miércoles, 22 de diciembre de 2010

Aventuras africanas de Calamardo. Epílogo. Almería Melilla Almería en Iberia


Me gustaría hacer una pequeña encuesta entre los pocos que leen este blog (el cual ya apenas actualizo, y que hasta después de Navidad no creo que tenga más material) y para ello, si quereis, podeis ir poniendo comentarios, si así lo deseais.

La gente en Melilla está siempre abriendo la boca sobre el turismo que hay por allí. No se yo si esta gente a los que cruzan en la "Operación paso del Estrecho" camino de Marruecos los llaman "turistas", pero imagino que sí (por aquello de adueñarse de cifras que luego no va a contrastar ni Dios, y que allí es una práctica bastante habitual). Mucho bocachancla es lo que hay en Melilla, me parece a mí. Luego ves a los consejeros de turismo pavonearse delante de las cámaras de Tele Mierda, perdón, Tele Melilla, diciendo que si hay convenios con Iberia y con la empresa de trasporte de cucarachas que enlaza con la península (es decir, Acciona Trasmediterránea). Y lo gracioso (más bien patético) es que encima se lo creen.

Eso sí, dinero para subvenciones a tutiplén para enseñar el Tamazig en las escuelas, sí que hay. Pues bien, por mi parte os podéis ir a tomar por culo, en fila de a uno. Para quien no lo sepa, el Tamazig es un dialecto bereber que hablan cuatro moros piojosos de esa zona, dialecto también conocido como sherja o cherja. Con dos cojones. Porque ésa es otra de las estupideces de los melillenses: como no saben dónde situarse, buscan la diferenciación en este tipo de detalles sin importancia. Como si el dialecto Tamazig les diera cierto calado social. Por mi os podeis tirar vuestro dialecto a la basura, junto con las subvenciones oficiales que recibis por enseñarlo a quien no le interesa.

El caso es que necesitaba sacar un par de billetes de avión para Melilla. Antes de acudir a Iberia, he llamado al ayuntamiento de Melilla para ver si había algún tipo de convenio como ha habido otras veces, para vuelos de última hora que conectaran la ciudad con la península. Como tenia total disponibilidad en cuanto a flexibilidad de fechas, tenía cierta esperanza de encontrar algo.

Mi gozo en un pozo. A tomar por culo la bicicleta. No hay convenios ni nada que se le parezca. Si quieres ir a Melilla y no eres residente, a arrascarse el bolsillo toca y te jodes.

Veréis: acabo de sacar dos billetes de ida y vuelta para Melilla para la semana que viene. Uno de esos billetes es para una niña de 5 años. El vuelo es Almería Melilla y vuelta a Almería. La duración del vuelo es de 40 minutos, no más. La distancia es tan corta que el avion apenas tiene tiempo de coger altura.

El precio final de ambos billetes ha sido de 480 euros.

Ahi queda eso.

¿Quién coño va a ir a Melilla de turismo? ¿QUIEEEEEEEEEEEEEN? Es lo que yo llamo un atraco a mano armada.

¡Joder, abrid los putos ojos coño!. Estáis solos y mas solos que os vais a quedar allí. Cuando veo lo que allí cobra un simple funcionario de mierda que trabaja de conserje y veo las manifestaciones de los moros pidiendo Ceuta y Melilla para Marruecos, lo primero que pienso es ¿dónde hay que firmar? Joder, sois un grifo de dinero abierto para las arcas del Estado, coño. Y encima no hacéis el mas puto favor a quien quiera visitaros.

Asi que la encuesta que realizo entre vosotros es,

Por ese mismo dinero, 480 euros, dime destinos (mucho mas interesantes que Melilla) a los que puedan viajar un adulto y un niño en avión.

Valen incluso viajes internacionales que salgan más baratos.

Un, dos, tres, responda otra vez.

Por si no se nota, este post lo he escrito en caliente despues de ver cómo ha menguado mi cuenta corriente.

jueves, 25 de noviembre de 2010

El paraíso

Hace meses vi este vídeo musical (de un grupo que no conocía llamado The avalanches) y cuando terminó sentí esa sensación que se tiene a veces cuando estás delante de una creación especial, en donde notas que la gente que estuvo en su día detrás de su realización estaban en estado de gracia y que recibieron la visita de Erato, Euterpe y Terpsícore, musas de la poesía lírica, de la música y de la danza, respectivamente (según la tradición griega). Musas a las que habría que añadir a Beta, que es la musa provisional (de ahí lo de Beta) que yo he puesto para las artes del vídeo (aquí lo de Beta también está bien traído, ¡toma!) y que en época de los sabios griegos no existía, obviamente.

Me gusta lo que cuenta y cómo lo cuenta e incluso ese ritmillo hipnótico de la canción (en realidad está todo el rato diciendo lo mismo, pero no eres consciente de ello realmente) que ayuda a que te quedes pegado a la pantalla, babeando sin pestañear. Por lo menos a mí me pasó cuando lo ví por primera vez, y me pasa siempre que lo veo: me quedo pillado. Es la unión perfecta de imagen y música, la circunferencia perfecta, el ying y el yang, como el pan con Nocilla, no hay nada mejor.

La explicación real de lo que cuenta el vídeo la tenemos al finalizar la canción, y son precisamente esos pocos segundos los que le dan la dimensión real a esta maravillosa historia sobrenatural que sus autores nos han contado en sólo cinco minutos. Además, gracias a esta explicación final te dan ganas de volver a verlo de nuevo.

Siempre que en la tele dan alguna noticia triste de mineros que se han quedado atrapados en la mina me acuerdo de "Since I left you". Ojalá que esos pobres de Nueva zelanda hayan encontrado también su lugar, como uno de los protagonistas de la historia de este videoclip, el cual recomiendo disfrutar con los auriculares puestos:

martes, 23 de noviembre de 2010

Mis recetas favoritas: mi tarta de queso (Calamardo´s cheesecake)

Es mi receta estrella sin lugar a dudas, con gran distancia sobre la segunda, si es que acaso hay una segunda.

Es el caso típico de receta que, incluso cuando me equivoco, me sale muy buena. No se por qué razón siempre me sale excelente (y no sólo lo digo yo: cada vez que invitamos a alguien a comer me pide que prepare de postre esta tarta, con lo buenas que me salen la tarta de Santiago y el flan de huevo tambien, hmmm, qué ricos) y por algún misterio de la vida he conseguido alcanzar justo el punto que a mí más me gusta, con ese grado de perfección en la elaboración que yo creo, humildemente, que incluso echando los ingredientes hacia arriba y dejándoles mezclarse a su aire, para luego caer en un recipiente, conseguiría el toque exacto. Es algo que sinceramente no me explico.

Hay que decir que no tiene nada de original, y luego la he visto en foros y páginas de internet, con mil variantes posibles (cada uno con su propio secreto y su toque personal), pero yo esta receta la considero como mía. En realidad, para mí, es MI receta de tarta de queso. La he escrito mil veces, y mil veces se la he contado a los amigos que la han probado y me la han pedido. Insisto en que no es nada especial, ni original, pero es mía.

En realidad yo me aficioné a la tarta de queso cuando un buen día, no sé cuándo, decidí comprar una de esas tartas instántaneas marca Royal que se hacen con polvos que no necesitan horneado. El caso es que el resultado me encantó: una base de galletas molidas, con una capa cremosa de queso, terminando en otra capa de mermelada de fresa. Sencilla pero espectacular. En la época en la que yo la probé por primera vez, mi conocimiento de la cocina y de las técnicas de elaboración era aún más limitado de lo que es hoy en día, asi que no tenía la experiencia suficiente como para, a partir de aquella cantidad de polvos mezclados que era la tarta de Royal, elaborar yo una receta que se pareciera más o menos y fuera comestible sin usar productos químicos y que fuera nocivo para la salud. Tampoco tenía yo un acceso normal a internet que me ayudara a buscar una receta que fuera fácil de hacer, así que sólo cabía esperar a tiempos mejores y a ir al supermercado de la esquina para comprar una cuando apetecía.

Pero un buen día de 1999 descubrí en la Biblioteca Municipal de Fondo de Bikini un libro sobre gastronomía almeriense que, mira tú por donde, me vino a marcar el camino a seguir en la búsqueda de la receta correcta. He de decir que la receta que ví en aquel libro no se parece en nada a lo que hago ahora, porque claro, no tiene nada que ver una tarta de queso típica (según aquel libro) de Almería, hecha con requesón y una base de masa quebrada, y lo que yo hago, que es la típica cheesecake americana. Pero aquel libro, insisto, en la época en la que para mí internet era un acceso casi imposible, me indicó la forma de elaborar la segunda capa, que era donde estaba, en principio, el mayor problema para mis limitados conocimientos de cocina. Además, en estos casos, la Sra. Tentáculos no era de ayuda, porque este tipo de cosas modernas... como que no.

La primera capa ya más o menos, con la tarta de polvos de Royal, me hacía una idea: galletas machacadas y mezcladas con mantequilla para elaborar una base lo suficientemente sólida y moldeable sobre la que echar el queso. Y en cuanto a la capa de mermelada, menos misterio aún; así que usando aquella receta típica almeriense, y con los ingredientes que tenía a mano, me puse a elaborar mi primera tarta de queso. Y como no tenía requesón cerca, despues de patearme todas las tiendas y supermercados de Fondo de Bikini, pues no me quedó más remedio que usar queso de huntar Philadelphia y probar a ver que salía... y mira tú por donde que dí con la tecla.

La tarta de queso marcó el punto de inflexión en mi formación como cocinillas. Pasé de una cocina de subsistencia en mi época universitaria a otra donde me fui interesando por nuevas técnicas y recetas. De repente me dí cuenta de que tenía cierta gracia y destreza para mezclar ingredientes con cierta puntería. A ver, no es que uno sea Ferrán Adría, pero me manejo bastante bien, las cosas como son. Además, en aquella época, y dado que no tenía obligaciones laborales, me dió por sacar libros sobre gastronomía de la Biblioteca Municipal de Fondo de Bikini, con lo que fuí aprendiendo algunas cosas básicas que luego vas poniendo en práctica. Me he dado cuenta de que las lecturas de aquellos libros fueron dejando su poso que con el paso del tiempo he ido acrecentando con mis vacaciones viendo el Canal Cocina, ojeando otros libros de cocina que caían en mis manos e intentando copiar recetas de los restaurantes a los que voy.

Y así nació MI tarta de queso. Y la receta que más o menos improvisé aquella tarde en Fondo de Bikini es la misma que uso ahora, con una pequeña modificación a la hora de realizar la base de galletas con mantequilla y que comentaré más adelante (porque a todo el mundo al que le he dado la receta se la expliqué con el procedimiento anterior, y yo creo que queda mejor ahora).

El milagro de la cocina: varios ingredientes, cada uno de su padre y de su madre, mezclados con gracia y armonía, y mediante la aplicación del calor, dan como resultado algo totalmente diferente, sabroso y delicioso

Ingredientes

Para la base:
- Galletas. Yo uso galletas con cuerpo y sabor, de esas que se las llama de cereales, pues creo que queda mucho mejor, pues una vez trituradas tienen mayor consistencia que las tipo María. Yo últimamente uso Digestive, de Fontaneda (abstenerse de usar Digestive cualquier otra marca, please) aunque también dan buen juego las Marie Lu. Evidentemente, es al gusto de cada uno.

- Una cucharada sopera de mantequilla (o lo que pidan las galletas).

Para el relleno:
- Entre 400-600 gramos de queso de huntar Philadelphia. Yo ahora utilizo el "Light", por aquello de conservar un poco el tipillo, ya que tiene el mismo sabor y un montón de calorías menos.

- Unos 500 cc de leche, aproximadamente. Yo uso semidesnatada, por la misma razón que la comentada en punto anterior.

- 4-6 cucharadas soperas de azúcar. Cada cual que le eche más o menos, pero hay que tener en cuenta que luego la capa de mermelada ya le da su correspondiente dulzor.

- 1 huevo.

- Una cucharada sopera de harina.

- Una pizca de sal.

Para la última capa:

- Mermelada de fresa o frambuesa. Yo uso de la marca "La vieja fábrica", porque es la que más trozos y más grandes tiene, lo que le da una apariencia final a la tarta excelente.

Elaboración
Comenzamos triturando las galletas, como yo tengo un robot de esos de cocina que es batidora, picadora y no sé qué más cosas a la vez, lo que hago es poner en el bol de triturar medio paquete de galletas y una cucharada de mantequilla. Le doy caña y a la vez que trituro las galletas las mezclo con la mantequilla. Este truqui lo ví un día en un programa de cocina, porque lo que hacía antes era derretir un poco de mantequilla y echársela a las galletas ya trituradas, para formar en el molde la base correspondiente. Ambos métodos son válidos, pero yo creo que como lo hago ahora queda mejor.

Así pues, echamos sobre la base del molde (usaremos uno que luego sea fácil de desmoldar, que si no, tiene su miga sacar la tarta, yo creo que sería imposible) las galletas trituradas con la mantequilla, procurando hacer un fondo que no sea muy grueso y que aplanaremos y alisaremos tanto como podamos. Hay que tener cuidado con estos moldes, de los que luego se abren, pues por muy buenos que sean, nunca cierran de forma hermética y dado que el relleno de la tarta queda muy líquido antes de cuajar, corremos el riesgo (lo digo por experiencia) de que se salga por esa pequeña rendija, provocando un desastre sin igual. Para evitarlo, hago lo que se ve en la imagen: con un poco de galleta tapo dicha rendija, evitando que se escape el relleno por ahí. En cuanto a las rendijas que pueden quedar en la base del molde, ya procuro cerrarlas y taparlas con la propia base de galletas. Es un punto importante si queremos obtener buenos resultados. Y No hay que pasarse con la mantequilla, pues al hornear la tarta la mantequilla perderá su suero, y no queremos que aquello se nos vaya de las manos y la tarta termine sudando demasiado. El objetivo es conseguir una mezcla pastosa que podamos manejar y moldear con una cuchara, no un mejunge tipo barro.

Acto seguido, echamos en un recipiente el queso, el huevo, el azucar, la sal, la harina y la leche, todo a la vez; y con una batidora mezclamos bien todos los ingredientes. No queda algo muy espeso, sino que es líquido, apenas un poquito más de lo que puede ser la leche. Ahora podemos probar el punto de azúcar, ya que podemos hacernos una idea del sabor final: yo antes echaba como 8 cucharadas de azúcar, ahora no suelo pasar de 5, creo que queda bien así.

Echamos con cuidado esta mezcla sobre la base de galleta, con cuidado de no hacerlo de golpe y provocar que la base se desmenuce. Lo mejor es poner un cucharón para verter el contenido, de esta forma evitamos que se deshaga la galleta.

Mientras hemos hecho todo esto, habremos precalentado el horno a 200º más o menos, y una vez que tenemos la base con el relleno, lo metemos en el horno a mitad de altura, durante 45-60 minutos (depende de la cantidad de relleno que hayamos puesto). A mitad de cocción, si vemos que la parte de arriba se va dorando demasiado apagamos la resistencia superior, para evitar que se queme. Dado que el objetivo de la tarta no es que suba (en ningún momento hemos puesto nada de levadura) podemos abrir el horno a mitad de coción y darle un par de meneos a la bandeja para ver el estado de cuajado del relleno, así podemos hacernos una idea de cómo va la cosa. Esto lo podemos repetir (tampoco sin pasarse...) hasta que estemos seguros de que ha cuajado bien. Yo lo que hago es que cuando está practicamente cuajada, apago el horno y con el calor residual termina de hacerse. He de decir que se me queda luego muy cremosa ¡joder! es que le he pillado el punto perfecto, coño.

En cuanto haya terminado de cuajar, la sacamos del horno y dejamos enfriar un rato, intentando despegar con un cuchillo los bordes, para que luego al desmoldar no se rompa la tarta. Es mejor dejar pasar un rato entre que se saca la tarta y se termina de desmoldar para poner en un plato (despegando con un cuchillo afilado -yo uso uno jamonero- la base de galleta de la base del propio molde) ya que corremos el riesgo de que se rompa, yo espero aproxidamente una hora. Una vez que la tenemos en el plato, echo sobre ella la mermelada, que previamente habré desligado un poco dándole meneos en un cuenco, ya que siempre queda apelmazada al sacarla directamente del bote y es un poco más difícil extenderla sobre la superficie del relleno, que aún está frágil.

La tarta antes de hornearla


La tarta justo después de hornearla y el primer desmolde (aún queda la base)


La tarta ya terminada



Hay que ser conscientes de que recién sacada del horno está un poco asquerosilla para mi gusto. Yo siempre la hago en vísperas de cuando la voy a comer, la tarde antes. A mi caliente no me gusta nada, y además, si la dejamos reposar unas horas no sólo se van asentando los sabores, si no que además se consigue la textura que a mí más me gusta. Así que en cuanto ha perdido el calor del horno la meto en el frigorífico hasta el momento en que la consuma. La verdad es que el resultado es increíble y ni siquiera Bob Esponja ha podido evitar perder el conocimiento cuando ha visto esta maravilla.


Durante un tiempo, siempre que iba a cualquier restaurante a comer y había tarta de queso, me la pedía de postre para comparar con la mía y, en caso de ver algo que me gustara, intentar aplicarla a mi receta, pero he de decir humildemente que casi siempre en la comparación, he resultado vencedor. Las cosas como son. Algunas veces el experimento fracasa estrepitosamente pues hay sitios donde la tarta la hacen sin hornear, usando gelatina para que cuaje, y la verdad es que no queda la misma textura ni de lejos; además, en esos casos, la mermelada de la parte superior más bien paracen polvos rehidratados de cualquier cosa con color rosa que algo digno de llamarse mermelada de fresa.

El único caso en donde he conseguido que me sorprendan es en un italiano (creo que se llamaba la Tarantella) de Calatayud... si, de Calatayud, donde me pusieron una tarta de queso realizada con otra filosofía a la hora de hacerla: era como un flan de queso de una consistencia cremosísima y bañado con caramelo líquido espesito o una especie de toffe. La verdad es que estaba realmente buena, e intenté imitarla en casa poco después. Pero dado que los resultados fueron buenos, pero no los esperados, y ya que con mi receta alcanzo el cielo, pues no he vuelto a intentar hacerla de esa forma. En otro sitio donde he probado también una tarta de queso es en el restaurante "El coto" del pueblo albaceteño de Tobarra, que es donde paramos a comer, por costumbre, cada vez que vamos de visita a desbalijar la despensa de la Sra. Tentáculos en Fondo de Bikini. En este caso, la tarta tiene una textura más parecida a un bizcocho de textura muy suave, y bañado también en caramelo líquido. Imagino que, por el sabor y elaboración, se parece más a la receta que a mí me sirvió de guía y que encontré en aquel libro sobre gastronomía almeriense, ya que hay muchos puntos en común en la cultura gastronómica en todo el sureste español, en lo que es una forma de cerrar el círculo abierto con la receta de la tarta de queso y este post. 

martes, 16 de noviembre de 2010

Las aventuras africanas de Calamardo (yVII). Últimos consejos (y2): la seguridad vial

Antes de seguir un aviso: en este post puedes encontrar comentarios que las mentes estrechas de culo prieto pueden entender como xenófobas. Quien conozca un poco Melilla (y en general los musulmanes que tenemos por esta parte del globo terráqueo) sabrá que no digo ninguna mentira, que todo es verdad y que solamente hago una reflexión irónica sobre algunas costumbres relacionadas con la manera en que llevan sus coches los marroquíes que pululan por allí. Si te vas a enfadar por alguna cosa, mejor no sigas leyendo.

Yo aviso.

El concepto de "usted no tiene prioridad" en la religión musulmana
Melilla es una ciudad compuesta por una intrincada maraña de calles: perpendiculares, paralelas, diagonales... en realidad el único orden urbanístico se encuentra al comienzo de lo que fue el ensanche de la ciudad del que hablamos en otro post anterior. Pero ese orden urbanístico duró poco, con el tiempo, volvió el caos en el diseño y disposición de las calles. En realidad, este ensanche es similar en la forma al que se realizó en su día en Barcelona, con calles dispuestas perpendicularmente las unas a las otras, formando una auténtica red. La diferencia con Barcelona es que en Melilla la distancia entre los cruces es menor, y por lo tanto en Melilla has de estar atento pues no todas las intersecciones están reguladas por semáforos.

Y claro, aquí uno piensa, qué exagerado es Calamardo, para eso está el tema de la prioridad en la circulación de automóviles: en todo cruce no regulado por semáforos la prioridad la otorga las señales pintadas en la calzada, las señales verticales... o, y aquí viene lo bueno, la lógica de la propia circulación. Como si todo fuera tan fácil o todas las señales estuvieran en su sitio. ¿No os ha quedado aún claro que Melilla es un mundo paralelo al mundo que conoces?

Yo Melilla la he recorrido montado en un Seat Turismo de color naranja, un Citröen Xsara y un Ford Focus, y en cualquiera de ellos he pasado miedo a pesar de que el número de airbags disponible aumentaba con cada nuevo modelo. Melilla está plagada de cruces con complicadas lógicas de preferencia, a lo que hay que añadir que los marroquíes usan su propio código de reglas que, con el tiempo, he llegado a descifrarlas (lo veremos más adelante). Porque hay que decir que si quieres sobrevivir con tu coche allí has de huir como de la peste cuando veas un coche con una matrícula de este tipo:


Y además, la rapidez de huida es inversamente proporcional al buen estado del otro coche: cuanto mas viejo sea, más rápido has de huir o más metros de diferencia te aconsejo que dejes con él. Lo malo es cuando te encuentras rodeado, que suele ser lo habitual. ¿Y todo esto por qué? pues veréis, en un momento dado conseguí un código de la circulación de Marruecos y después de varios años intentando aprender a leer y a escribir en marroquí para traducir aquello, tuve que dejarlo porque no entendía nada, pero justo en ese momento Google sacó su herramienta de traductor automático (cuántos años y dinero gastado en vano con Mustafá, mi profesor particular de árabe) y por fín pude traducir correctamente aquellos párrafos que contenían la respuesta a tantos años de búsqueda con la pregunta de "¿por qué coño conducen tan mal los moros?"

A continuación, los resultados de mi investigación:

Señales luminosas: Los semáforos.
Las imágenes están escaneadas directamente del manual de circulación de una academia de Nador. No puedo decir quien me las suministró, lo siento. No porque ponga en peligro su vida, es que no me acuerdo cómo se llamaba.

Vamos a ver cómo explican el uso del semáforo en dicho manual:

En la siguiente intersección, incorpórese a la vía sin mirar ni a la derecha ni a la izquierda. Si viene alguien, ya parará por la cuenta que le trae.




En la siguiente intersección, incorpórese a la vía sin mirar ni a la derecha ni a la izquierda. Si viene alguien, ya parará por la cuenta que le trae.



En la siguiente intersección, incorpórese a la vía sin mirar ni a la derecha ni a la izquierda. Si viene alguien, ya parará por la cuenta que le trae.




Hay que fijarse que la imagen del semáforo es siempre la misma. No sé si por error o qué, pero ninguna de las luces está supuestamente encendida.

Señales verticales:


En la siguiente intersección, incorpórese a la vía sin mirar ni a la derecha ni a la izquierda. Si viene alguien, ya parará por la cuenta que le trae.





En la siguiente intersección, incorpórese a la vía sin mirar ni a la derecha ni a la izquierda. Si viene alguien, ya parará por la cuenta que le trae.






Como puede verse, ya se va viendo claro el por qué de algunos movimientos de los conductores marroquíes... Pero atención a la siguiente señal, que fue la que me indicó el camino hacia la solución de mi problema, que por si no ha quedado claro ya cual es, no es sino que en cualquier momento cualquier coche moro te puede salir por la derecha, por la izquierda o por cualquier otra parte, sin avisar y sin mirar sin hay otros coches en la calzada que pueda obstaculizarles en sus movimientos.



Aunque parezca un montaje hecho con el Photoshop no lo es (ejem...). Está tomada a las afueras de Nador (ejem...) cerca de una rotonda de esas a las que al llegar te avisan de que "VD. no tiene prioridad" para avisarte de que no puedes entrar en ella como Pedro por su casa. Y aquí está la respuesta a todas mis preguntas. Si te das cuenta, todo el texto está traducido al moro, excepto la expresión: "VD no tiene prioridad". ¿Que quiere decir esto?, fácil, que para un moro el concepto de "no tener prioridad" no existe, de hecho ES ALGO QUE NI SIQUIERA TIENE TRADUCCIÓN EN SU IDIOMA, increíble. Es más, van por la vida aplicando esta filosofía en todo lo que hacen (no sólo en el contexto del tráfico) pensando que por ser quienes son, están por delante de todo, no tienen que dar explicaciones por nada, y se pasan por el forro de los cojones las costumbres y formas de vida de los sitios a donde van: ellos van por delante, caiga quien caiga.

Ahí queda eso.

Y otra cosa, como explicación al por qué se mueven por la carretera de forma totalmente impredecible, saliendo de cualquier lugar a cualquier velocidad sin avisar de cuáles van a ser los movimientos del vehículo, he conseguido un documento de primer orden qué da la respuesta a: "¿por qué coño no usan los putos intermitentes?". Como siempre, la traducción al castellano a la derecha:

"En el lateral del volante, normalmente a la derecha, se encuentra un dispositivo del automóvil en forma de palanca de mandos, que no funciona correctamente. En los test realizados en el Sistema de Calidad Marroquí, hemos detectado que tal dispositivo, al activarse, hace funcionar unas bombillas situadas en los laterales del coche, tanto en la parte delantera como trasera. Sin embargo, probablemente debido a un error de fabricación universal, hemos comprobado que dichas bombillas funcionan una vez si, otra vez, no; una vez si, otra vez no; una vez sí, otra vez no... Por lo que desaconsejamos su uso para la circulación por cualquier via o carretera. De cualquier forma, recuerde que si se encuentra en una intersección, incorpórese a la vía sin mirar ni a la derecha ni a la izquierda. Si viene alguien, ya parará por la cuenta que le trae".

Los pasos de cebra
Cuando yo conocí a la Sra. Calamarda en la bonita ciudad de Granada, siempre me llamó la atención una cosa de su forma de ser que no comprendí hasta cierto tiempo después cuando hice mis primeros viajes a Melilla. Yo al principio pensé que se trataba de un claro caso de tendencias suicidas por su parte, que la verdad me preocupaban un poco. Luego me dí cuenta de que en realidad era sólo una costumbre a la hora de pasar los pasos de cebra de las calles y que tenía su origen en la vida que había  llevado anteriormente en Melilla. Vereis: en Melilla no todo el tráfico está regulado por semáforos y hay muchísimos pasos de cebra. Para ser sinceros yo creo que en ningún sitio del mundo se respetan los pasos de cebra como allí, y esto es verdad. La gente va paseando por la calle y cuando ve un paso de cebra se tira sin mirar si viene un coche o veinte, ya saben que se va a parar, y esto es cierto, no es broma. Ya me gustaría a mí que en Madrid, por ejemplo, se respetaran siquiera una décima parte.

Pues bien, esta costumbre que mi churri se trajo de Melilla la intentaba aplicar en Granada con la misma pasión, donde la norma de respetar los pasos de cebra, digamos, está mas relajada. Claro, yo la acompañaba durante los paseos y veía que de repente se tiraba a cruzar la calle sin mirar, como si el paso de cebra levantara de forma automática un muro de hormigón que la protegiera de los vehículos que, obviamente, no frenaban. La de sustos que me llevé con aquella forma de cruzar las calles y es que no le importaba que el coche viniera a 5 metros o a 100 metros de distancia, era ver unas líneas blancas paralelas a la calzada y allí que se tiraba de cabeza, con la correspondiente angustia por mi parte por perder el amor que tanto me había costado encontrar...

Así que si andas por coche por Melilla has de ir con 100 ojos si ves un paso de cebra (los hay a miles), porque es posible que de repente te encuentres con cualquiera que, ejerciendo su legítimo derecho de peatón, intente cruzar a la otra acera sin pararse a pensar si el estado de los frenos de tu coche están en buen estado o no, o si hay relación entre la velocidad del vehículo y la distancia de frenado mínima.

Por todo ello, conducir por Melilla es más peligroso que la entrada del trasbordador espacial en la atmósfera terrestre, y la angustia y la adrenalina que se generan alcanza, como mínimo, los mismos niveles que los astronautas en dicha maniobra: has de ir con mil ojos. Yo después de tantos años no he terminado de acostumbrarme. Y esto es verdad.

Por fin: Fin
Y hasta aquí el especial 2010 sobre Melilla y mis impresiones de esta preciosa ciudad. Espero que nadie se haya ofendido ni molestado por lo que he dicho. Cada experiencia es un mundo, y yo sólo he contado la mía, con sus cosas muy buenas, otras buenas, malas y muy malas, hay de todo. Yo sólo he contado lo que he vivido.

Espero que hayáis disfrutado de estos reportajes, y si tenéis la opción de viajar a Melilla, de verdad no la desaprovechéis e id a visitarla, que merece mucho la pena.

Otros capítulos.
Las aventuras africanas de Calamardo (I).El viaje en avión
Las aventuras africanas de Calamardo (II). El viaje a Melilla en barco (1)
Las aventuras africanas de Calamardo (III). El viaje a Melilla en barco (y2)
Las aventuras africanas de Calamardo (IV). Melilla la vieja
Las aventuras africanas de Calamardo (V). Toca comer y te regalo la receta del auténtico pinchito moruno
Las aventuras africanas de Calamardo (VI). Últimos consejos (1): mitos y leyendas

domingo, 14 de noviembre de 2010

sábado, 13 de noviembre de 2010

Buena suerte, campeón


Mañana estaremos contigo empujando para que tu Ferrari vaya más rápido. Pase lo que pase, habrá sido la hossssssstia.

Gracias por todo.

La piel de punta y los pelos de gallina



¡Vamos campeón!