lunes, 3 de mayo de 2010

Mis recetas favoritas: migas

Hace dos años que no comía migas. Las migas para mí es como cuando me dicen que en la tele hay un programa del humorista José Mota (el gracioso de Cruz y Raya, para entendernos): cuando te enteras de que lo van a dar, te dan ganas de verlo, pero luego te cansas enseguida porque es muy cansino. Pues lo mismo me pasa con las migas: siempre que me hablan de ellas me apetece, pero a la tercera cucharada ya me he cansado de comerlas.

En mi pueblo, las migas es un plato típico que se suele hacer en los días en los que la lluvia hace acto de presencia y, teniendo en cuenta que Fondo de Bikini está en la provincia de Almería, es posible que si sigues esta costumbre a rajatabla, no pruebes las migas durante un buen período de tiempo: es decir, es un plato especial, para ocasiones especiales. De hecho, la lluvia es tan poco frecuente en Fondo de bikini que hay personas allí que cada vez que llueve se asustan, porque no saben de donde sale tanta agua que cae del cielo. La Sra. Tentáculos las migas las hace indistintamente de pan o de sémola de trigo, aunque yo recuerdo haberlas comido sobre todo de esta última forma, y es la manera en la que he aprendido a cocinarlas: usando sémola de trigo. Es menos laborioso de hacer y quedan muy bien. Eso sí, tanto de una forma como de otra, siempre ha de estar bien acompañado de la suficiente cantidad de materia grasa, ya sea en forma de costillas, chorizo, morcilla, panceta o cualquier otra cosa que se le parezca. Lo importante es agregar toda la grasaza que se pueda y que dé sabor a algo tan insípido por sí solo como es la sémola de trigo.

Como digo, la última vez que las había comido fue hace dos años, cuando pasamos un gran fin de semana en con la parte de la familia Calamarda que reside en Granada. El caso es que aprovechando el viaje, comenté la posibilidad de poder ir a un sitio donde comer migas, ya que en Granada es un plato típico que se come en los restaurantes de montaña en los pueblos cercanos a Sierra Nevada. De mi época de estudiante conocía un lugar llamado la Fuente del hervidero, situado en un estupendo lugar en las estribaciones de dicha sierra, y al que había ido a comer en más de una ocasión. Recuerdo que una de las veces en las que subí a comer migas, había habido una nevada reciente, y aunque se podía llegar al restaurante sin problemas, quedaban por los alrededores pequeñas cantidades de nieve en las zonas de penumbra, que hizo las delicias de alguien como yo, que por aquellas fechas había visto la nieve únicamente en los frigorificos baratos de los pisos de estudiantes que frecuentaba, forrando las paredes de los congeladores, y que como mucho dejaban sitio para poner un filete. Me acuerdo de una vez que descongelé uno de estos frigoríficos y con el agua que salió de allí conseguimos llenar el pantano de la Urraleja, un poco más abajo de Granada, llegando ya a Motril.

El caso es que la Fuente del hervidero es un sitio con un acceso bastante fácil, es sencillo llegar en coche e igual de fácil volver a la civilización después de pegarse una buena jartá de comida y con toda la sangre del cuerpo humano en el estómago, que se encuentra en esos momento en pleno proceso de transformación de la materia en energía y su sobrante en forma de grasa adherida a la cintura, por la parte interior de la piel, la que da al hueso mismamente (y con sus correspondientes deshechos gaseosos, claro).

Fuente del hervidero. Foto encontrada por ahi.

Pero no. Al final no fuimos ahí, fuimos a otro sitio al cual sólo se llegaba despues de atravesar un amable cartel de carretera que ponía una advertencia tan llamativa como "Extreme la precaución. Carretera de montaña muy peligrosa". De hecho, durante todo el tiempo que duró el trayecto de ida estuve pensando tres cosas:
- ¿Realmente un plato de migas se merecía morir despeñado por cualquiera de estos acantilados sin fondo que tengo a mi derecha?
-¿Cuándo van a aparecer las estatuas que, al igual que los Argonautas en El señor de los anillos, advertían de los peligros de seguir el camino y aconsejaban la vuelta atrás? (¿pero dónde coño daba yo la vuelta en aquel camino miserable, si ese hilillo llamado "carretera de montaña" apenas dejaba sitio para que el coche siguiera para adelante? ¡si el simple hecho de encontrarse con un coche de frente ya suponía un auténtico drama!).


¡Detente insensato!

- Ya sé a que lugar se refería el tipo que ideó la frase "Donde Cristo perdió el zapato".

Así que después de lo que mi hermano llamó "agradable paseo en coche" (yo sigo pensando que jamás me volverán a ver pasar por allí) llegamos a algo parecido a lo que, es verdad, tiene que ser el paraíso en La Tierra. El restaurante, llamado Maitena, está ubicado en un valle precioso, en un recodo del rio Genil entre montañas verdes y frondosas, en lo que antiguamente era un apeadero de la línea de tranvía que llevaba desde Granada a Sierra Nevada. El nombre lo coge del rio Maitena, que en esta parte viene a unirse al rio Genil, y cuyas aguas van a parar al embalse de Canales, para poco despues bajar mansas y controladas a la capital granadina.



La línea de tranvía fue inaugurada en 1925 y presentaba numerosas características pioneras para la época. Pero como muchos otros proyectos similares realizados en España, en realidad nunca llegó a nada importante, y al final todos los buenos propósitos se quedaron en nada. La estación de Maitena fue durante años la última estación de la línea, por lo que en realidad el trayecto se quedaba a medio camino del inicialmente proyectado. Durante décadas de hacer y deshacer, la línea de tranvía se desmanteló definitivamente, y para siempre, en 1974 dado que la construcción del embalse de Canales, aguas abajo, inundaria buena parte de su recorrido (más información de la línea aquí).

Lugar donde el Genil y el Maitena se dicen "¡hola!, ¿como tú por áquí?" (con acento en la "a", sí) y visto desde la terraza del restaurante

La terraza del restaurante, entre una frondosa bóveda de vegetación que, con su sombra, protege del sol. Ahi se está en la Gloria

Así pues, la estación que durante  muchos años marcó el final de la línea, en algún momento de la historia se convirtió en un restaurante, en la misma orilla del rio Genil y Maitena. Desde aquí, y hasta el vecino barranco de San Juan, que se encuentra más arriba, es posible seguir un estrecho camino que discurre entre árboles y túneles excavados a pico en la roca, en lo que antiguamente fueron los últimos kilómetros del recorrido de la línea férrea que seguía el tranvía y que puede caminarse a pie sin problemas.

Si estás a mitad del tunel y viene un coche, mejor corre y date la vuelta. No cabéis los dos y llevas la de perder

Una vez que estás con la panza llena y con el alma tranquila, después de un paseo, es hora de volver. Y aquí es donde uno piensa que, después de la ida por tan pintoresca carretera de montaña, es cuando descubres que te han gastado una broma y que apenas a 2 kilómetros de allí discurre una preciosa autovía de dos carriles por sentido, que te deja a las mismas puertas de Granada.

Pero no. Hay que volver por el mismo camino por el que hemos venido.

Podría decirse que una vez que conocía el camino, la vuelta sería más agradable, pero eso sería faltar a la verdad. Recuerdo que a mitad de camino se produjo un hecho novedoso hasta el momento: nos encontramos con un lugareño que iba, o venía, a su casa con su coche. En definitiva: que venía un coche de frente, vamos. La situación era la siguiente: en la ida el barranco sin fondo estaba a la derecha, ahora quedaba a mi izquierda; la montaña, a la derecha; el camino, estrecho, al frente. Si el coche de mi hermano que me precedía pasó sin problemas, yo también debería hacerlo, claro. Pero no pensé que yo, muerto de miedo, entre el barranco de mi izquierda, y la afilada montaña de la derecha, yo iba por todo el centro de aquel caminillo. Así que al ver aproximarse el coche cerré los ojos con fuerza para abrirlos un instante después.

Yo, por lo menos, había pasado.

Miré por el espejo retrovisor, y mi contrincante en aquella batalla pasó también. Las migas volvieron en ese momento a su lugar en el estómago. Pero dos recuerdos conservo de aquel momento:

- Una marca de mis manos en el volante producidas al agarrarlo con todas mis fuerzas e imagino que al dar un volantazo a la derecha. Ahora es un volante ultraergonómico: se ajusta perfectamente a mis manos.
- La imagen del lugareño que, mientras se acordaba de la Sra. Tentáculos (imagino que era la principal receptora de sus comentarios y que iba en el asiento de atrás) me indicaba con la mano que me echara un poco más a mi derecha, y que le dejara si acaso un poco de sitio para que él pasara.

Afortunadamente la sangre no llegó al rio, nunca mejor dicho porque por debajo de aquel barranco debían discurrir las aguas del Genil y del Maitena que como ya sabemos se habían encontrado rio arriba para seguir camino juntos hasta Granada.

Pues bien, todos estos recuerdos (días lluviosos de Fondo de Bikini, las nieves de la Fuente del hervidero, y el rio Genil serpenteando entre montañas en un gran día soleado de primavera) es lo que me viene ahora a la mente cada vez que hago migas. Los ingredientes que utilicé fueron los siguientes:

- 500 gramos de sémola de trigo. Dado que no es un producto fácil de encontrar en Madrid, compré un paquete de la marca de Mercadona, en un pueblo cercano a Fondo de Bikini.
- 550 mililitros de agua, según las recomendaciones del fabricante (como dicen en Bricomanía).
- Un buen chorreón de aceite.
- Sal.
- Costillas de cerdo.
- Morcilla de Burgos. Puede usarse indistintamente también de cebolla, eso ya al gusto, en mi caso en esta ocasión usé de Burgos.
- Pimientos verdes para freir.
- Ajos.

En un perol se pone el aceite en abundancia, yo usé menos cantidad que la que ponía el envase ya que las costillas aportarían su parte de grasa también. Se echan los dientes de ajos, sin pelar, pero rotos ligeramente con un golpe seco, junto con los pimientos cortados a tiras. A fuego bien vivo se doran y se retiran.

A continuación, y con cuidado de que no nos salpique, echamos las costillas para que se frían bien, tostándose ligeramente por el exterior y quedando jugosas por dentro. Una vez conseguido el grado de tueste deseado se retiran y se fríe ligeremante la morcilla de Burgos cortada en generosas lonchas, que tostaremos por ambos lados y que también se retiran. Ahora en el aceite ha ido quedando la sustancia y el sabor que cada uno de los ingredientes ha ido aportando durante la preparación. Ahora echamos con cuidado el agua y con la sal, que llevaremos a ebullición.

En el momento en el que el agua rompe a hervir, vamos incorporando poco a poco la sémola de trigo removiendo constantemente. Al principio sentimos el impulso de echar más agua, o no echar toda la cantidad de sémola que nos indica el paquete, pero con un poco de paciencia vemos que aquella masa va cogiendo consistencia y va desmigándose poco a poco hasta lograr que se vayan desligándose, obteniendo la textura que se desea. En este momento es cuando hace falta tener un buen brazo, porque la cosa cansa.

Una vez que las migas han llegado a ese punto exacto, yo lo que hago es subir el fuego al maximo y, si tenemos suerte, parte de la sémola ya cocinada se quedará pegada en el fondo y paredes del perol, que iremos despegando de forma constante, consiguiendo de esta forma un "socarrat" (concepto cogido del mundo paellil, pero aplicado en este caso a las migas) que hará las delicias de aquel afortunado que logre encontrarlo en su cuchara. Porque hay que tener en cuenta que para disfrutar de un buen plato de migas sólo hace falta una cuchara honda y nada de servirlas en platos individuales. No. El perol se lleva a la mesa, una vez preparado y puestas por encima de la sémola las costillas y los trozos de morcilla, junto con el pimiento y los ajos que habíamos frito al principio y habíamos reservado. El resultado, es merecedor de un premio gastronómico.


Por último, la comida se acompaña de un buen vino, servido en vaso, no en copa, que en este caso fue un Rioja de Crianza, que hizo las delicias de Calamardo y Calamarda.

Que aproveche.

lunes, 12 de abril de 2010

Cómics que me gustan: Rosalie Blum


  • Título: Rosalie Blum
  • Autora: Camille Jourdy
  • Editorial: La Cúpula.
  • Encuadernación: 3 vol. en rústica, 400 p. aproximadamente.

Siempre hay dos puntos de vista sobre la misma historia... o más
La verdad es que no suelo fijarme mucho en los cómics publicados por la editorial La Cúpula, pues mis gustos no coinciden mucho con la línea de publicación que siguen. No digo que sea ni mala ni buena, simplemente que no coinciden, excepto en productos muy puntuales como los cómics de Mezzo y Pirus, que son unos genios. Así que por esta razón, en su día este cómic me pasó completamente desapercibido y sólo caí en la cuenta de su existencia al ver una breve reseña en el blog La cárcel de papel; la descripción que hacían del argumento, junto con la imagen de la portada del primer volumen, hicieron el resto. Tenía que hacerme con ese cómic y ver qué tal.

Normalmente, cuando me encuentro con un cómic cuya apariencia me resulta atractiva hago una búsqueda a través de Google a ver qué me puedo encontrar, así que eso fue lo que hice. Sin embargo, apenas encontraba más información de la que encontré en el blog anteriormente comentado. Así pues, como las páginas de muestra que había por internet me gustaban, decidí comprármelo a ver qué pasaba. Desgraciadamente por la zona donde está el Banco de España en Madrid hay dos clientes con los cuales suelo desarrollar proyectos en la empresa en la que trabajo. Y digo desgraciadamente porque en apenas 200 metros existen dos tiendas de cómics que suelo visitar aprovechando que me desplazo por cuestiones de trabajo. Y en una de esas visitas me hice con el primer volumen, que devoré nada mas llegar a casa. Lo mismo me paso con el segundo, que me lo leí durante mis vacaciones de Navidad, y el último, comprado recientemente, me lo leí el mismo día que me lo compré.

¿De qué va?
Resulta complicado contar el argumento de esta obra sin destripar alguna de las sorpresas que nos tiene guardadas, así que me centraré en la idea que a mí me conquistó y me animó a comprarlo. La historia transcurre en lo que parece ser una localidad francesa de tamaño mediano, a medio camino entre un pueblo grande y lo que puede ser una pequeña capital de provincias y los protagonistas son gente normal y corriente. Este primer volumen se centra en Vincent, un peluquero cuya vida gira entre su trabajo y su madre que está medio loca (o loca entera), la cual le controla como si fuera aún un niño, y no duda ni un momento en inventarse dolores y jamacucos varios para que su hijo no se le aleje demasiado. Además, Vincent vive un momento de crisis con su actual pareja, una relación que parece que no ha funcionado bien nunca. En estas circunstancias, Vincent ve un buen dia a la dependienta de una tienda que le hace sentir una sensación especial, como si ya la conociera, aunque en realidad no la conoce y por alguna razón, decide que quiere conocer y saberlo todo en relación a esta chica, con lo que no se le ocurre una idea mejor que seguirla a escondidas.

Vincent va descubriendo poco a poco la vida de Rosalie Blum, que así se llama la dependienta espiada, y se va dando cuenta de que es una vida triste y totalmente anodina, rutinaria y extraordinariamente solitaria. Lo que empezó siendo un juego para él se convierte en una auténtica obsesión, ya que sus persecuciones secretas se alargan en el tiempo, aunque él mismo se jura y se perjura que quiere dejar de hacer eso. Sin embargo, esas investigaciones secretas se convierten para él realmente en una vía de escape a su propia soledad y rutina; en uno de esos momentos del día que al final lo convierten en especial y de los que no puede prescindir, pues casi que le dan sentido a su propia vida.

¿Por qué me gusta?
La obra se compone de tres volúmenes, cada cual muy diferente uno del otro en cuanto al desarrollo de la historia y los detalles de la trama se nos van presentando de forma totalmente maestra, en los momentos donde son necesarios, ni antes, ni después. Cada título es una vuelta de tuerca sobre el volumen anterior conformando, de esta forma, un todo perfecto y completamente redondo. Los títulos son:

- Una sensación conocida.
- ¡Arriba las manos!
- ¡Al azar, Baltazar!

Cada volumen tiene su propia identidad, y no pueden leerse de forma independiente, claro, pues la historia se desarrolla de forma lineal; pero en realidad, los dos primeros representan las dos caras de la misma moneda, dos puntos de vista sobre un mismo acontecimiento. En realidad, en el primer volumen ya se nos enseña, si somos un pelín observadores, un pequeño adelanto de lo que puede ser el segundo, ya que la autora, sí, es una autora (qué raro en el mundo del cómic) nos va dejando un sinfín de migas de pan que, a poco que nos demos cuenta que existen y las sigamos, nos irán anticipando algo de la historia que nos queda por leer. Este tipo de juegos a mí me gustan mucho, porque luego te permite en una relectura muy agradable e ir viendo detalles que quizá pasaron inadvertidos en la primera lectura, disfrutando aún más si cabe de los tres títulos en su conjunto.

Al final veremos como el transcurrir de los acontecimientos ha hecho evolucionar a los personajes, a su forma de ser, su contexto, porque otro de los grandes aciertos de este cómic es la correcta construcción y desarrollo de todas las personalidades. Y aquí voy a decir algo que quizá no sea políticamente correcto, pero es lo que pienso. Conforme iba leyendo la obra pensaba que más tarde o mas temprano, saldría alguna vena mas o menos "feminista" que haría decantar la obra hacia el lado femenino de la historia. Gran error el mío. Creo que él punto de vista de Camille Jourdy a la hora de presentar los hechos es el de una simple observadora, que a su vez nos hace a nosotros partípes de lo observado, totalmente neutral, que nos pone delante de nuestros ojos una serie de hechos y personajes. Luego el que quiera que tome una decisión y se posicione, si es que es necesario hacerlo, claro, pero simplemente nos está diciendo lo que hay. Y eso es un gran acierto, sobre todo en una historia que arranca en un argumento del tipo "un tio sigue a escondidas a una chica, sin saber muy bien por qué". Los caminos que podría haber seguido una obra que comienza con esas premisas, son realmente inexcrutables....

Por otra parte, dejando de lado el argumento, Jourdy tiene un estilo de dibujo realmente atractivo, sobre todo para alguien como yo al que el dibujo con acuarela le encanta. El cómic tiene un aspecto muy agradable y trabajado, y en realidad a mi me pareció que el estilo de dibujo se asemeja mucho a cómo se ilustran algunos cuentos infantiles. Por otra parte, la edición está muy cuidada, y la sensación es que en nuestras manos tenemos reproducciones perfectas y fidedignas del original que en su día dibujara Jourdy, lo que incrementa el placer de su lectura.

La obra en sí es redonda en todos sus aspectos, pero es con el epílogo donde se alcanza su perfección absoluta. Se nos dan las últimas explicaciones que se nos debían, y se termina con una última viñeta, a toda página, que no sólo le da sentido a la obra en su conjunto (si acaso es que no lo tuviera ya), si no que además le proporciona una nueva esencia que permanecía semiescondida, un nuevo giro inesperado que explica no sólo el comportamiento de Vincent, sino que además, nos revela una de las razones por las cuales muchas veces, nosotros, en nuestra vida real, también tenemos ese sentimiento de deja vù, de haber visto algo con anterioridad, que nos afecta y desconcierta de algún modo, pero que no acabamos de saber con exactitud el por qué. Porque Camille Jourdy acierta, en una única viñeta, a explicarnos los mecanimos de nuestra memoria, cuando accedemos de forma puntual a un recuerdo olvidado, pero que se nos presenta en forma de imagen; una música que nos sugiere algo; un olor que nos trae emociones y que nos conmueve,  pero que no conseguimos alcanzar el recuerdo exacto en el que obtuvimos esa experiencia, aunque nos evocan las sensaciones y los sentimientos que vivimos en su momento.

En pocas palabras, cuando tenemos esa "sensación conocida" de vez en cuando que no podemos explicarnos.

No pierdas más el tiempo y hazte un regalo.

jueves, 8 de abril de 2010

El misterio de la coronación del Everest por Mallory e Irvine

A raíz de la lectura del cómic "La cumbre de los dioses" que he comentado en un post anterior, me empecé a interesar por la historia de la conquista de la cumbre de la montaña más alta del Planeta: el Everest y del intento de ascensión de Mallory e Irvine que les costó la vida, manteniendo la duda de si lograron llegar a la cima o no, ya que con los indicios con los que se cuenta hasta ahora no es posible obtener una respuesta segura. Lo que sí se da por seguro es que el accidente tuvo lugar durante el proceso de descenso. La duda reside en si ese descenso se produjo después de llegar a la cima o si en un momento dado decidieron abortar el intento. Son varias las preguntas sin respuesta que rodean este acontecimiento que le otorgan un misterio especial: la desaparación de los montañeros; el testimonio de Odell, uno de los expedicionarios que se quedó en el campo 5 (el anterior al campo desde el que se atacaría la cima), ya que fue el último en verlos con vida a lo lejos mientras intentaban salvar el último gran obstáculo antes de hollar la cima, y el descubrimiento, durante los años posteriores de varios de los objetos que portaban los dos montañeros desaparecidos y por último, por ahora, el hallazgo del cuerpo de George Mallory en 1999.   

Para comprender un poco mejor la dureza que supone la coronación de esta cima, hay que tener en cuenta que no fue hasta mayo de 1953, casi 30 años después de que se produjera el intento que acabó en tragedia, cuando se subió por primera vez. Quienes consiguieron tal gesta fueron el neozelandes Hillary y el sherpa Tenzig Norgay que llegaron usando oxígeno de forma artificial. Por cierto, la foto de la derecha la realizó Hillary a Tenzig, por si habeis pensado que fue al revés, como lo pensé yo al verla , lo que hace aumentar aún más si cabe, la épica y la magia de esta primera coronación: la relación entre Sherpa y escalador había dejado de ser la similar a la que se establece entre señor y criado que hace el trabajo sucio.

Según he estado viendo por ahí en algunas páginas especializadas, se comenta que últimamente todo el circo mediático que se ha montado alrededor de la ascensión al Everest ha desprestigiado un poco el hecho de su coronación. Incluso parece ser que a una altura de 8600 metros, una expedicion dejó en 1975 una escalera de aluminio para salvar un potente desnivel, y que aún sigue ahí. Por lo que se dice, pocas veces se ha subido a la cumbre por esa ruta sin usar esa escalera y, en teoría, Mallory e Irvine salvaron ese punto en su dia mediante escalada libre ya que según el testimonio de Odell ya habrían superado ese desnivel cuando los vió en la distancia, algo que hoy día realmente presenta muchas dudas.

Cómo nacen las leyendas: la expedición de 1924
La de 1924 es la segunda expedición que tenía como objetivo prioritario hollar la cumbre, despues de la de 1922, también británica, ya que la conquista del Everest se convirtió casi en una cuestión de carácter nacional. Así pues, el 8 de junio de 1924, Mallory e Irvine inician, a una altitud de 8146 metros (el Everest tiene una altura de 8853), lo que sería el ataque definitivo a la cima desde el campo 6.


Última imagen que se tiene de los escaladores, justo antes de iniciar el ascenso que les costó la vida

Odell, otro compañero de la misma expedición, comenzó a ascender, ese mismo día, desde el campo 5 al 6 para realizar algunos estudios geológicos y, alrededor del mediodia, gracias a un claro que se abre en las nubes durante un breve lapsus de tiempo cree distinguir en la lejanía dos puntos que ascienden hacia la cumbre, en un punto indeterminado que Odell no supo nunca indicar con claridad. Según su primera versión se encontraban sobrepasando el último escalón antes de llegar a la cumbre, que se encontraba a apenas unos 500 metros, con lo que la llegada a la cima sería más que segura dada la experiencia de Mallory, dando a entender que el accidente que les costaría la vida se produciría durante el descenso, despues de su coronación, sin duda alguna.
"Toda la arista somital y la cumbre del Everest se hallaban despejadas. Mis ojos quedaron fijos en el pequeño punto negro que se recortaba en una cresta de nieve situada debajo de un resalte rocoso de la arista; el punto negro se movió. Entonces apareció otro punto negro que se desplazó por la nieve hasta reunirse en la cresta con el primero. Este se aproximó entonces al gran escalón rocoso y al poco apareció en lo alto; el segundo le imitó. Entonces, toda aquella fascinante visión se desvaneció, una vez más envuelta en nubes". (Copiado de Nocheenlaciudad.lacoctelera.net) 
Sin embargo, con el paso del tiempo Odell reconoció que nunca supo con claridad en que posición exacta pudo verlos y según los expertos, ese último obstáculo, el lugar donde con posterioridad se puso la escalera de la foto, era demasiado difícil de escalar con los medios de la época y la aptitudes de Mallory y sobre todo de Irvine, un alpinista menos experimentado pero que Mallory escogió por tener más conocimientos en el uso del material que les permitiría poder utilizar oxígeno artificial. Además, según Odell lograron sortear ese obstáculo muy rápidamente y teniendo en cuenta la dificultad que presentaba, hoy día se cree con bastante probabilidad que Odell estaba confundido realmente con el lugar exacto en que los vio.

Odell, una vez que tuvo esta visión, siguió subiendo hasta llegar al campo 6, que fue de donde partieron sus dos compañeros unas horas antes y donde una tormenta le sorprende y obliga a resguardarse en la tienda, la cual debe abandonar poco despues ya que sólo tiene capacidad para dos personas y, evidentemente debe acoger a Mallory e Irvine a su regreso. Al día siguiente Odell vuelve a subir al campo 6 ante la ausencia de noticias y se lo encuentra exactamente en el mismo estado en el que se lo dejó el día anterior, sin señal alguna de que allí hubiera estado otra persona distinta a él, desde que lo dejara todo preparado para coger la vuelta de sus compañeros. Varios días después, y ante la ausencia de cualquier indicio que hiciera pensar que los dos alpinistas siguieran con vida, y ante la imposibilidad de sobrevivir en condiciones tan adversas a la interperie, la expedición deja el Everest el 11 de junio sabiendo que nunca más volverían a verlos.

Las grandes dudas
Por ahora no se sabe a ciencia cierta si ambos escaladores consiguieron llegar a la cima. Sin embargo, está más que aceptado que el trágico accidente se produjo durante el descenso, seguramente porque Irvine tuvo un problema y Mallory fue arrastrado por él hasta que la cuerda que los unía se rompió. Mallory, aún con vida pero con graves lesiones y huesos rotos, terminaría muriendo poco despues. Los hechos objetivos son los siguientes:

- En 1933 se encontró el piolet de Irvine abandonado. En teoría, un escalador no abandona jamás una herramienta tan valiosa como ésta y fue encontrado a 8400 metros, a una altura inferior a la que supuestamente los vio Odell escalando, por lo que el accidente en el que Irvine lo perdió, se produjo en el descenso.

- En 1991 se encontraron ocultas y abandonadas las botellas de oxígeno que utilizaron durante la escalada.

- En 1999, una expedición estadounidense hace un descubrimiento espectacular al encontrar el cadáver congelado y semienterrado de Mallory a una altura de entre 8000 y 8300 metros.


Recapitulando hasta ahora, lo mejor es ver esta foto que he encontrado por ahí (agrandar para poder apreciar mejor):

- La línea amarilla marcaría la ruta que escogieron ambos escaladores. Según los expertos, para los medios de la época es imposible coronar por ahí. Casí al inicio de ella, a la izquierda, marcado con un "C6", se indica desde donde comenzaron la escalada final.

- El punto marcado como "Second Step", indica el punto donde Odell divisó, en la distancia, a los dos puntos negros escalando que el identificó como Mallory e Irvine.

- Donde pone "Ice Ax" es el lugar en donde apareció, en 1933 el piolet de Irvine.

- La línea roja marcaría el posible punto donde se despeñaron y que termina en el lugar en el cual se encontró el cadaver de Mallory en 1999. El cuerpo de Irvine no ha sido encontrado jamás y sigue oculto en la montaña.

Es evidente que los hallazgos tanto del piolet como del cuerpo sugieren que el accidente, se produjo durante el descenso. El descubrimiento del cuerpo de Mallory, vino a poner sobre la mesa nuevas pruebas, que en todo caso, no solucionaban nada, pero que iban a aumentar aún más, si cabe, la lógica duda de su posible coronación y el misterio de esta expedición.

- Por una parte, las gafas de sol de Mallory se encontraron en sus bolsillos, lo que inequívocamente nos dice que cuando se produjo el accidente era de noche o bien existía una gran falta de luz. Dado que el testimonio de Odell se sitúa al mediodía, hay dudas sobre lo que ocurrió realmente durante ese período de tiempo y si les dió tiempo a alcanzar la cima antes de que se les echara la noche encima.

-Según testimonio de una de sus hijas, Mallory llevaba consigo una foto de su mujer, que había prometido dejar en la cima en el caso de haber conseguido alcanzarla. Sin embargo, esa foto no se encontró nunca en el cadáver ni en ninguna de sus pertenencias. ¿Acaso cumplió su promesa de dejarla en la cima en honor a su esposa?

Es probable que alguno de estos misterios pudiera resolverse si se encontrara algún día la cámara que ambos portaban y que les había entregado mientras descendía de su intento el expedicionario que, justo antes que Mallory e Irvine, intentó sin éxito alcanzar la cima. Según los expertos, si dicha cámara se encontrara es probable que contuviera dentro la película fotográfica y, dado las condiciones de congelación, y el tipo de material usado durante esa época, pudiera extraerse alguna que otra imagen que arrojara luz sobre todo esta historia tan cargada de matices románticos, otorgados por aquellos que van abriendo camino para que otros los sigan, de los pioneros que nos indican a los demás, en definitiva, por donde debemos ir.


Andrew "Sandy" Irvine (izquierda) y George Leigh Mallory

lunes, 5 de abril de 2010

Cómics que me gustan: La cumbre de los dioses

  • Título: La cumbre de los dioses.
  • Guión:Yumemakura Baku
  • Dibujos: Jiro Taniguchi
  • Editorial: Ponent Mon
  • Encuadernación: 5 vol, en rústica, 1500 p. aproximadamente.
  • Sentido de lectura japonés. 
Cuando uno encuentra una Vest Pocket-Autograhic Kodak-Special
Al enfrentarse a una obra de este calibre, sin saber nada sobre ella, a cualquiera le asalta la gran duda de si ha cometido un error al gastarse 75 euros y si lo que se le va a contar en esas más de 1500 páginas va a ser tan interesante como para llegar hasta el final sin que aparezca en algún momento el aburrimiento. Las dudas son más grandes cuando te paras a pensar que todo gira en torno a un deporte, el alpinismo, que tampoco es que me atraiga mucho, precisamente. La razón por la que me compré este cómic es porque me lo encontré a buen precio durante el Salón del Cómic de Madrid en 2009, en el mismo stand de la editorial. Hemos de tener en cuenta que el precio real de cada volumen es de 18 euros, tal y como se vendió en el momento de ser publicado por separado, con lo cual, el ahorro era considerable, y dado que ese día tenía bula papal otorgado por Calamarda, no quise dejar la oportunidad de hacerme con él. Además, los 5 tomos venían dentro de una bonita caja y, aunque al final no resultara tan interesante, siempre quedaría bien en mis nuevas estanterias de la serie Markor de Ikea. Es una de las ventajas de no poder comprar una colección cuando sale originalmente publicada y pasado el tiempo puedes adquirirla: después puedes encontrarte con sugerentes ofertas. En su día no pude hacerme con ella y la compra de cada volumen por separado tenía los riesgos de que, en un momento determinado, me encontrara con que uno de ellos estuviera agotado; además, el precio es un tanto alto, las cosas como son, y es que como he dicho en alguna ocasión, este vicio de los cómics no es nada sano. Así que cuando lo ví de oferta no me lo pensé dos veces, sobre todo cuando apenas unos días atrás estuve a punto de comprar la misma edición a 90 euros en una tienda (hace poco lo he visto en una tienda de Madrid a 60 euros, imagino que ya poco mas podrá bajar, y por ese precio ya se puede hablar de casi un regalo, sinceramente).

De cualquier forma, jugaba con las cartas marcadas. Jiro Taniguchi es un autor de renombre y ya había leído dos obras suyas que me gustaron muchísimo: Barrio Lejano y El almanaque de mi padre; dos cómics que son totalmente recomendables y que últimamente han sido reeditados, con lo que no son complicados de encontrar. Así pues, mientras iba leyendo esta gran obra, iba cayendo en la cuenta de que no sólo es posible mantener el interés y la tensión narrativa durante 1500 páginas, sino que, lo que aún es mejor, la intriga que los autores van tejiendo con maestría va creciendo conforme vamos avanzando en la trama, confeccionando una impresionante narración que te tiene pegado al sillón con ganas de saber más y más. Realmente cuesta trabajo dejar de leer, ya que al final de cada capítulo se te invita a seguir en la lectura del siguiente. Así pues, al igual que el protagonista de la historia, yo también encontré un tesoro.

¿De qué va?
Durante una expedición al Everest en 1993, que no termina de culminar con éxito, un alpinista experto en fotografía (o un fotógrafo experto alpinista) llamado Makoto Fukamachi, encuentra por casualidad en un bazar de Katmandú, capital del Nepal, lo que parece ser la cámara de fotos que en 1924 llevaban los montañeros ingleses Mallory e Irvine en su intento de coronación del Everest. Ambos alpinistas desaparecieron durante dicha escalada y nunca se llegó a saber a ciencia cierta si fueron los primeros o no en llegar a la cima de la montaña más alta del Planeta. Es a partir de las pesquisas de Fukamachi por intentar descifrar el misterio de la camara de fotos y la coronación de Mallory e Irvine, aún hoy sin resolver realmente, cuando se inicia toda la historia, con sus tramas y subtramas. Fukamachi se encuentra así con la persona que cambiará su percepción de la vida, y sobre la que girará el peso de la narración: Joji Habu.

A partir de ese primer encuentro, Fukamachi intenta conocer todo lo posible a este alpinista, olvidado y casi repudiado por sus propios compañeros, y cuyo paradero real no era conocido una vez se le perdió la pista en Nepal años atrás. La búsqueda de las respuestas alrededor de la supuesta cámara de Mallory, lleva a Fukamachi a descubrir realmente la personalidad de Habu, a obsesionarse totalmente por él y a cuestionarse, a su vez, la propia razón de su existencia.

¿Por qué me gusta?
Resulta complicado quedarse sólo con un aspecto que me haya gustado. En primer lugar, el cómic se vertebra sobre un recurso narrativo muy usado, pero no por ello menos interesante si se sabe usar con la genialidad con que lo hacen Taniguchi y Baku: introducir en un acontecimiento histórico más o menos relevante (la desparación de Mallory e Irvine) un elemento de ficción distorsionador en mayor o menor medida (encontrar la cámara de fotos con la que hicieron el intento de escalada). A partir de ese momento, ambas líneas narrativas, la real y la de ficción van tomando caminos paralelos que en ocasiones convergen uno hacía el otro, estableciéndose de vez en cuando puntos en común, y donde los límites se difuminan, en un claro juego que los autores nos proponen al leer la obra.

El primer tercio de la obra, se centra en la búsqueda de información sobre la persona de Habu por parte de Fukamachi con la excusa de la cámara de fotos como trasfondo. El cómic se desarrolla en diversos capítulos en forma de flashbacks, donde amigos y compañeros de Habu van contando a Fukamachi sus experiencias con el alpinista. Su carácter complicado, su extraña forma de ser, que va provocando la creciente soledad de Habu, cuyas gestas él cree que no son reconocidas convenientemente por el colectivo al que pertenece, y sobre todo, como por cuestiones del destino, trágicamente se ve de repente preso de sus propias palabras. En su viaje, Fukamachi comprenderá, y nosotros con él, que detrás del comportamiento de Habu, y en definitiva de cualquier persona, hay siempre una razón oculta que explica nuestros actos, por extraños que parezcan, y que esa razón íntima es la piedra angular sobre el que se sustenta el hermetismo que a veces rodea a cualquier ser humano en forma de coraza protectora.

Uno de los grandes problemas del cómic como medio de expresión, en mi opinión, es que por el formato de publicación y por su estructura narrativa, es complicado llegar a crear personajes lo suficientemente fuertes como para que una historia se construya sobre la personalidad de uno de ellos. No es que no existan obras así, pero a veces el límite de páginas impone una pequeña dictadura a la hora de profundizar en la mentalidad de los personajes, por lo que al cómic, en general, se le ataca en ocasiones pues ha de tirar de arquetipos clásicos para poder desarrollar una historia: de esta forma la creación de esta estructura psicológica no se verá cortada por la limitación en el uso de páginas, ya que viene dada por el propio arquetipo. Desde luego, teniendo en cuenta que esta obra se compone de 1500 páginas, los autores no han tenido este problema. Otra cosa es que se haga bien, y por supuesto, en este caso, el acierto es completo. Por otra parte, aunque no es un dato que lo haya podido confirmar, pues en castellano no hay nada dicho al respecto, parece ser que el cómic es la adaptación de una novela de Yumemakura Baku, algo que no me extrañaría por lo ya comentado en relación a la construcción de los personajes, ya que en los libros éste sí es un recurso que se usa con normalidad. En el primer volumen, se incluye un texto de Baku en donde cuenta la forma en la que contactó con Taniguchi para que hiciera la adaptación, pero como sucede durante el propio cómic, a veces no tenemos claro donde están los límites entre la ficción y la realidad, así que no se con exactitud si existe ese libro o no, porque lo que es seguro es que en castellano no está disponible, y paso de aprender japonés para bucear en páginas web japonesas a ver qué dicen al respecto.

Por otra parte, a través de este cómic vamos entrando poco a poco en este desconocido, para mí, deporte que es el alpinismo. Tanto guionista como dibujante parecen ser grandes aficionados, y eso se nota a la hora de abordar la historia, y es algo que nos transmiten perfectamente ya que hablan constantemente de los diferentes tipos de escalada, la forma de prepararlas y nos sumergen de lleno en las expediciones que tienen como objetivo alcanzar las cumbres más altas. Son especialmente hermosas las viñetas donde se ven las escaladas, con esos paisajes totalmente salvajes, donde los protagonistas viven al borde de su límite físico y psicológico, buscando su superación continuamente. Parece mentira como en un dibujo estático como es una viñeta pueda representarse tan bien el vértigo que producen las grandes paredes y esa sensación de altura y de grandiosidad de las montañas mas altas del mundo.

Pero donde los autores se muestran perfectos en sus planteamientos es a la hora de mostrarnos las escenas donde los protagonistas, debido al extremo cansancio físico y desgaste psicológico al que son sometidos, sufren una serie de capítulos febriles de alucinaciones donde sus propios fantasmas del pasado se le aparecen de forma amable, pero con perversas intenciones; o como nos cuentan las terribles condiciones en las que se hace acampada cuando se intenta escalar una gran montaña como es el Everest, donde un clima adverso y agresivo ataca continuamente al montañista, casi en un acto de defensa. Especialmente evocadores son los capítulos donde se cuenta la historia de la última ascension, hasta donde es posible contar y se sabe, de Mallory e Irvine, y casi experimentamos en primera persona las terribles condiciones en las que estos pioneros abordaban sus increíbles objetivos.

En definitiva, un cómic altamente recomendable para disfrutar durante días, ya que la tensión crece y crece sin parar de página a página, y sólo es a mitad del quinto y último volumen cuando los autores nos dan un pequeño respiro, que simplemente sirve para coger un poco de aire y enseguida retomar el ritmo trepidante de narración que culmina en el final que todos estábamos esperando, y que no por ser previsible, deja de ser menos sorprendente por la maestría con la que nos lo cuentan los autores.

Y es cuando cierras el último volumen, y terminas de leerlo, cuando te das cuenta de que tú también, al igual que Fukamachi, has quedado atrapado por Joji Habu.

domingo, 28 de marzo de 2010

Mis recetas favoritas: bollitos de bacalao

Ésta es una de las recetas pasadas de boca-oreja por la Sra. Tentáculos y, aunque yo no he alcanzado la perfección en su ejecución, y ni mucho menos la he superado, mis resultados alcanzados son altamente satisfactorios, siendo un claro ejemplo de lo que yo pienso: "si hay algo que te gusta comer, aprende a hacerlo y lo comerás siempre que quieras".

Su nombre no lo tengo claro, y hay tantas formas de hacerlo, imagino, como madres hay en el mundo, pero yo he aprendido la forma de hacerlo de la Sra. Tentáculos: unos bollitos fritos suaves y esponjosos de bacalao aliñados con ajo y perejil. Ni más ni menos. Como digo, he visto la receta, siendo prácticamente la misma, bajo otros nombres: tortillas de bacalao, albóndigas de bacalao, croquetas de bacalao, boladillos (como también se le conoce por la zona de Almería de donde uno es originario): en todos los casos los ingredientes son práctimente los mismos: harina, bacalao desmigado y desalado, ajo y perejil, lo que les diferencia es la forma de hacerlos que, aunque fritos en cualquier caso, se presentan de diversas formas. En mis viajes por Portugal (básicamente Lisboa, que no he ido a otra parte....) he probado recetas similares, lo que me lleva a pensar que es una forma habitual de comer el bacalao, ya que la mezcla de su sabor con el ajo y el perejil lo convierte en algo muy sabroso.

Sin embargo, la forma en la que se conoce en la casa de la Sra. Tentáculos es: bacalao embaldao o embardao... depende de si lo dices con la boca llena o no, con acento, o sin acento "rabote".

La conquista de Granada, según detalle de la Sillería de la Catedral de Toledo. ¿Alguno de esos soldados llevaba un Tupperware con bacalao rebozado en ajo y perejil? ahí dejo eso...


La verdad es que el palabro "embardao" (que es como se dice realmente, creo yo), es un tanto extraño. En el diccionario de la Real Academia no viene nada parecido pero buscando cosas por internet, veo que es un concepto que se utiliza por la zona que engloba el sureste peninsular: Almería, Murcia y Jaén... donde se da un tipo de jerga bastante peculiar y un acento también muy diferenciador. En Almería no hablamos en el andaluz clásico y tópico, sino que tenemos un acentillo un tanto cerrado, que... bueno, para entenderlo sólo hay que escuchar hablar al David Bisbal asilvestrado de los primeros años, donde aún mantenía su acento sin manchar por las impurezas del castellano bien hablado. Por cierto, cada vez que escucho a la Pequeña Calamarda hablar con todas las "s" en las palabras, creo que me va a dar un patatús. Y no veas la guasa de los abuelos cada vez que la escuchan hablar tan finasmente. Me va a costar horrores quitarle el acento, leche.

Pues bien, buscando por internet he encontrado que el vocablo "embardao" se usa como forma de preparación para ciertos platos en esa zona peninsular anteriormente comentada, pero he aquí que he encontrado tambien que hay conexiones con ciertas recetas riojanas, en donde también se usa esta palabra. Y aquí es donde está lo magnífico de esta historia: cuando los Reyes Católicos fueron reconquistando esa zona de la peninsula, el territorio se fue repoblando con habitantes procedentes de Aragón principalmente, e imagino que algun riojano iría infiltrado entre tanto maño, por lo que quizá el término "embardao" tiene su origen en alguno de estos repobladores, que por la lejana época de 1490 fue a dar con sus huesos a esta tierra del sureste peninsular. Por cierto, que en el hecho de la repoblación aragonesa, también habría que ir a buscar la explicación del por qué, maños y almerienses, comparten de forma tan generosa el uso de la terminación "-ico" para indicar el diminutivo: "pequeñico", "bonico", "tontico".... ¿a que es genial? Eso significa que quizá mi buen amigo el mañico y yo, tenemos algún familiar de por medio sin saberlo, de ahí que compartamos la misma debilidad por los guirlaches de almendra, que están rebuenos.

En fin, vamos con la receta. Para preparla necesitamos lo siguiente:

  • Bacalo desmigado y desalado durante 24 horas. Cambiándole el agua aproximadamente cada 8 horas. Si uno de los turnos en los que hay que cambiar el agua te toca de madrugada... te lo saltas sin problemas, que ésto se trata de pasárselo bien, no de ir jodiendo al personal.
  • Harina.
  • Agua
  • Un huevo batido.
  • Un pellizo de sal.
  • Un poco de bicarbonato. Su función es la de que los bollos cojan esponjosidad al freirlos. Imagino que si lo cambiamos por levadura química haría el mismo efecto, pero como no tengo ganas de probar cosas nuevas y como la Sra. Tentáculos ha demostrado durante años su efectividad, pues yo le echo bicabornato.
  • Ajo y perejil picado.
  • Agua.
El que quiera cantidades exactas, le remito al mismo sitio que en el post de la tortilla de patatas: al Canal Cocina.

Lo que hacemos es picar el bacalao previamente desalado en trozos tan grandes o tan pequeños como uno desee, estas cosas se hacen al gusto. Se pica ajo y perejil. En un bol lo suficientemente grande como para luego hacer la mezcla sin problemas echamos el bacalao, el ajo, el perejil, la harina, un poco de bicabornato, el huevo batido y agua, removiendo hasta obtener una pasta homogénea y semilíquida, que podamos mover sin problemas con una simple cuchara. Una vez el mejunge está hecho, lo probamos un poco por si hay que rectificar de sal, que suele ser lo habitual. Lo podemos dejar reposar, si queremos, durante 30 minutos, que siempre queda bien hacer esto (y parece que le da más importancia a la receta) y seguidamente echamos un buen chorreon generoso de aceite de oliva en una sartén que calentaremos de forma conveniente.

A la derecha: la masa antes de freir. A la izquierda, el bollo ya frito. En medio, yo.

Una vez que el aceite está caliente, con una cuchara vamos cogiendo parte de esta masa y echando porciones a la sartén, dándole la vuelta conforme se va haciendo por cada una de sus partes, logrando así, un bollo de excelente sabor, jugoso y suave. A mí realmente no se cómo me gusta más, o recién hecho o de un día para otro, y es que de cualquiera de las formas es un bocado excelente. En mi tierra almeriense, es un producto típico de Semana Santa, donde la Cuaresma nos dice que no podemos comer carne, y sobre todo, de una pequeña fiesta de carácter muy local, a mitad de Cuaresma, precisamente, donde la gente harta de comer pescado, sale al campo a disfrutar de una buena comida al aire libre, porque este bacalao embardao, es ideal para llevar en fiambrera, mientras le vas tirando piedras a las viejas que te encuentras por el camino reventándoles la cabeza comiéndonos lo que hay dentro, lo que se llama partir la vieja, mismamente.




PD: la vieja, que da nombre a esa fiesta, es una muñeca hecha con unos palos y papeles de colores, con una cabeza rellena de caramelos y golosinas, la cual hay que destrozar a base de pedradas para sacar su preciado tesoro. De ahí el nombre, claro, que a mi todavía no me ha dado por ir dándoles de pedradas a la gente y comerme su cerebro, por muy mayor que sea y por muy bueno que sea éste.

Foto obtenida de la web de la Diputación de Almería.

jueves, 25 de marzo de 2010

Madrid ¡Qué gran ciudad!

 Probablemente Madrid sea la única ciudad del mundo donde al platito miserable de patatas fritas reblandeadas de bolsa le llaman "tapa" al ponerte una cerveza. Y lo peor es que suelen hacerlo sin ningún tipo de rubor. Pero ojo, no es que te pongan un plato de esos típicos de ración, no, el plato que te ponen junto con tu cañita, es de esos que ponen con la tacita de café: apenas 4 patatas mal contadas. Estoy seguro de que el algún que otro bar te servirían las sobras de alguna ración que se haya dejado alguien y encima te cobran más con la excusa de que la tapa tiene un "valor añadido".

Como todos sabéis, el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón se jacta siempre de que cumplió una de sus grandes promesas electorales: "Voy a llenar Madrid de Zonas Verdes", dijo un día ante miles de enfervorecidos seguidores que por fin, pensaban, iban a tener lugares de esparcimiento en la ciudad a donde ir a correr con sus hijos y disfrutar de los árboles y el aire libre. Y claro, al día siguiente de salir elegido ya estaban todas las plazas de aparcamiento en las calles pintadas con una bonita línea intermitente verde, junto a nuevos elementos pertenecientes al mobiliario urbano de última generación: los parquímetros. Otra cosa quizá no, pero su palabra la cumplió el tio.

Un controlador vigila que el estacionamiento se realiza con la debida identificación en un lugar bien visible del vehículo.
Pero bueno, quería escribir este post porque ahora se aproximan fechas de las minivacaciones de Semana Santa y como el año pasado me quedé en Madrid, estuve haciendo un poco de turismo viendo las procesiones que se gastan en la capital. Ya el año pasado se venía barruntando que esto de la crisis iba en serio, y ante la bajada de ingresos por culpa de que no se construían tantas casas, el alcalde le dio una nueva vuelta de tuerca a su afán recaudatorio y pensó en nuevas maneras para conseguir dinero, que vinieran a llenar un poco las arcas vacías del consistorio.

Uno de los hermanos en procesión, prepara el siguiente ticket una vez que el trono se prepara para descansar en la vía pública

Así pues, se dio cuenta de que en Semana Santa todo el mundo se va de Madrid.... porque claro, aquí la gente muy orgullosa de su ciudad, que si es la mejor del mundo, que si es la más bonita, que si me encanta vivir en Madrid, pero es que en cuanto hay mas de dos días juntos sin trabajar, a la gente se le hace el culo agua para salir de aquí pitando, formándose unos atascos del copón en las salidas de la ciudad. Que digo yo que si se viviera tan bien, no saldríamos de esa forma a las primeras de cambio. Digo yo. Pues eso, dado que durante estos días la ciudad se quedaba medio vacía, había que buscar una fuente de ingresos extra que viniera a sustituir la de los cobros que se hace por el aparcamiento en las zonas azul y verde del centro de la capital.

- ¿Qué son esas cosas que van por la calle durante semana santa a hombros de esforzados madrileños? - le pregunto Gallardón a su mano derecha.
- Son los tronos de las cofradías de Semana Santa, Alberto. - Le respondió su mano derecha.
- ¿Y están debidamente identificados con su distintivo verde?
- Señor, es usted un genio. Las olimpiadas de 2144 van a ser las nuestras, ¡fijo!

Así pues, parece ser que en marzo de 2009 el ayuntamiento dictó una norma por la cual los tronos y carrozas que procesionaban durante la Semana Santa estaban obligados por ley a pagar por el estacionamiento regulado durante la procesión, es decir, cada vez que los hombres de trono hacían una pequeña parada para descansar, y dado que se está ocupando parte de la calzada, habían de seguirse los trámites legales para que no fueran multados. Las hermandades que habían sido previsoras y que el año pasado se sacaron la correspondiente tarjeta verde, y han renovado, no tendrán problemas. Sin embargo, aquí es como en todo: que al final te pilla el tren, y si no te has sacado tu tarjeta identificativa, pues te toca ir sacando los tickets de poco en poco cada vez que la procesión se para y el trono es dejado en el suelo para descansar.

Aún a pesar de que los avisos se hicieron, siempre se queda algún despistado que no se entera de que hay que pagar por aparcar en la calle y luego pasa lo que pasa:


Y es que hay que tener en cuenta que un dia le dijo Jesús a San Pedro, antes de pasar a hacerle una visita al Sanedrín:

- Hermano Pedro, estoy pensando en pasar mis vacaciones de verano en una ciudad de la lejana Hispania, llamada Madrit.
- Señor, yo que tú no iba, porque es que vas a ir allí y te van clavar una que no veas.

martes, 23 de marzo de 2010

Mis recetas favoritas: la tortilla de patatas

Hay un momento en la vida de cualquier cocinillas en la que uno se da cuenta de que ha pasado un nivel; que ha subido un escalón en su formación culinaria; que está mas cerca de la perfección en la composición y ejecución de una receta. Es como cuando te pasas una nueva pantalla en un juego de la consola; cuando te conviertes en el campeón del mundo del juego de Fórmula 1.... Todas esas sensaciones se juntan cuando ha llegado el momento de decir: "es que esta receta me sale mejor que a mi madre".

Una vez que has dado este paso, no hay vuelta atrás. Y eso me pasa a mi con la tortilla de patatas. Claro que es mejor que la Sra. Tentáculos no lo sepa, porque dentro de nada son las vacaciones de Semana Santa, y  dado que nuestro plan es alojamiento y comida gratis durante cuatro días en la casa que un día fue mi hogar, mejor no dar razones a la Sra. Tentáculos de echar por tierra semejante objetivo, ya que vamos en plan total de rebañaorzas. Nada de respetar la cuaresma: el bacalao para el que le guste, nosotros nos vamos a poner como el kiko.

Pero vamos a lo que vamos, que se hace tarde. A mí la tortilla de patatas me gusta de todas formas: cuajada, poco cuajada, recien hecha, de un dia para otro, con cebolla, sin cebolla, finita, gordita, en bocata, en pincho... lo que ocurre es que hay unas premisas que debo guardar:

- Mi Calamardita hija me exije que cada vez que haga tortilla, ésta debe durar para dos cenas. Esto me obliga a que esté bien cuajada, por aquello de la seguridad alimentaria.
- Nunca jamás recalientes una tortilla en el microondas, ¡por dios! antes de eso córtate las manos, o tira el microondas por la ventana, pero nunca jamás uses ese aparato para introducir calor en el noble cuerpo de la tortilla de patatas. Mejor tómatela fría.
- La tortilla de patatas, como su nombre indica, es de patatas. Si quieres echarle cebolla, se la echas, pero entonces será tortilla de patatas con cebolla.

Así pues, nos ponemos manos a la obra para producir una de las exquisiteces que la gastronomía española ha ofrecido al mundo, usando los siguientes ingredientes:

- Un montón de patatas. Yo uso siempre para la tortilla la patata gallega. Da unos resultados inmejorables: jugosa, tierna y llena de sabor. Por alguna razón que desconozco la patata de Almería da los mismos resultados. Es curioso porque el clima es completamente distinto, claro que teniendo en cuenta que la patata es un tubérculo que crece debajo tierra, qué mas da que haga sol o no, digo yo.
- Varios huevos.
- Sal y aceite de oliva virgen extra.

Todo a ojo. El que quiera cantidades exactas, que se vaya a la web del Canal Cocina.

Yo corto las patatas redonditas, y gorditas. Como se ve en la imagen de la izquierda.... ¡la otra izquierda¡, para que queden luego mas jugosas y las salo de igual forma que si fuera a comérmelas fritas, tal cual. Las echo en la sarten, en la que habré puesto un poco de aceite, y calentado ligeramente antes de poner las patatas. Le doy un par de meneos para que la patata se empape del aceite y dejo la sarten tapada con el fuego al mínimo. De esta forma, dado que la cocción dura aproximadamente 20-30 minutos, y no uso tanto aceite como para cubrirlas, evitamos que la patata se oxide y coja un color negruzco. El objetivo no es freir la patata, sino que se cueza en el aceite poco a poco. Hay que ir moviéndolas con esmero para evitar que la patata pueda llegar a tostarse si se pega un poco en el fondo de la sartén.

Una vez que la patata está casi hecha, empezamos a batir los huevos, que habremos salado como si fuéramos a hacer una enorme tortilla francesa (JA! te vas poner a comparar la tortilla francesa con la de patatas... ni al barro de los zapatos le llega, es como comparar un brioche con una porra -perdón- de Casa Barbolla), y cuando las patatas esten en su punto justo (incluso si estan un pelín sin hacer no pasa nada, porque luego terminarán de hacerse en el momento de cuajar la tortilla) se sacan de la sartén escurriendo un poco el aceite sobrante (un exceso de aceite provoca que la tortilla no cuaje bien y haya riesgo de que se quiebre) y mezclándolo con los huevos batidos. En este  momento nos damos cuenta de dos cosas:

- Primero: la patata caliente, al juntarse con el huevo provoca que éste cuaje muy ligeramente, cogiendo una textura más viscosa. Es una apariencia cercana a cuando potas despues de una noche de fiesta, despues de haber comido algo porque tienes hambre a las 5 de la mañana, y al cuerpo no le ha dado tiempo a digerir lo que acabas de comerte en tres bocados apenas sin masticar, que mira que te lo decía tu madre: ¡mastica antes de tragar, zampabollos!. El resultado es un potaje viscoso con tropezones que da asco. Ésa es la apariencia que buscamos.

- Una vez que has juntado el montonazo de patatas fritas con los huevos batidos y se han sumado los volúmenes que cada uno tenía antes por separado, te das cuenta de que éso no cabe en la sarten ni de coña. Pero algo hay que hacer porque ya no tienes ganas de hacer dos tortillas de patata y la otra sartén que tienes es demasiado grande y:
a. Ya sabemos que la sartén grande no vale porque se pega. ¡Joder! si no se pegara la hubiéramos usado desde el principio, coño.
b. ¿De dónde leches voy a sacar un plato/tapadera con el suficiente diámetro como para darle la vuelta y que no termine todo éso por el suelo?, si pasara eso, la apariencia a pota ya no se la quitaría ni Arguiñano. Y encima nos tocaría fregar el suelo antes de que llegue Calamarda. Mucho trabajo.

Hay que tomar una decisión: habrá que echarlo todo y si rebosa, mala suerte y Fairy del bueno para quitar luego el huevo pegado de la encimera recalentada.

Así que, en este caso, después de hacer las patatas dejo el aceite en la sartén en su mínima expresión, habiendo desechado el sobrante, para evitar que la tortilla tenga luego exceso de aceite. Dejamos el aceite justo para que no haya problemas al cuajar el huevo y se pegue. Echamos el potaje y empezamos a mover con movimientos precisos de antebrazo la sarten para evitar que el huevo, al cuajar, vaya quedándose pegado al fondo de la sartén y con una espumadera (mejor una de esas modernas de silicona) vamos separando el huevo conforme se va cuajando de las paredes de la sartén. Una vez que vemos que la tortilla queda suelta y se va cuajando y podemos moverla sobre su eje... ¡enhorabuena! se ha pasado el primer momento crítico.

Pero todavía no podemos lanzar las campanas al vuelo. Queda el siguiente momento problemático, el peor de todos: hay que darle la vuelta a la tortilla. No podemos dejarlo por más tiempo, estamos viendo como va cuajando la cosa y no nos atrevemos a dar el siguiente paso, pero no puede retrasarse más. Cojemos un plato lo suficientemente grande como para que cubra toda la sartén, lo ponemos encima, cubriéndola con precisión, nos situamos sobre el recipiente en el que hemos batido los huevos (si acaso el potaje no ha cuajado bien y empieza a debordarse por el plato, siempre nos queda la opción de comer patatas con huevos revueltos), y con un golpe de muñeca seco le damos la vuelta sobre el plato, haciendo caso omiso a las gotas de aceite caliente que con una temperatura de más de 100 grados han caido sobre nuestras manos, muñecas y van resbalando ya por el antebrazo, intentando que las lagrimas de dolor que han aflorado en nuestros ojos no nos impidan una visión correcta de la situación.... y acto seguido la volvemos a echar, por la cara que no estaba cuajado el huevo, a la sarten. Y ahora sí, ¡ya podemos dar casi por superada la prueba!. El único paso crítico que queda es que se pegue esta nueva cara de la tortilla que estamos cuajando, pero teniendo en cuenta que ya hemos llegado hasta aquí, como se te pegue ahora es que realmente es para matarte.

Ya sólo queda dar los últimos retoques: alcanzar el grado de cuajado deseado y el nivel de tueste de la capa externa que se quiere lograr. Y el milagro está hecho: patata, huevo, sal y aceite, 4 elementos distintos y un solo Dios verdadero: la tortilla de patatas de Calamardo.

Que aproveche.