como he dicho antes, la situación que vivía España a principios del siglo XX no difiere mucho de lo que pasa a comienzos del XXI. Salvando las distancias, claro, las similitudes son muchas:

- España jugando a ser potencia mundial y a participar de la primera línea de la política internacional, cuando no deja de ser un juguete en las manos de las grandes naciones (y reales potencias) que la manejan a su antojo. Es un papel ficticio, imposible de mantener, que tiene sus consecuencias. Esto no me lo puede negar nadie.

- España es un país casi en ruina, que paga las consecuencias de su pobre e incompetente casta gobernante (me da igual si son de un lado o de otro, que quede claro).

- España está a merced de las "actuaciones" de las potencias de su entorno como una barquita en medio de una tormenta. Vale, esas "actuaciones" antes eran guerras y ahora son operaciones financieras. Pero quien termina pagando son siempre los mismos, los de abajo: antes, dejándose la vida en un campo de batalla lejano; hoy condenados de por vida durante más de una generación, pagando los excesos de unos pocos y encima nos hacen responsables a todos de lo que pasa, ante el advenimiento irreversible del IV Reich, esta vez de carácter económico. Quién le iba a decir a los alemanes que al final conseguirían con ordenadores y un poco de matemáticas lo que no pudieron hacer con tanques y aviones. La repera. Es la misma mierda de siempre. Esto no me lo puede negar nadie tampoco.

Lo que voy a contar durante unos cuantos post he de decir que no me lo he inventado pero tampoco he hecho una investigación histórica profunda; las cosas como son. El caso es que desde que esta historia llegó a mí ya no ha habido hueco para más en mi cabeza y he estado buscando información por internet y leyendo algunos libros. ¿Cuantos post escribiré sobre esto? pues la verdad es que aún no lo sé, yo espero llegar al final, pero como en definitiva se trataba de buscar toda la información posible sobre el tema, y poner un poco en orden las anotaciones que iba tomando conforme iba escarbando más y más en las distintas capas que la componen, una vez que haya saciado mi curiosidad lo mismo me canso a mitad y lo dejo estar hasta donde esté en su momento escrito. No sé. Desde luego aún es un tema que me apasiona y del que voy descubriendo poco a poco más y más cosas, así que es probable que llegue hasta el final. Lo que sí es cierto es que pido perdón (si acaso alguien se lee todo esto) por si cometo algún error (seguro que sí) en algún dato o fecha o lo que sea. Como digo, esto lo estoy haciendo sólo por organizar toda la información que he ido recopilando y si hay alguien, aunque sea una persona, a quien le he conseguido inyectar el interés por esta historia, me sentiré más que agradecido.

Por último, para cerrar este enorme prólogo, decir que la mayor parte de la información, sobre todo aquella que me ha permitido a poner cada cosa en su momento y lugar concreto, la he sacado de esta página, que juega a ser "aséptica", pero que no deja de tener un cierto tufillo sospechoso, sospechas que a uno se le confirman cuando ve la zona geográfica a la que pertenece el centro que la apadrina. Y aquí he de ser honesto: no sabía de ese apadrinamiento hasta que, una vez me empecé a dar cuenta de qué pie parfecía cojear, me puse a ver los "títulos de crédito" de la web y pensé "ok, esto explica algunas opiniones que van más allá de la mera exposición de hechos históricos". Da igual; lo que pasó en su día es lo que pasó, pero hay un pasaje (al que haré mención en su momento) donde este sesgo informativo es bastante evidente.

Acompáñame si te apetece en esta bajada hasta las cloacas de la historia española. Cada escalón que bajemos nos mostrará un matiz cada vez más penoso de un acontecimiento que ha pasado al olvido, menos para los que sobrevivieron a él, o para los familiares de los cerca de 12.000 soldados que dejaron su vida en las condiciones más terribles imaginables por culpa de la codicia y de la incompetencia de unos políticos corruptos en aquellos lejanos años de principios del siglo XX.

Soldados españoles en la guerra de 1921, seguramente aún no saben que van a morir en los próximos días. Fuente

lunes, 28 de marzo de 2011

Españoles en la curva del Niger: los descendientes de Yuder Pachá

Tombuctú, imagen sacada de aquí

“Donde el Sáhara termina y el Sudán comienza, sobre el codo del Níger, se halla la ciudad santa de Tombuctú, en la cual, hasta 1900, no habían penetrado más de tres o cuatro europeos. Fue en tiempos una urbe gigante y sabia, por la cual peleaban una y otra vez los pueblos del desierto y los reyes tropicales. Pues bien: allí viven desde hace casi cuatro siglos nuestros parientes. A fines del siglo XVI, un sultán de Marruecos quiso lo que parecía imposible: arrebatar Tombuctú a los tuareg. Para ello contrató gran número de españoles armados con armas de fuego, las primeras que aparecían en este fondo africano. Los soldados españoles ganaron la batalla más grande que nuestra raza ha logrado del otro lado del Estrecho, y, victoriosos, se avecindaron en Tombuctú, tomaron mujeres del país y crearon estirpes que aún perduran. Orgullosos de su origen hispano, conservaron una exquisita disciplina aristocrática, y aún representan sus familias los núcleos nobles del país. ¿Por qué, por qué no hemos ido a visitar a estos ruma del Níger, nuestros nobles parientes?”

El Sol, 12 de Marzo de 1924. José Ortega y Gasset. Citado en: Villar Raso, Manuel. Las Españas perdidas. Odisea africana de Yuder Pachá y los moriscos andaluces. Cuevas del Almanzora: Excmo. Ayuntamiento de Cuevas del Almanzora, 1991.

Hay historias que tienen un gran componente misterioso y mágico, carácter que le otorga el hecho de que sus detalles se pierden en la memoria con el paso del tiempo, lo que además, le da un barniz casi de irrealidad. Rastrear en el pasado buscando datos que le confieran su verdadero estatus real algunas veces se convierte en una labor casi imposible debido a que la propia humanidad ha intentado borrar las huellas que permitan seguirles el camino, a lo que hay que sumar el olvido que genera irremediablemente el propio paso de los siglos. Suele pasar cuando en una misma historia hay vencedores y vencidos y cada uno cuenta su parte. El problema viene cuando los vencedores intentan con todas sus fuerzas borrar el rastro de los vencidos, los cuales son callados o simplemente expulsados o, en el peor de los casos, aniquilados. De esta forma, a la Historia (con H mayúscula) sólo pasa la verdad de uno de los bandos, con lo que al final, todo está incompleto pues falta una parte importante de los acontecimientos que nos permitan comprender la realidad de lo que verdaderamente pasó.

La historia que traigo hoy al blog tiene mucho de todo esto: grandes viajes de conquistas a lugares inexplorados, conquistas de ciudades de mítico y misterioso nombre, grandes gestas heróicas que parecen sacadas de leyendas, o leyendas que nacen de grandes hechos históricos, poderosos imperios perdidos en el tiempo y el recuerdo, civilizaciones ya desaparecidas que conocieron épocas de esplendor y cuyos restos hoy día no son ni la sombra de lo que llegaron a ser, costumbres y tradiciones cuyos orígenes se remontan cientos de años atrás... y como todas las grandes historias, estan compuestas de tragedias personales y humanas, aquellas que, en este caso, llevan consigo los perdedores de una guerra que duró siglos y la expulsión del que fue su hogar y el de sus antepasados.

Pongamos Fondo de Bikini en el mapa: Cuevas del Almanzora
En mi jerga calamarda, yo provengo de un pueblo de Almería que se llama Fondo de Bikini, que no existe como tal, claro, excepto en mi imaginación y en el imaginario de Bob Esponja. En realidad mis orígenes más inmediatos hay que buscarlos en Almería, sí, pero en un bonito pueblo llamado Cuevas del Almanzora, el cual merece ir a visitar aunque sea una mañana o una tarde. Si estás de veraneo por la zona del levante almeriense, de verdad que no pasa nada por perderte un día de baño en la playa e ir a visitarlo, seguro que te llevas una grata sorpresa.


El castillo del siglo XVI (terminado en 1506) que, gracias a Dios se ha conservado muy bien hasta nuestros días, nos habla de los mismos vientos de guerra y de fronteras entre pueblos y civilizaciones que tenemos hoy día, 5 siglos después. Qué triste.

La historia de mi pueblo es rica y abundante, y hay que buscar sus orígenes miles de años atrás (alrededor del año 2000 Antes de Cristo) ya que hay numerosos yacimientos arqueológicos que demuestran que el sureste español fue un día uno de los centros donde la civilización de la llamada Edad del bronce se desarrolló con mayor potencia, con la riquísima cultura argárica como mayor exponente.
El poblado argárico de Fuente Álamo ya nos dice que aquellas tierras fueron habitadas y habitables desde muchos siglos atrás, aunque parezca un lugar inhóspito y poco acogedor. Al fondo, casi sin distinguirse, Cuevas del Almanzora

En el museo arqueológico de Cuevas del Almanzora puedes ver algunos restos de la civilización del Bronce

La conquista de Tombuctú
Pero vamos a entrar de lleno en el objeto principal del post de hoy. Y para ello, tenemos que viajar hasta el siglo XVI, poco después de terminada la llamada Reconquista y posterior expulsión de los árabes en España (cacho de tierra que aún no se le conocía con ese nombre, claro). Después de terminada la guerra, los Reyes Católicos, como sabemos, obligaron a toda la población musulmana a someterse a sus leyes tanto civiles como religiosas, y debido a las duras condiciones que se le impusieron a los moriscos (musulmanes del Reino de Granada que fueron bautizados a partir de las leyes promulgadas en 1502 para permitirles seguir viviendo en sus hogares) éstos se levantaron en armas en lo que vino a llamarse Rebelíón de las Alpujarras entre 1568 y 1571.

Una vez que esta rebelión fue sofocada en 1571, los moriscos andaluces fueron obligados a dispersarse por tierras de la Corona de Castilla para evitar otra sublevación similar. Por estas tierras fueron vagando, imagino que bajo el yugo de los que les vencieron por dos veces (1492 y 1571) hasta que todos los moriscos españoles sin excepción, como digo, casi todos andaluces, fueron expulsados de la península en 1609, en lo que es uno de los hechos mas tristes y vergonzosos de la historia de España.

Pues bien, entre ese grupo de moriscos que fueron obligados a deambular por media España, para luego ser expulsados sin piedad, se encontraba el protagonista de nuestra historia: Yuder, un joven paisano mio que fue a dar con sus huesos a mi pueblo,o bien era originario de Cuevas (este punto no lo tengo del todo claro, lo que sí es cierto que a Yuder se le conocía como originario de Cuevas -"del Almanzora" fue un añadido al nombre del pueblo que se produjo a principios del siglo XX, cuando Cuevas se convirtió en un pueblo riquísimo debido al descubrimiento y explotación de grandes minas de hierro). Según una investigación llevada a cabo por un ex-alcalde del pueblo, el nombre cristiano de Yuder era Diego Guevara (nacido alrededor de 1560), pero no tengo claro que dicho trabajo de investigación sea todo lo riguroso que debiera haber sido, aunque es una teoría que más o menos ya está extendida y aceptada.

Según parece, en algún momento entre 1571 (después de terminada la revuelta) y 1578 (cuando ya se tienen noticias suyas en tierras de Marrakech), en una incursión turca por las costas almerienses, fue llevado prisionero al Magreb. Hay quien data este hecho el 28 de noviembre de 1573, e imagino que tendrá algo de verdad, no lo sé. Hay que ponerse en la piel de aquellos hombres, también de los moriscos expulsados, los cuales perdieron todo lo que tenían, sufriendo un desarraigo terrible, dejando atrás toda una vida para comenzar, en la miseria, otra quizá aún más penosa. Porque no hay que olvidar que estos moriscos, odiados en la Corona de Castilla y totalmente repudiados, que se habían convertido al cristianismo de forma totalmente obligada (pero que nunca llegaron a ser considerados como cristianos reales) llegaron a tierras musulmanas donde fueron recibidos precisamente como traidores pues renegaron de su fé al Islam y abrazaron una religión que, entonces y ahora, sigue siendo considerada como enemiga. Tuvo que ser algo horrible para ellos.

Una vez en tierras del Magreb, el joven Yuder, el cual volvió a abrazar la religión musulmana, obviamente, parece ser que fue haciéndose un hueco gracias a victorias militares dentro de la sociedad de aquellas tierras y consiguió la confianza del sultán Ahmed Al-Mansur. Yuder, ya como Pachá de Marrakech (de ahí el "Pachá" del nombre con el que nos ha llegado hasta nuestros días) es puesto a la cabeza de un gran ejercito con el objetivo de  lograr la conquista del rico imperio Songhay, más allá de los límites australes del Sáhara, y cuya capital Tombuctú, situada a orillas del río Niger (atualmente Mali) era prácticamente una ciudad inexpugnable para cualquier extranjero.

Yuder Pachá, atravesó el Sahara con un ejército compuesto por más de 4.000 hombres, y fue el primero en llevar armas de fuego atravesando dicho desierto, lo que a la postre le sirvió para alcanzar el éxito en el objetivo militar propuesto y que, como veremos más adelante, le puso el nombre a una incipiente casta dirigente de origen andalusí en aquellas lejanas tierras africanas, dinastía con unas tradiciones de origen andaluz y que aún perdura a duras penas.

Según un pequeño texto de la Wikipedia, la gesta de Yuder Pachá y sus hombres puede contarse más o menos así:

Yuder Pachá atravesó el Sáhara junto a sus hombres, y ya a las puertas de la Curva del Níger, se enfrentó en Tondibi (al este de Tombuctú y no lejos de Gao) a 40.000 hombres askia comandados por Askia Ishaq II de Gao. El ejército de Pachá, mermado a la mitad tras la larga travesía, se colocó en dos flancos, a la izquierda los andalusíes y a la derecha los europeos. En el centro, Yuder Pachá comandaba las tropas con la caballería en retaguardia y el río Níger a sus espaldas. Por su parte, el ejército de los askia se dividía en 9.000 infantes encadenados para no poder huir, 12.000 lanceros y otros varios miles de arqueros. La victoria, nada sencilla, fue para los invasores, que contaban con la enorme ventaja de contar con armas de fuego (lo cuál les valdría el apelativo de los "arma" en la región durante todos los siglos posteriores). Ishaq II intentó contrarrestar esta ventaja enviando rebaños de bueyes contra los andalusíes, que sin embargo se volvieron en estampida contra los askia, espantados por el estruendo de cañones y arcabuces.
Yuder se adueñó así de la legendaria Tombuctú, capital del Imperio songhay, el actual Malí, pero no obstante no mantuvo mucho tiempo el cargo. Fue condescendiente con sus enemigos, perdonó la vida de Ishaq II y sólo despojó de sus riquezas a los nobles, respetando las prerrogativas comerciales de la ciudad. Y, en cualquier caso, quedó defraudado al comprobar la austeridad de la misma. El oro únicamente transitaba por ella, proveniente de minas situadas mucho más al sur. Tras fundar el bajalato, Ishaq II ofreció a Yuder diez mil piezas de oro y mil esclavos si abandonaba la ciudad. Éste estaba decidido a hacerlo, y, al sospechar al-Mansur, fue destituido y reemplazado por pachás efímeros enviados por Marrakech, tras los cuales siempre Yuder mantuvo la autoridad, asesinando incluso a algunos de ellos.
La conquista de Tombuctú ha sido comparada por muchos historiadores e investigadores extranjeros como una gesta igualable a la del descubrimiento de América. Es curioso que ambos hechos casi coincidieran en el tiempo y uno casi piensa que es casi normal que en España la gesta de Yuder Pachá haya sido algo prácticamente desconocido pues, como ya hemos comentado, la conquista de América fue llevada a cabo por la parte vencedora de la guerra de Reconquista, mientras que Yuder no dejó de ser un morisco que vivió en sus carnes la derrota y expulsión de su propia tierra. El caso es que la conquista del imperio Songhay por Yuder es un acontecimiento más conocido fuera de nuestras fronteras, sobre todo en Francia, ya que Tombuctú fue territorio colonial francés durante los siglos XIX y XX.

Pero ¿qué pasó con Yuder después de la conquista de Tombuctú? pues más o menos podemos imaginárnoslo ya que es algo común a todos aquellos que terminan convirtiéndose en las marionetas de quien tiene el poder en tiempos convulsos:

El 17 de Agosto de 1599, al-Mansur destituyó a Yuder Pachá y lo reemplazó por Mahmud ben Ali Ban Zarqun, de Guadix (Granada), regresando a la corte de Marrakech el 25 de Marzo de 1599, conminado por el rey saadí al-Mansur para que le ayudase en las tareas de gobierno, dado que sus tres hijos le disputaban el Imperio. Después de varias negativas, al-Mansur requirió su presencia.

Regresó a Marrakech con una caravana de presentes y regalos para al-Mansur, que falleció en 1603. Yuder Pachá murió en 1605, en las intrigas palaciegas que por el trono entablaron los tres hijos de al-Mansur, aunque según otras teorías, fue decapitado por un sucesor de éste por traición. Se dice que está enterrado en una de las tumbas de la familia real saadí, en el palacio al-Badi, al que siempre estuvo ligado.
A Yuder Pachá, que fue Caid de Gao, le sucedieron en Tombuctú 120 pachás hasta 1750 .
Los Arma
La llegada de estos moriscos a tan lejanas tierras y su victoria militar, hizo posible que se creara un nuevo escalafón social, una nueva clase privilegiada, que mantenía sus raíces y algunas tradiciones andalusíes, logrando que algunas palabras de origen castellano hayan perdurado en el tiempo. Para mí es un hecho muy estremecedor y emocionante, ya que este notable esfuerzo por mantener vivas sus raíces andaluzas demuestra lo que para ellos tuvo que significar la expulsión de lo que ellos consideraban su propio país, y posiblemente es una prueba de las esperanzas que mantenían, más o menos intactas, por volver a lo que ellos pensaban que era su hogar. La verdad es que no deja de tener un componente trágico y tristísimo terrible, porque en realidad no sólo no volvieron nunca ni se olvidaron jamás de nosotros, sino que aquí cayeron en el más profundo de los olvidos.

Pues bien, esta clase dirigente nacida a raíz de la llegada de los moriscos andaluces comandados por Yuder Pachá (el cual no dejó descendencia pues era un eunuco), se le conoció (y se le sigue conociendo) como "Los Arma", en clara alusión a lo que en su día debía ser su grito al entrar en la batalla "A las armas...". No olvidemos que fueron los primeros seres humanos que llegaron a tan recóndito y lejano lugar con armas de fuego, y la importancia que tuvo este hecho en la victoria final. No es de extrañar que la herramienta que les puso la victoria en la mano les sirviera también para dar el nombre a esa nueva clase social dirigente ante los ojos de aquella gente, que veían por primera vez ese tipo de artilugios.

Cuatro siglos después de la llegada del morisco Yuder Pachá, a los conquistadores granadinos, los Armas, mantuvieron un imperio andalusí en la Curva del Níger en las ciudades de Tombuctú, Gao, Bamba y Djenné.

En 1737 serían derrotados por los tuaregs en la batalla de Toya, que tomarían Tombuctú, manteniendo su señorío y la dominación de los andalusíes se prolongó hasta 1827-1833, en que fueron derrotados en Diré por la etnia de los Peul, que aprendió el arte de hacer la guerra con armas de fuego, como en 1591 hiciera Yuder Pachá y ya, con la llegada de los franceses en 1893, se inició el declive de los andalusíes en la Curva del Níger y el fin de la época de esplendor de Tombuctú.
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Hoy, la Curva del Níger está habitada por unos 30.000 Armas, de los que unos 10.000 son descendientes directos de los moriscos granadinos, según cuenta Manuel Villar Raso, catedrático de la Universidad de Granada, que escribiera la novela “Las españas perdidas”, en la que recoge las experiencias de Yuder Pachá. En las obras “Andalucía en la Curva del Níger” se recogen los estudios de un grupo de investigadores granadinos en esta zona y "A la conquista de Tombuctú - Yuder Pachá (1590 – 1591)", de José Prieto se narra la figura del explorador español olvidado.

Los Armas del Níger están hoy divididos como antaño, en tres tipos de familias: la familia marroquí o “larabu”, la familia de los descendientes de los antiguos mercenarios o “aluchi o layully” y la familia andalusí, siendo la primera la más numerosa y el liderazgo moral y social lo ejerce la familia andalusí, siendo una honra tener un antepasado andaluz en la genealogía que todas las familias poseen.
 
Yuder Pachá hoy
No sé realmente cuando oí hablar de Yuder Pachá. Imagino que cuando era un niño, algún profesor me contó su historia, que se me quedó grabada a fuego. Poco a poco he ido conociendo más detalles de aquella gesta y de mi ilustre paisano. Afortunadamente, en las últimas dos décadas se ha producido un importante trabajo de recuperación y sobre todo de divulgación de la vida de Yuder. Sin embargo, para la mayoría de mis paisanos imagino que sigue siendo un desconocido.

Hace años un profesor de la Universidad de Granada que se topó con esta historia, escribió una novela donde narró la gesta de Yuder Pachá y la conquista de Tombuctú. El libro en sí no es gran cosa, a mí por lo menos me resulta un poco farragosa la forma de narrar que tiene el autor, pero los gustos van por barrios. En el año 1991 se publicó una nueva version de la novela ampliada donde se contaban algunos pasajes de Yuder durante su infancia antes de que llegara a África. Imagino que esta parte fue algún tipo de imposición por parte del Ayuntamiento, que fue quién editó esta nueva edición. De cualquier forma, apenas hay nada documentado de la vida que llevó Yuder en Cuevas, así que todo está contado de forma novelada. El libro puede descargarse en el enlace que hay justo debajo de la cita de Ortega y Gasset al principio de este post, ya que el propio autor lo ha puesto disponible para descarga directa desde su web.

Por otra parte, imagino que conocer la sorprendente aventura de Yuder Pachá fue una de las razones por las que el libro y el cómic de "En busca del unicornio", me gustó tanto, ya que las similitudes entre ambas historias son muchas.

Desde hace unos años, en el pueblo hay un pequeño y bonito rincón que lleva su nombre. Supongo que para la gran mayoría de Cuevanos el nombre de esa plaza le dice poco a nada, pero bueno, ahí está por lo menos el recuerdo a tan ilustre e importante antepasado. Incluso en las circunstancias que rodean a esta plaza hay una curiosidad. Ya sabemos de los orígenes moriscos de Yuder, de su conversión al cristianismo y luego su vuelta al Islam, ya en tierras africanas. Pues resulta que en la plaza que hoy lleva su nombre hay un pequeño monumento a la Cruz del Cristianismo, siendo además el lugar donde se encuentra la residencia del párroco del pueblo, con la bandera del Vaticano en la misma puerta. No sé si la elección de este lugar fue hecha como una especie de acto de "conciliación" para intentar unir dos religiones tan encontradas durante siglos, imagino que no. Como suele pasar en estos casos, supongo que nadie reparó en que Yuder Pachá era morisco represaliado y que en tierras del Magreb volvió a la fe musulmana. Y si alguien se dió cuenta, pues le daría igual.

Estas fotos de la plaza me las ha enviado la artista conocida como Noara:





A mí, despues de tantos y tantos años conociendo su historia, aún me parece sorprendente el lazo que a través de casi 500 años se ha creado entre mi pueblo y unas lejanas tierras en el mismo corazón del África negra, donde fueron a parar unos desterrados a los cuales se les quitó todo lo que tenían y que, a pesar de todo, siempre mantuvieron viva la esperanza de volver al hogar del que fueron cruelmente expulsados y en donde ya nadie, apenas, se acuerda de ellos.